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jueves, 16 de febrero de 2023

Toscanini

 


           Us heu fixat en ell? Dia si i dia també, tret d'alguna comptada excepció, el trobareu a l'estació de tren del meu barri fent les seves tentines, com si fos talment un nen amb una nova joguina. La gent que hi passa, que a les hores en que circulo jo ja ha minvat considerablement, no se'l mira i molt menys se l'escolta. Ell, aliè a tot el que l'envolta, continúa absort en la seva activitat, que de ben segur que el compensa de tota una jornada de feina, potser anodïna. No cal cercar massa per trobar-ne, de feines anodines. Potser de nen ja desitjava fer aixó, i la seva família no s'ho podia permetre. O potser fa poc que va descobrir aquest món. No va molt ben abillat peró tampoc du parracs. Més aviat diries que porta roba de feina una mica atrotinada. També una gorra de baseball que li ve una mica petita, d'aquestes que fa anys que porta força gent, a qui no vull classificar. El que seria el seu discurs és constituït per sons simples, fins i tot infantils. Però, com els dels infants, porten endins una promesa d'evolució cap al món adult. Qui sap escoltar amb atenció pot entreveure petites pedres semi-precioses amagades dins la ganga. Algun dia de festa el nostre personatge es deixa veure cap al migdia (o potser hi és tots els migdies; ho comprovaré quan em jubili) i llavors el seu discurs és més fort, més ràpid i menys coherent. De fet llinda amb una forma benigna de bogeria menor. Khrishnamurti deia que aquells que poden viure en pau dins una societat malalta no poden presumir de gaire  connexió amb el seu medi. En aquest cas queda ben palès que un bon aïllant pot crear una microbiota espiritual a prova de l'estultícia rampant. Veure a aquest singular personatge com un foll, un follet o un follut, això si, es cosa de cadascú.

No sé qui va decidir col.locar un vell piano de paret al vestibul que es troba més enllà del torn d'entrada, però crec que va ser una bona idea. No es troben, estratègicament situades a prop de zones verdes, màquines gimnàstiques per tal de satisfer les necessitats psicomotrius de braços i cames dels qui fan esports urbans? Com no havia d'haver, doncs, màquines disseminades per satisfer les necessitats psicomotrius dels dits i el desitj de joc i de paradoxa que alguns portem a dins? No us sembla maravellòs posar ni que sigui un pèl de poesia enmig del món absurd en que vivim? El meu personatge és com un àngel caigut d'un cel aliè a les estupidesses humanes. Em venen al cap els versos d'una vella cançó de Léo Ferré:

Le piano du pauvre
Se noue autour du cou
La chanson guimauve
Toscanini s'en fout
Mais il est pas chien
Et le lui rend bien
Il est éclectique
Sonate ou java
Concerto polka
Il aim' la musique

