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miércoles, 9 de agosto de 2006

Grabaciones


Con motivo del fallecimiento de la soprano Elisabeth Schwarzkopf he podido leer en varios periódicos y blogs algunas opiniones que calificaban el modo de cantar de la artista como propio de otra época ó hasta pasado de moda. En los más, sin embargo, los ditirambos iban por delante, contándola entre las mayores cantantes del S XX. Es muy bueno que haya diversidad de opiniones porque la pluralidad siempre implica riqueza. Ahí están las grabaciones, como las de Victoria de los Ángeles, las de Renata Tebaldi ó las de Franco Corelli. Que cada cual escuche lo que más le apetezca. Sin embargo, en el panorama de la música culta, al margen de ciertas erupciones de divismo –que, a pesar de que vayan en aumento, siempre han existido- lo que prima es la obra musical en sí. Uno puede tener ‘in mente’ su versión ideal de Morgen, La Chevelure, Vissi d’Arte ó Solenne in quest’ora, pero estas piezas seguirán existiendo al margen de estas versiones –e incluso podemos llegar a conocer una versión que todavía nos complazca más-. Por el contrario, en otros dominios musicales, como en la canción de autor ó en el jazz, la interpretación va íntimamente ligada al acto de creación. Ello es debido, evidentemente, a la propia naturaleza de estos hechos musicales: una improvisación más o menos creada en el instante de la grabación, que capta el feeling del momento y lo inmortaliza en el caso del jazz, y la participación del compositor-poeta que es a la vez padre y madre de sus creaciones en el caso de la canción de autor. Cuando alguna grabación a este respecto pasa a ser ampliamente considerada como obra maestra difícilmente otro intérprete abordará la pieza grabada (o bien se alejará estilísticamente tanto como le sea posible, en el caso del jazz). Los apasionados de la hi-fi comparan las diferentes versiones de Winterreise que grabara Fischer-Dieskau; la esencia de piezas como Amsterdam, Yesterday ó Paraules d'amor va indisolublemente ligada a las grabaciones que nos legaron sus autores.

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