Estoy acabando de leer la obra póstuma de Wittgenstein Investigaciones Filosóficas (y creo haber entendido mínimamente
hasta un 15% de su contenido, ¡cosa que supera mis expectativas iniciales!). El
interés de la obra reside en sus aspectos seminales respecto a toda una
evolución posterior hacia una filosofía que no se basa en la asunción de
realidades pre-mentales que son finalmente alcanzadas por la mente sino basada,
por el contrario, en la idea de que es precisamente la mente la que crea tales
realidades. Concretamente, según Wittgenstein, a través del lenguaje, que no
describe así casos externos a él sino que crea los casos a través de sus
infinitos juegos. Si el giro copernicano de Kant representaba un
descentramiento que cambiaba el punto de vista anterior que hacía girar al
sujeto alrededor del mundo hacia la situación contraria en la que el mundo gira
alrededor del sujeto, el giro wittgensteiniano hace que el conocimiento del
mundo sea generado por el propio sujeto. El alejamiento del positivismo lógico,
al que el propio Wittgentein había contribuido muy significativamente al
principio de su carrera, no puede ser mayor. Es por ello que uno de los
principales mentores de Wittgenstein en Gran Bretaña, Bertrand Russell (quien
contribuyó decisivamente a la incorporación del austríaco a la Universidad de
Cambridge) dijo no reconocer ningún tipo de substancia en este libro. Russell
pertenece a una larga estirpe de naturalistas británicos –de los cuales Stephen
Hawking y Richard Dawkins son algunos de sus más recientes representantes-
incapaces de concebir ningún trasunto científico fuera del positivismo,
equiparando de esta manera “conocimiento positivo” (así, à la Compte) con “Ciencia
Verdadera”. De acuerdo con la apreciación de este grupo, las ciencias de la
naturaleza generan sus constructos de forma absolutamente objetiva,
independientemente de narrativas y metaespacios. La base misma para rebatir
esta afirmación es que los espacios de "ignorancia" y de
"conocimiento" son metaespacios variables que se van modificando -de
forma realmente cualitativa- en el tiempo. Un poco como la historia, que se
está reescribiendo constantemente en función del presente, por mucho que
describa hechos que se sitúan en el pasado -de forma paralela, las ciencias de
la naturaleza tratan sobre hechos que se sitúan fuera de nuestra mente-. Y este
reescribir -construir nuevos metaespacios- depende absolutamente de un
lenguaje, que elabora sus propias narrativas. Es precisamente el lenguaje (los
"juegos del lenguaje" wittgensteinianos) el que, bien lejos de
describir objetivamente fundamentos últimos preestablecidos, crea las
narrativas que se corresponden con nuestros constructos. Los
"fundamentos" resultantes serán, por tanto, siempre, fluidos. Podemos
entonces volver a formularnos la eterna pregunta: ¿es nuestro conocimiento
científico acumulativo? o bien a la no menos recurrente: ¿se basa la evolución
del conocimiento en conocimientos previos? La respuesta a ambas cuestiones es:
sí y no. Porque cada nueva formulación de un paradigma científico, al igual que
cada nueva obra artística “revolucionaria” supone un nuevo
modo-de-estar-en-el-mundo.
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sábado, 23 de noviembre de 2019
sábado, 2 de marzo de 2019
Correlaciones
En 2008 se publicó un ahora famoso
artículo en el que se re-visita el aforismo de George Box –y de algunos
estadísticos anteriores- que afirma que todos los modelos usados por la ciencia
–desde la biología hasta la psicología, pasando por la sociología y la física– son
falsos, aunque algunos son muy útiles. Esta idea se ha visto reforzada gracias
a la actividad correlacionadora que ofrece el Big Data. Es decir, que el propio método científico a través del
cual se generan hipótesis que luego se contrastan experimentalmente se ve
cuestionado por la petagígica nube. Según las corporaciones de Big Data la generación de modelos ya no
es necesaria. Los modelos siempre acaban fallando, al contrario que las
correlaciones. ¿Quién dice que los filósofos no son ya necesarios? ¡Lo son más
que nunca! Es evidente que se trata de un enunciado falaz, y no precisamente
porque el método científico sea infalible sino porque la ausencia de modelo que
reivindica el Big Data no es tal. Existe un modelo implícito que, por omnipresente
y rutinario, ha acabado transparentando y está por este motivo epistemológicamente
camuflado. La afirmación sobre los modelos presenta un notable isomorfismo con los
enunciados básicos de la Postmodernidad: No
existen verdades absolutas. No existen; pero el anunciado, por contenerse a
sí mismo, se sitúa fuera de la lógica aristotélico-cartesiana: las conclusiones
postmodernas son ciertas, pero no se pueden
aplicar en absoluto dentro de un ámbito anterior (es decir, moderno). El
hecho de querer hacer de una correlación estadística una verdad universal es
como hacer una religión del enunciado Todas
las religiones son falsas o pretender que los modelos científicos se
transforman, a base de años, en dogmas de fe universales. Los modelos no son
más que narrativas que van
evolucionando y se adaptan así a las contingencias de cada momento histórico. Los
modelos del día de hoy son los de la complejidad, que gran parte del mundo
científico todavía no ha comprendido. Y esto que aplica al mundo de la ciencia
aplica también al mundo de la espiritualidad y al mundo del arte. Hay que
recelar siempre de los poseedores de la verdad absoluta, sean quienes sean.