viernes, 25 de mayo de 2018

Octies pro fratribus perversis



           Era de prever. Entre las características físicas de Seraphim Arch no se encontraba precisamente la agilidad. Cuando sus 120 kilos se situaron justo encima de una de las antiguas trampas para cazar los osos que tanto habían abundado en el bosque de Ville-de-Golliath se vino abajo sin ningún tipo de paliativo. Su compañero, el menudo Hstvo de Gaël, que iba discurriendo con él mientras caminaban por el paraje, tardó en percatarse qué había pasado exactamente; tal fue la celeridad del evento.
-Te has lastimado, Seraphim? –gritó asustado Hstvo hacia el obscuro agujero en tierra que se había tragado a su compadre. Al principio no hubo respuesta, y los segundos de  demora fueron progresivamente llenando de pavor al ya de por si asustadizo Hstvo.
-Quizá me he roto algún hueso y estoy lleno de arañazos y cardenales –respondió con aire igualmente asustado Seraphim- aunque básicamente puedo seguir respirando. ¡Pero no te quedes parado y ayúdame a salir de esta trampa, Hstvo! -Cuando éste último logró entrever la sombra de su amigo quedó asombrado de la profundidad del agujero. Quizá los osos de Ville-de-Golliath habían llegado a ser de tamaño más que respetable unas décadas atrás, porque en aquel momento gran parte de los ejemplares habían emigrado a St-Remy-la-Forêt en busca de panales de miel y fruta silvestre, que ya no eran tan abundantes aquí como en otra época. Cuando Hstvo tendió hacia su amigo el palo más largo y resistente que pudo encontrar a su alrededor comprobó lo que ya era de esperar: no tenía suficiente fuerza como para extraer a Seraphim de su nicho. Ni siquiera para que éste, con ayuda del soporte, pudiera intentar la escalada por la frágil pared. Lo único que logró Seraphim con sus intentos de trepar fue desprender tierra de la reseca pared, tierra que se fue depositando sobre sus sandalias hasta enterrar sus pies. -¡No te preocupes compère, que te sacaré de aquí como sea! –exclamó con cierto aire exageradamente teatral Hstvo. –Voy al pueblo en busca de ayuda antes de que anochezca. –¡No, no me dejes solo a merced de las alimañas! –suplicó en tono similar Seraphim. Visto desde fuera, el cuadro tenía un aspecto tragicómico capaz de conmover e invitar a la burla a partes iguales. –¡Pues ya dirás tu qué tengo que hacer! –preguntó Hstvo a Seraphim. –De momento, hacerme compañía y darme ánimos para no desfallecer, evitando así que este agujero se convierta en mi sepultura. –Pero Seraphim, ¿donde está aquel espíritu alegremente contestatario de tus años mozos? No eras tu el que escribió, siendo aún estudiante en el convento, aquellos versos que te valieron un castigo tan severo y que decían algo así como:

I do not know with whom Edan will sleep
But I do know that fair Edan will not sleep alone

-Si, ¡lo recuerdo como si fuera ayer! El prior se lo tomó por el lado más abyecto y fui castigado a llevar un cilicio durante un mes seguido. ¡Solo por sentir cierta envidia de aquel abominable cretino que se creía el centro de la abadía! Aunque gracias a este hecho, amigo Hstvo, fui capaz de abandonar el convento –no sin antes reclutar un alma gemela como tú- y recorrer el mundo … -Bueno, Seraphim, el mundo es algo mayor que los bosques de Occitania … -Ya me entiendes Hstvo! Los bosques y tabernas de Occitania han sido desde entonces nuestro mundo. Y allí escribiste aquellos versos que se han llegado a hacer célebres más allá de estos confines:

In taberna quando sumus,
 non curamus quid sit humus,
 sed ad ludum properamus,
 cui semper insudamus.
 quid agatur in taberna
 ubi nummus est pincerna,
 hoc est opus ut quaeratur;
 si quid loquar, audiatur.
 Si quid loquar, audiatur…

-Si, querido Seraphim, ¡ese fué un momento feliz dentro de nuestra mutable existencia! ¿Recuerdas que aquellos días conocimos a nuestras amadas Hildegaard y Ursulea, con quien convivimos durante más de un año y que inspiraron el que quizás sea tu mejor poema?

Dies, nox, et omnia
 mihi sunt contraria;
 virginum colloquia
 me fay planszer,
 oy suvenz suspirer,
 plu me fay temer.

O sodales, ludite,
 vos qui scitis dicite,
 mihi maesto parcite,
 grand ey dolur,
 attamen consulite
 per voster honur.

Tua pulchra facies,
 me fay planszer milies,
 pectus habens glacies,
 a ramender ...
 statim vivus
 fierem per un baser.

-¡Nos hemos hecho viejos, compañero Hstvo! Toda la poesía que recordamos pertenece a otra época. Una época diferente, distante; muy anterior a nuestra condición actual; mucho antes de que no fuéramos más que ¡¡un par de borrachines!!
Y la luna cayó como un cañón de luz sobre Ville-de-Golliath mostrando a los dos goliardos envejecidos.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Penumbra


