Leyendo el periódico de hoy constato cada vez más que los referentes de que
disponemos o en los que las noticias diarias se asientan son absolutamente
insuficientes para albergar la complejidad del mundo actual. Nuestro afán de
comprar hiperrealidad facilita la labor literaria de una prensa cada vez más
falta de metaespacios críticos que delimiten y encuadren las informaciones que
ofrece. Los conflictos internacionales son a menudo despachados como una pura
confrontación de “buenos” y “malos”, como en un film del oeste. Eso sí; a veces
te dejan decidir qué bando ocupa cada categoría, y de esta manera también
quedas etiquetado como perteneciente a grupos de “derechas” o “izquierdas”.
Todas estas categorías simplistas precisan de una revisión continua que en
muchos casos la propia eventualidad pone en evidencia. Observo también una
fuerte componente mítica que todavía atrapa a la especie humana y que impide el
desarrollo de la complejidad de que hablaba. El mito no debe olvidarse pero
tampoco hacer de él el driver de
nuestros asuntos socio-políticos. En estos días de convulsión política
generalizada observo mitical attachements
por todas partes: la celebración o anti-celebración del 12 de octubre (fiesta
mítica), los discursos trasnochadamente chauvinistas de la première británica, el discurso de la izquierda-come-capitalistas por parte de algunos políticos
catalanes y españoles, las aberrantes invectivas del candidato Trump, el
run-run continuo del terrorismo islamista. Hablando de hiperrealidad: el otro
dia vi un “documental” sobre los adolescentes que intentan cruzar la frontera
de USA provenientes de Centroamérica que ilustra este concepto a la perfección.
Las cámaras acompañaban a los menores en sus intentos de subida nocturna a un
tren de mercancías (con iluminación especial) hasta que al fin se atrevían a
hacerlo (las cámaras también); después subían al coche de un mafioso pasador de
migrantes ilegales, a quienes dejaban –las cámaras pasaban legalmente la
frontera de Texas- y más tarde se encontraban con algún grupo particular que
ayudaba y otro que disuadía a los arriesgados menores. Todo un guión
hollywoodiense de bajo coste a tiempo real (?).
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miércoles, 12 de octubre de 2016
viernes, 8 de marzo de 2013
Detritus
En estos momentos en España no se puede abrir un periódico sin que te vengan náuseas. La razón principal de mis náuseas no es la información sobre todos los casos de corrupción (que también las provocan), sino el hecho de que la sociedad necesite consumir tales dosis de detritus informativo. La prensa se sitúa así a la misma altura que la media de la ciudadanía: información-basura para una sociedad-basura. Hace unos años apuntaba a dos profesiones clave para medir la salud social: los maestros y los informadores. Los maestros ya no acompañan en la maduración sino que tienen que lograr meter a toda la realidad que los envuelve dentro de las restringidas normas y guías que alguna entidad burócrata muy satisfecha por su trabajo les entrega periódicamente. Los periodistas ya no informan, analizan, debaten, opinan ni polarizan. Simplemente han dejado que el amarillismo se extienda de forma natural. Algún día alguien tendrá que decir que en los momentos de crisis y crecimiento evolutivo la involución es el peligro principal porque la regresión se llega a hacer algo natural. Señores periodistas: no ensucien cada día sus publicaciones con detalles escabrosos sobre lo que hacen unos personajillos sin ningún interés real para la evolución de la sociedad. Simplemente felicítense cuando tales personajillos estén entre rejas como un triunfo de la conciencia y la justicia sociales.
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