Aunque se trate de la hoy omnipresente y omnipotente petagígica nube.
sábado, 21 de octubre de 2017
Respuesta
Me doy perfecta cuenta de que mi
reciente respuesta a mi más asiduo lector –o, cuando menos, comentarista- es
muy pobre y escueta. Hablo de la posible inclusión de la ciencia en el ámbito
de la post-modernidad. Durante siglos la Historia de la Ciencia –nuestra ciencia
como tal empieza con el Renacimiento- dio por sentado que nuestros afanes
investigadores perseguían básicamente el estudio de la realidad (en este caso física). Una realidad teñida de forma
absolutamente inconsciente por el Zeitgeist
de la Modernidad, claro está. En suma: una realidad externa e independiente de
nosotros y perfectamente cognoscible en su totalidad. Una realidad que
requeriría solamente ser descubierta.
Cada nuevo descubrimiento, por tanto, iría desvelando una capa más de tal
realidad hasta hacerla transparente. En ese momento conoceríamos toda la realidad. Este proceso sugiere
un avance acumulativo en el
conocimiento. Toda vez que, de acuerdo con el modelo popperiano, una teoría o
modelo puede ser falseado en cualquier momento y eso lo desacredita y elimina
de la ruta acumulativa hacia el conocimiento absoluto de la realidad de la
Modernidad. En el S XX y más aún en la post-modernidad nuestra visión de la
realidad se ha modificado rotundamente. Nuestra realidad ya no es una roca
externa, cognoscible en su totalidad o independiente de nuestros puntos de
vista. El modus operandi del avance
en el conocimiento científico estaría entonces descrito por las epistemologías
de Koyré, Bachelard y Kuhn, quien introduce el concepto de paradigma dentro de la historia de la ciencia. Los paradigmas, cual
zeitgeist que representan, tiñen
todos los elementos que constelizan de su color de forma que los conceptos que
se manejan en su interior dependen más de la red estructural propia que de un
sistema independiente que reflejara cual espejo fidelísimo la propia
naturaleza. La epistemología de Kuhn fue sistemáticamente ignorada dentro del
mundo de las ciencias de la naturaleza y excesivamente dogmatizada dentro del
mundo de las ciencias humanas. Si la interpretamos a la luz de un modelo
evolutivo lo que nos dice la sucesión de paradigmas no está ya relacionado con
un simple cambio psicológico como pretendía Popper sino como una mirada
consecuentemente más y más ampliada que reduce el paradigma anterior a un caso
particular del más general paradigma presente. Esta visión ya no es ni
acumulativa ni paradigmática sino que participa de ambas aproximaciones.
Nuestra percepción de las cosas nos hace elaborar constructos que van
modificando nuestra mentalidad y con ello nuestra percepción. Nuestro
conocimiento de la(s) realidad(es) transmodernas modifica constantemente
nuestra percepción del miundo y su(s) realidad(es). Es por eso que nuestra(s)
realidad(es) ya no son descubiertas sino inventadas.