                  Cuando somos incapaces de recordar un nombre y, en cambio, estamos seguros de saber la letra por la que comienza, tenemos una fuerte intuición sobre las vocales que contiene, conocemos incluso el número de sílabas, se dice que padecemos un bloqueo. Es una situación difícil de describir porque contiene elementos conscientes y elementos aparentemente olvidados. No recordamos el nombre pero sí su aroma, su gusto. Y cuanto más forzamos el mecanismo de la memoria más elusivo se nos hace aquello que buscamos y que, aun teniéndolo enfrente, no acertamos a ver. Si dejamos de esforzarnos en recordar (esfuerzo que suele resultar patéticamente vano) normalmente sucede que, al cabo de cierto lapso de tiempo más o menos largo, el nombre aparece ante nuestras narices, como el residuo de una actividad que ya habíamos olvidado. En efecto, si lo que queremos de verdad es recordar el nombre basta con dejar de pensar en el tema y esperar a que la naturaleza tenga a bien obrar. Pero si lo que queremos es otra cosa vale la pena insistir en la penosa evocación. Este acto nos mantiene en la zona incierta e inestable de la que bebe la poesía. Es una zona de nadie, limítrofe entre aguas diversas. Por un lado las aguas de la fantasía que nos empujan hacia un mar de variopintas posibilidades. Por otro lado las aguas de la intuición que nos atraen de forma  misteriosa hacia una orilla soñada. Se me dirá que todo esto no es más que un movimiento de información neuronal guiada por transmisores químicos pero esta es solo la parte fisiológico-mecanística de la cuestión. Igual que la azulidad. El color azul es el que corresponde a la zona del espectro electromagnético de longitudes de onda entre 450 y 495 nm. Pero la azulidad es el resultado consciente de esa percepción, y no puede existir -al revés que la luz entre 450 y 495 nm- fuera de la conciencia. En fin, he aquí de nuevo el viejo problema de Berkeley, Hume y Descartes.....

miércoles, 29 de octubre de 2014

Efímero



          Dentro de una sociedad que se quiere permanente, o como mínimo, con unas estructuras establemente consolidadas, lo efímero constituye en sí toda una categoría poética. En una sociedad en pleno cambio, con unas estructuras debilitadas e inestables, lo efímero forma parte de la cotidianeidad y no parece presentarse como una anomalía o una paradoja. Lo efímero, como tantos otros términos –y especialmente aquellos que, como él, tienen una etiología basada en la temporalidad- es algo relativo. Cuando hablamos de relativos, de comparaciones, solemos antropomorfizar y el término que utilizamos de comparador suele ser la escala –en este caso, de tiempos- humana. Lo efímero, visto así, se nos aparece como lo instantáneo, lo visto y no visto. Pero lo efímero también puede representar, a la manera bachelardiana, lo atemporal, lo que se nos aparece durante un pequeño lapso de tiempo pero representa y consteliza a su alrededor lo que está fuera de él. El circo (no la versión decadente y pueblerina que recordamos de nuestra niñez), los happenings, algunos momentos muy concretos en el mundo del deporte, en el mundo de la danza; todos contienen altas dosis de poesía efímera. Con el nombre vulgar de efímeras se conoce un género de insectos cuya vida adulta puede durar, en algunos casos, menos de un día; el tiempo justo para aparearse antes de morir. Es otro delicado ejemplo de agridulce poesía ecológica.

lunes, 3 de marzo de 2014

Hommage à Resnais


                         El cine, como muchos grandes realizadores como Welles (CitizenKane), Cocteau (Orphée), Tarkovski (El Espejo), Bergman (Fresas Silvestres), Fellini (Otto e Mezzo) y otros han demostrado, puede ser un medio excepcional para ilustrar nuestra relación con el tiempo. No solamente la temporalidad de una narrativa literaria, sino una mucho más compleja. Al igual que la poesía -de la cual puede participar en grado extremo-, y de la música –arte temporal como él mismo y con el que puede llegar a desarrollar una rica simbiosis- el cine es capaz de plasmar el tiempo narrado, vivido, imaginado o soñado de forma objetiva, subjetiva, lineal, cíclica e incluso la propia atemporalidad. En algunos de sus más influenciadores filmes, Alain Resnais jugó con gran acierto con esta posibilidad. El tiempo-memoria presentado en Hiroshima,mon amour (1959) y L’Année Dernière áMarienbad (1961) sigue evocando en el espectador una inquietante apertura hacia zonas transmentales y ha propiciado, a lo largo de los años, un aluvión de interpretaciones. Cada interpretación, como es el caso para cualquier obra rica y aparentemente simple, como Die Zauberflöte o En attendant Godot, encierra una perspectiva que de ninguna manera abarca la integridad de ella. Y así tales obras nos explican, como es el caso del I Ching y otros oráculos, cosas diferentes dependiendo de nuestro estado y de la época de nuestra vida en que nos acerquemos a ellas. Las viejas paredes estucadas y los frescos barrocos todavía reservan para nosotros muchos tesoros de la imaginación.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Taxonomías