Eso puede sonar incluso como una herejía
si nos mantenemos en el concepto moderno de realidad que describía antes. No sé
si me ha llegado a explicar tan claramente como se merece mi atento y paciente
comentarista.
sábado, 23 de septiembre de 2017
Compartimentación
Se nos ha repetido hasta la saciedad que en nuestro mundo actual es imposible tener un amplio conocimiento global y es precisamente por eso por lo que nuestro conocimiento está compartimentado. Tenemos especialistas para cualquier cosa aislada. Y ésa es precisamente la cuestión: las cosas aisladas no nos permiten tener una visión de conjunto. Y las grandes revoluciones en el conocimiento no vienen por cosas aisladas sino por la sistematización de todas ellas. Los hombres del Renacimiento no eran especialistas pero tenían una nueva visión de la complejidad del mundo. Nuestro conocimiento es más extenso que el del Renacimiento pero sobre todo más complejo. La extensión se afronta con especialistas pero la complejidad requiere necesariamente generalistas. Porque la extensión aislada no provoca saltos cualitativos en el conocimiento sino acumulación cuantitativa. Para renovar los odres del conocimiento –sus estructuras: sus matrices sensibles- se hacen necesarias personas que, sin ser los mejores especialistas en nada, sepan qué es el saber y sus posibilidades en cada momento histórico.
lunes, 8 de mayo de 2017
Realidad(es)
Acabo de leer “La realidad no es lo
que parece” del físico Carlo Rovelli. Tras un inicio con algún apunte un poco
tendencioso y lugar común en el mundo científico (“Anaximandro fue un gran
visionario de la ciencia y, de haber prevalecido sus ideas sobre las de Platón
y Aristóteles, se habrían adelantado siglos en la construcción de la ciencia”)
o algunas confusiones en lo que al término realidad
se refiere, el libro resulta de lectura agradable y enriquecedora. El autor en
seguida coloca a Platón y Aristóteles en su lugar natural –no sé hasta qué
punto reconoce la impronta que Platón sigue teniendo en los físicos actuales- y
se embarca en la en cierto modo apasionante aventura de resumir la historia de
la consideración de las piezas fundamentales del cosmos por parte de los
modelos de Newton, Faraday/Maxwell, Einstein 1905, Einstein 1915, mecánica
cuántica y gravedad cuántica (el supuesto modelo unificador de las mecánicas
cuántica y relativista). Si la relatividad restringida hacía del espacio y del
tiempo percepciones que dependían del estado del observador y la relatividad
general las relacionaba con la materia y la energía, el modelo de gravedad
cuántica, recogiendo las semillas de la relatividad y de la mecánica cuántica, hace
a espacio y tiempo meras consecuencias de los campos cuánticos. Es decir,
relega la percepción espacio-temporal a una pura ilusión. Lo apasionante de la
sucesión de modelos en el mundo de la ciencia es que éstos, de manera
progresiva, hagan del modelo anterior un subconjunto del modelo presente. De
todos modos, la actual convivencia de otros modelos hace que el mundo de la
investigación científica no sea tan ajeno a la post-modernidad como a veces
quiere creer. Aunque el autor muestra que sus planteamientos incluyen una
variedad de campos y –como buen físico cuántico- exhibe posiciones filosóficas
antirealistas, echo en falta nociones elementales de complejidad y, aun más
grave, observo muchas falacias cognitivas cuando confronta visiones con
encuadres absolutamente distintos bajo la excusa de que “la ciencia abarca toda
realidad”. Rovelli, como Demócrito, admite que el mundo está constituído por
cosas que se suman y se promedian y que nuestros sentidos perciben tales
promedios. Y pone, como Demócrito, el ejemplo de las letras y las palabras. Una
vez más respondo que las frases y las palabras están construídas con letras,
pero que lo que dicen las frases no está en las letras. En este caso,
obviamente, porque las letras no precedieron a las palabras. Pero los sistemas
químicos sí que precedieron a los biológicos y la vida emergió de la
complejidad de los sistemas químicos. Una última reflexión: me pregunto cómo
explicar a personajes que aún creen que la Tierra es plana que nos movemos ya
más allá de la tetradimensionalidad.
martes, 10 de enero de 2017
Bielorusia
-¡Ni harto de vino te podré dar nunca la razón,
Zeitokovsky! ¡Todas estas conjeturas que con tanta alegría revuelves me parecen
tan gratuitas que no me atrevería ni a calificarlas de falsas! Hace años que
veo por donde vas y te aseguro que no haces más que alejarte de las
apreciaciones más comunes y razonables, que constituyen el camino de la veracidad
al cual, humildemente, intento honrar con mis contribuciones!