Durante los años de estudios de secundaria recuerdo que de las clases de ciencias naturales lo que más me gustaba eran los nombres de los insectos, árboles y minerales (junto con los grupos de simetría cristalina). Me doy cuenta de que esto demuestra un mayor interés por la relación del hombre para con la naturaleza que por la naturaleza en sí. Aquellos nombres sugerían imágenes poéticas, pero también contextos culturales, tradiciones folklóricas ó trasuntos míticos. De esta manera los nombres científicos complementaban ó jerarquizaban los nombres vernáculos, viniendo a ser una versión globalizada (la globalización etnocéntrica de la época de Linneo) de éstos. Contrariamente, los nombres sistemáticos que nos enseñaban en las clases de química venían a ser la negación de los nombres vulgares de las substancias químicas, procedentes éstos una vez más de la tradición folklórica y de la alquimia. Con ello se demostraba el profundo cambio acaecido en el S XVIII con las ideas de la Ilustración y el culto a la racionalidad, que contrastaba con el espíritu más indiferenciado del siglo anterior. Nombres como Olea Europea, Vanessa Cardui, Parnassius Apolo ó Cercis Siliquastrum nos informaban acerca del ámbito natural propio de dichas especies, su morfología ó sus costumbres. Cuando los nombres sistemáticos, atemporales, a-fenomenológicos y construibles a voluntad hacen su aparición, cuando las substancias químicas se transforman en puros compuestos químicos, también aparece el mundo ideal de la racionalidad. Es un gran paso en la historia de la cultura aunque muchos años después, cuando la postmodernidad da por explorado todo este mundo ideal y, con ello, pretende dar fin a la posibilidad de evolución, también resulta ser todo un lastre.

miércoles, 2 de julio de 2008

Ilusión


El arte como engaño. Se podría decir que una de las funciones primordiales del arte es la de hacer de espejo reflector de nosotros mismos y darnos a conocer nuevos mundos, nuevas percepciones. El arte es un hijo natural de la materia y del espíritu y, como tal, posee rasgos derivados de ambos progenitores. El espíritu cristalizado y la materia sublimada. El proceso de fijación varía dependiendo de la naturaleza del arte, desde las artes plásticas, en donde el “soporte físico” es la propia materia, hasta la música, la danza ó la poesía, en donde dicho “soporte físico” es mucho más evanescente y volátil. Ahora bien, sea en un extremo ó en el otro, el artista –y ahora me estoy refiriendo también al intérprete, en el caso de manifestaciones artísticas que precisen de tal rol- debe también de poseer ciertas cualidades de prestidigitador. Y no estoy hablando de pura mistificación, sino de ilusionismo. El op-art y sus equivalentes acústicos han explotado a fondo esta vía. Un pintor diestro sabe encontrar trazos que solo cobren vida dentro de la percepción global de una obra, trazos, por así decirlo, gestálticamente dispuestos. Igualmente un intérprete musical con suficiente capacidad técnica sabe hacer sonar en stacatto un pasaje demasiado rápido como para que los dedos ó el aliento puedan realmente ofrecer este tipo de toque. Estos artistas generan en el perceptor una ilusión óptica ó acústica que su mente acaba por completar. De cualquier modo, a los prestidigitadores también se les llama comúnmente magos. El supuesto engaño material no excluye la necesaria poesía.