-¡Pero
cálmate ya, querido Menidov, que acabarás sufriendo un ictus! Yo solamente
pretendo ordenar mis ideas –nunca imponerlas- y para ello despliego las antenas
de mi conciencia. En ocasiones capto interferencias que tomo por señales claras
pero siempre intento aprender de mis errores…
Así
venían larga y repetidamente coloquiando
una pareja de jubilados bielorusos con inquietudes intelectuales en diversos
campos del saber.
-Es
que no puedo evitar una sensación de menosprecio hacia tu palabrería tan poco
fundada en la ciencia, y eso, debido a nuestra larga amistad, me causa un
profundo malestar psíquico.
-Pero
la amistad, amigo Menidov, está por encima de cualquier discusión pseudofilosófica
que podamos entablar. ¡Y tampoco sigue el método científico!
-También
lo creo así, viejo Zeitokosky. Y si la amistad no sigue el método científico es
porque se halla en el lado mental de la barrera cartesiana, separada del lado
material, objeto de la ciencia.
-Tu
problema, buen Menidov, es que das por sentados unos referentes que crees
estables, y yo no veo el mundo así.
-Y
¿como quieres que piense sobre el mundo y lo analice como objeto si no doy por
sentados unos referentes mínimos -que puedan satisfacer a todos- a partir de
los cuales pueda construir un edificio de conocimiento?
-No
te pido que derrumbes ningún edificio ni tengas que justificar cualquier
pensamiento como si estuviera libre de referencias, como hacen los
postmodernistas y deconstruccionistas. Pero sí me gustaría que considerases dos
cosas. La primera que amplíes un poco tu concepción del mundo como objeto y tu
mente como sujeto. Has de pensar que tu mente forma parte del mundo y que por
tanto no está situada en un mirador especial. La segunda es que no alienes tus
percepciones –ya sé que me dirás que unos mínimos intersubjetivos son condición
sine qua non para conocer-
situándolas así en un espacio neutro “realista”.
-Entonces
no hace falta que sigamos hablando. Vayámonos a casa y cultivemos solamente
nuestras funciones animales, ya que no es posible que desarrollemos ningún
conocimiento más allá del puro instinto animalístico.
-¡No
corras tanto, Menidov!¿De donde sacas todas estas conclusiones que a mi me
parecen tan precipitadas como a ti las mías?¿De la tradición?¿Del sentido
común? La tradición varía mucho cuando consideras diferentes tamaños de escala
mostrando que no es un esquema fijo, sino que evoluciona.
-¡Claro!
Evoluciona como la Ciencia! A base de acumular conocimiento, de ganar terreno a
la ignorancia…
-Pero
¿Dónde se acumula este conocimiento?¿En una especie de registro “salvado”? Este
conocimiento, amigo Menidov, forma parte de nosotros mismos, y evoluciona con
nosotros. Es más, nuestros referentes, nosotros mismos, evolucionamos con
ellos. El realismo ingenuo –que sostiene que cada vez estamos más cerca del
conocimiento absoluto- no puede existir; es una entelequia falaz. Y todos los
fundamentalismos, que ven el mundo construido a base de ladrillos, no son más
que ráfagas fugaces de espejismos que duran poco.
-Esto
es lo que no comparto, Zeitokovsky: ese poco valor que das a la Ciencia, que
avanza eliminando falsedades y preservando lo que puede aguantar los embistes
de la experimentación.
-Mira
Menidov, lo que nos separa no es el método sino la creencia básica en una
realidad externa, objetiva y aislada.
-¿Lo
ves, Zeitokovsky? ¡Eres un deconstruccionista!¡Ahora me dirás que la ciencia no
es más que un constructo humano!
-Si
por constructo entiendes una realización, te diré al punto que sí. Si entiendes
un montaje caprichoso que se mueve a voluntad personal te diré, también al
punto, que es evidente que no.
-¿Pero
es que acaso no ves, testarudo Zeitokovsky, que no puede existir más que una Física,
aquí, en Papua Nueva Guinea, en Saturno ó en Andrómeda?
-¿Pero
es que acaso no ves, testarudo Menidov, que solo estás enumerando lo que se nos
aparecen como espacios muy distantes, y que el propio concepto de espacio es
objeto de estudio de la Física y, como tal, varía con el tiempo ante nuestros
ojos?
Las
habituales discusiones entre los viejos amigos se habían ido agriando con los
años. Probablemente ya eran demasiado viejos para las alegrías de la juventud
pero no lo suficiente para la sabiduría de la senectud.
-Sí,
esto lo veo, y esto forma parte de lo que antes me refería cuando hablaba de
los avances objetivos que la Física ha realizado a lo largo de la historia.
-No
tengo nada que objetar a eso. Pero fíjate que la Física, como otros campos de
la ciencia, ha estado teñida en cada época con los mismos colores que las artes
y el pensamiento. Eso la ha hecho básicamente humana e histórica. El modelo
relativista y la termodinámica de Clausius, respectivamente, se parecen más al
cubismo y a la música de Wagner que a la mecánica newtoniana.
-Pero
la Física trata sobre realidades objetivas ¡mientras que el arte no! El
conocimiento científico es acumulativo y tiene vigencia mientras no es falsado.
-No
seré tan ingenuo de equiparar ambos tipos de conocimiento que de por sí tienen
notables diferencias, pero tampoco separaré radicalmente ambas realizaciones,
repito, humanas.
-Cuando
no queden humanos los planetas seguirán obedeciendo las Leyes de la Física.
-Pero
quizás en ese momento el Sol sea una gigante roja que englobe gran parte de sus
planetas, y en su seno las leyes de la física serán diferentes de las que rigen
ahora.
-¡Me
refiero a otros planetas, listillo!
-Mira:
hemos llegado a un punto muerto en nuestra discusión. Admitamos que hablamos de
cosas diferentes, o mejor aún, que nuestras aserciones se basan en creencias
diferentes.
-¿Creencias?¡La
Ciencia no se basa en creencias!
-¡Pues
claro que sí! El platonismo que exhibes cada vez que hablas de Leyes
Universales Eternas es una creencia.
-Pero
no puedes negar fácilmente ese principio…
-La
Universalidad y la Eternidad son relativos…que a fuer de situarse en una zona
estable del espacio-tiempo se nos aparecen como inmutables.
-Tu
también debes, por tanto, sostenerte en una creencia…¿o eres tan sagaz que ni
eso?
-Me
sostengo en la creencia de que todo evoluciona, incluida nuestra mente, que
atraviesa innumerables etapas de crecimiento que no terminan necesariamente en
la del sentido común…
-O
sea, que opones un heraclitismo a mi supuesto platonismo…
-Quizás
lo oponga como método para amplificar mi horizonte pero acto seguido intento
escalar una dimensión hasta que ambas creencias se solapen.
-¿Por
qué disfrutas tanto intentando desmontar lo que es sólido?
-Disfruto
imaginándome situaciones más amplias que las que estamos inmersos…
-Ya
que me planteas tantos contraejemplos del mundo del arte: ¿Qué crees que pasará
con la música de Bach cuando ya nadie la entienda?
-Pues
ese –por otra parte funesto y esperemos que alejado- día la actualización de
ese lenguaje ya no tendrá lugar y contemplaremos la música de Bach como un
objeto histórico y no como una experiencia actual
-¿Cómo
muchos de los intérpretes de música antigua nos quieren vender?
-Amigo
Menidov: ¿Ves como ahora sí que me has entendido?