sábado, 14 de junio de 2008

Poética


Existen artes que se desarrollan en el espacio, como las artes plásticas, artes que se desarrollan en el tiempo, como la música, y artes que se desarrollan en el espacio y el tiempo como la danza. Incluso hay artes que crean su propio espacio y tiempo, como el cine. Pero existe una forma artística que se desarrolla fuera del espacio y del tiempo, la poesía. Bien, lo que comúnmente se entiende por poesía como forma literaria. Porque el concepto de poesía (la poética) va mucho más allá y denota una cualidad presente en todas las manifestaciones artísticas y que se corresponde precisamente con su capacidad de trascender el lenguaje y sus asociaciones mentales. La poética se erige así como un potente elemento de unión con lo transmental, que por definición se nos aparece más allá del espacio y del tiempo, coordenadas necesarias de la estructura mental –o, como diría Kant, formas sensibles del conocimiento-. Podemos detectar poesía desde en un haiku japonés hasta en un filme de Buster Keaton, pasando por un lied de Schubert ó una representación del Cirque du Soleil. La poesía es algo así como un hermoso puente entre una ribera conocida y otra intuída. La mirada húmeda y sonriente de Cabiria al final del film de Fellini, los límpidos compases finales del Octuor de Stravinsky, la voz de Charles Trenet evocando los jirones del pasado en Que reste-t il de nos amours?, el baño del hipopótamo en Arien de Pina Baush, cada uno a su manera, destilan poesía, que nos transporta hasta la entrada del puente antes evocado. Para poder cruzar el puente, sin embargo, debemos ser capaces de dejar atrás la orilla conocida y lanzarnos para adelante sin ignorar los peligros que nos pueden acechar por el camino, como el canto de Circe...

viernes, 9 de mayo de 2008

Instantes poéticos


Cuando, siguiendo el acostumbrado movimiento pendular que marca el devenir histórico, el concepto de música del futuro fue substituido por el de música del presente, la invisibilidad de la orquesta por la incorporación del concepto de la música como fenómeno físico y la ópera por el ballet, se accedió a un mundo representativo en el que los instrumentistas y cantantes asumieron un importante rol visual. El gesto musical –del que hoy en día tanto se habla- se incorporó así al fenómeno del hacer y el escuchar –en definitiva, de resonar con- la música. Así, en sus piezas teatrales L’Histoire du Soldat y Les Noces, Stravinsky marca claramente que la orquesta debe de ocupar un lugar en el escenario, junto con los actores y los bailarines, incorporándose a la historia representada como un actor (de tipo muy interesante) más. En el plano de la música de concierto, aunque muy diferente al de la música escénica, el valor visual también es importante. Cuando, por ejemplo, en el movimiento final de la beethoveniana IX Sinfonía, el coro se pone en pie antes de cantar aprovechando el fortissimo orquestal al reiniciarse el tema de la introducción, el efecto visual se añade al acústico, dando una perspectiva ampliada a la percepción y un mayor relieve a la siempre sorpresiva entrada del bajo. La ejecución de secuencias virtuosas por parte de instrumentistas que habitualmente necesitan de movimientos amplios –como pianistas ó percusionistas- siempre ha sido del agrado del gran público, buscando aquí una componente circense muy efectiva –naturalmente, siempre que vaya acompañada del correspondiente interés musical, cosa que no siempre tiene lugar-. Este efecto se maximiza en el caso de los happenings musicales, en donde la componente de destreza añade un valor especial, teñido de poesía, al puro hecho musical, como en esas filmaciones de los años 20 en que bailarines ó camareros evolucionan sobre las alas de un aeroplano en pleno vuelo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Paradojas


Amo las paradojas. Constituyen un medio efectivo de ir más allá en nuestros planteamientos y reflexiones. Son como versiones “de andar por casa” de los koan budistas por cuanto a su utilidad se refiere. Nos sacan –aunque sea por unos instantes- de nuestro letargo mental en el cual las cosas están perfectamente clasificadas, cada una en un compartimento y cada compartimento en una posición determinada. La paradoja es el ombligo que existe entre la poesía y el mundo de la racionalidad (así como el koan lo es entre el mundo de la racionalidad y el de la transracionalidad). Y como punto de escape de la recurrencia relacional siempre está dispuesta a brindarnos una nueva visión en un plano de conciencia más amplio. Después de saborear una paradoja nos sentimos más sabios, más serenos.