lunes, 17 de octubre de 2016
Revisiones
El mundo de la ciencia actual tiene el deber inexcusable de revisar sus
principios epistemológicos, metodológicos y éticos. Aparte de unas pocas
disciplinas que se nutren de una visión sistémica –algunas de las cuales, como
la cosmología o la ecología se siguen percibiendo como “de poco impacto para el
desarrollo social”-, la mayoría de las ciencias naturales reposan aún sobre un
fondo analítico, cartesiano y reduccionista que impide su progreso y las hace
servidoras de aquel “dominar la naturaleza” tan típico de la segunda revolución
industrial. Actualmente el mundo de la ciencia está dominado –consciente o
inconscientemente- por el modelo anglosajón, que refiere a una lógica, una
racionalización cerrada que a menudo acaba en un argumento circular. Con esta
ciega adopción de las racionalizaciones -que tan a menudo niegan la propia
racionalidad- una parte de la ciencia se ha instituido como representante de la
verdad absoluta, con capacidad para rehusar el incluir entre sus disciplinas
gran variedad de actividades calificados como “pseudociencia”. No tengo
problemas para incluir en esta categoría al psicoanálisis o al materialismo
histórico –por la misma regla de incumplimiento de falsabilidad popperiana
debería también incluirse aquí al darwinismo, afirmación hecha por el propio
Popper-. Con lo que sí tengo grandes problemas es con excluir estas
aproximaciones “no científicas” de la historia de las ideas grandes y
fructíferas. La racionalidad cerrada puede abstraer y recurrir razones pero
nunca crear nuevas visiones. Además y especialmente, el modelo de ciencia al
que antes me refería rara vez se autoinspecciona para salir del insidioso
realismo ingenuo en el que habita desde hace décadas. Supone tácitamente que el
observador, separado del objeto, ocupa una posición inexpugnable de
clarividencia suprema desde la que observa el mundo de forma pura y absoluta,
en una especie de platonismo irreductible, y que esta posición –fuera de toda
contingencia- se mantiene eternamente inmutable. Lo que nos lleva a los modelos
de pura acumulación que consideran el conocimiento una masa sólida que se
deglute hasta el final. Es por eso que todo un apóstol de este modelo como
Bertrand Russell, convencido de que el mundo se comporta de forma aristotélica
y que ninguna certeza se escapa a la lógica, fue siempre enemigo acérrimo de
Kurt Gödel, quien demostró que hasta la aritmética resulta ser un sistema
incompleto que se ha de apoyar ad
infinitum en otros metasistemas. Y eso que fue el propio Russell quien
actualizó la paradoja del cretense, verdadero agujero de la lógica
aristotélica.
viernes, 19 de febrero de 2016
Teenetes, o de la circularidad del mundo
Después de disfrutar de un opíparo banquete coronado con dosis variables de
alkaseltzer y perbocaciones, nuestro
peripatético grupo de dialogantes se aposentó en una sala vecina al atrio de
villa Paprika con objeto de degustar lentamente el exquisito té lila que
Primula –a la que su difunto esposo había dejado la vida solucionada tras su
desaparición- importaba directamente de la Manchuria francófona. Teenetes tomó
entonces la palabra: –“La vida es/deviene –como decíamos esta mañana-, y el
conocimiento es circular; independientemente de la dimensión en que nos
movamos. Si lo hacemos en una dimensión, es como una circunferencia, si en dos,
como un círculo, si en tres, como una esfera, si en cuatro, una hiperesfera, y
así sucesivamente. Los razonamientos siempre acaban dando la vuelta al espacio
n-dimensional en que nos hallemos, y nos vienen a encontrar de nuevo. Es por
eso que nuestro cometido evolutivo consiste en ir añadiendo nuevas dimensiones
a nuestras apreciaciones una vez exploradas las dimensiones inferiores. Con
ello aumentaremos siempre el orden de nuestro mundo, nuestro entorno y nuestros
referentes. Cada orden dimensional, sin embargo, nos parecerá inconcluso y
misterioso, y esa es una de las mayores grandezas de la vida. Nunca disiparemos
el misterio porque a cada nuevo ascenso dimensional el mundo nos parecerá nuevo
e inexplorado. Cuando nos apegamos a una dimensión sin promover el ascenso es
cuando nos encontramos con racionalizaciones como el cientifismo –que nada
tiene que ver con la auténtica ciencia-, reduccionismos como la postmodernidad
–la cual, sin duda, no tiene en absoluto autoconciencia de su propia limitación-,
e incluso cautividades en esferas mucho más primitivas –es decir, que pueden
ser percibidas como patológicas- como la mítica y la mágica. –“Permíteme una
puntuación, buen Teenetes, -interrumpió Olecrania, nunca del todo satisfecha
con las visiones integrales- el caso es que tú todavía contemplas tu objeto,
que en este caso es el propio conocimiento, con ojos de sujeto ¿o acaso el
conocimiento se sitúa fuera de las hiperesferas de las que con tanta soltura
hablas? –“Gentil Olecrania, sabes bien que considero que el propio conocimiento
se ve sometido a la progresión que he descrito. Cuando el propio conocimiento
se intenta situar fuera del esquema es cuando aparecen la narrativas. Te pondré
un ejemplo. En el último mes le ha tocado un premio importante de la loteria
española y otro de la catalana a la misma persona. Podemos pensar que la
persona había comprado gran exceso de números de lotería, que se trata de un golpe de suerte, de un
capricho del destino, de la curvatura privilegiada de un campo mórfico, de una
singularidad fractal, de una mera casualidad, de una influencia astral, de la
presencia de un atractor caótico o de un regalo de los dioses. Todas y cada
estas posibilidades corresponde a una narrativa (si: ¡todas!). Que cada cual
elija la que más le aplique. Cada una se puede asociar a un estadio de
evolución del pensamiento, a una dimensión de la famosa esfera…” –“Querido
Teenetes, ¡esto huele ya a cuerno quemado! –intervino el joven Epistaxio-. Con
todo tu montaje sofista lo único que aseguras es que, cualquiera que sea la
situación, tú mismo tienes bien firmes las riendas de la argumentación; es
decir, del poder. ¡Te dedicas simplemente a capturar todo el terreno imaginable
con objeto de desarmar a tus adversarios! –“Serenate, oh exaltado Epistaxio, y
pon un poco de cordura a tus –por otra parte bien necesarios- ardores
juveniles” –contestó, con suavidad, Teenetes-. “Llevas razón: mis argumentaciones
son inclusivas, pero también te equivocas: no es mi deseo participar en un
torneo de argumentos y mucho menos en una lucha de poderes. En esto llevaba
razón Olecrania: la inclusividad, la síntesis, la (¡siempre necesariamente
inconclusa!) integralidad forman parte de mis debilidades intelectuales o,
mejor dicho, de mis señas de identidad noológica. Piensa que siempre los
mayores enemigos no son los que ostentan visiones o apetencias antagónicas
o complementarias, sino precisamente los
que comparten las ansias de poder pero cada uno lo ve desde su propia
perspectiva personal”. –No había apenas Teenetes acabado su frase cuando el
recién incorporado Podialgio, que estaba en ese momento comiéndose con fruición
una zalacca, comenzó a balbucir con fuerza mientras gesticulaba como un loco.
Los presentes se quedaron estupefactos e inmóviles mientras la situación
empeoraba por momentos. Solamente el joven Epistaxio tuvo la rapidez de
reflejos para aplicar sobre su amigo la maniobra de Heimlich, cosa que lo
liberó de una asfixia casi inmediata. –“Sé bienvenido de nuevo al mundo, goloso
Podialgio, y agradece como es debido a tu joven amigo Epistaxio el que puedas
seguir viendo salir el sol por las mañanas”, sentenció Olecrania. Apenas se
hubo recuperado Podialgio de su aparatosa congestión, se dirigió así a su
salvador: –“Amigo Epistaxio, estoy en intensa y duradera deuda contigo ya que,
desengañaos todos, sabios Diaximenes, Dioscorides y Teenetes: la realidad se ve
en primera persona; todas vuestras teorizaciones no son más que pálidos
reflejos de la vida, que constantemente nos ofrece sus mil facetas para ser
vividas, sentidas e incorporadas”. Los concurrentes se sumaron a la alegría de
Podialgio y Epistaxio y esa misma crepúsculo se entregaron a una celebración
báquica que duró hasta bien entrada la madrugada.
viernes, 12 de febrero de 2016
Dioscorides, o del fractal de las cajas chinas
El alba del siguiente día pudo observar como Teenetes practicaba sus ejercicios de yoga matinales, sus abluciones y su ofrenda a los dioses antes de bajar a desayunar a la sala Luis XV de villa Paprika, que a esa hora y debido al sol naciente, ofrecía a los madrugadores huéspedes un milagroso espectáculo lumínico. Primula, observando atentamente, indicaba al personal las necesidades de sus invitados. En la gran mesa circular se hallaban ya Diaximenes y Octopa, ésta última interpretando los sueños que puntualmente le relataba su anciano interlocutor. Pronto se unieron al grupo Dioscorides y Teenetes, que se habían encontrado en el ascensor. Epistaxio todavía dormia y Podialgio, después de pasar una mala noche, había conseguido ser llevado en brazos de Morfeo a una hora que le prevenía bajar temprano a la colación matinal. –“Como te iba diciendo, ¡oh Teenetes!, ayer estuve, durante la duermevela hipnagógica, digiriendo las palabras que utilizaste en tu argumento en contra de mi defensa de la evolución, y un segundo antes de caer en el sueño todo el panorama se ensambló en mi pensamiento de forma clara y distinta”. –“Descríbenos la narrativa de tal ensamblaje, honrado Dioscorides”, -suplicó Olecrania, siempre en busca de nuevos argumentos. –“Pues bien, mi argumento se basa en el descentramiento, en el paso de una perspectiva limitada a una más amplia que limita la primera a un corte n-1 dimensional de la segunda”.-“aclara tus palabras, Dioscorides, o acabaras en el club de los pensadores oscuros”-apostilló Teenetes. -“Lo siento, Teenetes, mi lengua no alcanza a expresar prontamente el entramado con que la intuición me ha obsequiado… digamos que lo que veo es que esa extraña y escurridiza percepción a la que llamamos tiempo y a la que habitualmente relegamos como un elemento que nada tiene que ver con nuestras habituales coordenadas espaciales está relacionada con el descentramiento de orden n+1 al que aludía.”-“¡No fastidies que acabas de reinventar la relatividad restringida, Dioscorides!” –gritó, decepcionada, Olecrania-. “-¿Para esto has utilizado un preámbulo tan ampuloso?”. –“Comprendo tu decepción, Olecrania, pero antes de juzgar mis balbuceos déjame terminar, te lo suplico” –contestó un hemiavergonzado Dioscorides-.“No hace tantos años que todavía se debatía sobre la biogénesis en términos de panspermia, de generación espontánea, de hecho aislado, de hecho no observable por científicos de las más variadas corrientes de pensamiento. Curiosamente, al abandonarse la hipótesis de la generación espontánea –que hoy en día parece que hace reír a casi todo el mundo- se retrocedió también en la hipótesis de la evolución desde la no-vida, y se substituyó por la hipótesis panspérmica –que refiere, sin duda, al mito- o la consideración de la biogénesis como un accidente de probabilidad mesurable nula –que refiere a una negación escéptica con pocas probabilidades de desarrollo ulterior”. –“A-a-a-a-ahora s-s-s-si que he pe-pe-perdido el hilo, Dioscorides” –confesó Diaximenes, recién sumado a la deambulante argumentación de su contertulio-. –“Intenta revolver un poco toda mi palabrería anterior, ¡oh Diaximenes!, y dejar que dé lugar a un nuevo aroma: Todos los protagonistas del debate pasaban por alto el hecho de que el proceso de biogénesis se dilata lo suficientemente en el tiempo como para considerar que no ha acabado aún de desarrollarse. Cualquier consideración, por teórica que fuera, no constituía más que una foto fija. Nuestra observación de los fenómenos del mundo, con toda su dinámica, su sistémica y sus constelaciones, no deja de ser también la observación por parte de un entomólogo de una caja de mariposas clavadas con alfileres. Enlazando ya con las consideraciones de ayer puedo comprehender vuestras notables aportaciones con la idea de que 1/ el invariante de Teenentes con que cotejar los estados evolutivos tiene la misma naturaleza de corte epistemológico que los estados, pero en un orden de dimensión n+1 y 2/ las metaposiciones que apoyan cualquier narrativa se hallan en el mismo orden dimensional que la narrativa original”. –“O sea que –prosiguió Olecrania- llegas a la filosofía de Heráclito 2500 años más tarde, pero con un condimento de relatividad, de autogeneración de sistemas y de recurrencias gödelianas ”. -“Ni más ni menos, sagaz Olecrania”. –“Pero ya sabes bien, audaz Dioscorides, que la cultura occidental, de la cual procedían los precedentes que has enumerado, tuvo siempre una fijación con el ser de Parménides más que con el devenir de Heráclito”. –“Pero con muchas y notables excepciones, amable Olecrania: Hegel, Nieztsche, Heidegger, … Se podría decir que la visión del ser y la del devenir son mundos que se autocontienen simultáneamente, como el ying y el yang. Yo te acabo de describir la visión desde una de las perspectivas. Te podría de la misma manera describir la visión complementaria, la que tú llamas habitual a lo largo de la historia de occidente. La visión que da origen a los términos evolución y comparación entre estados evolutivos que discutíamos ayer. Fíjate cuan cosida tenemos esta visión a nuestra epidermis que somos incapaces de ver la visión alternativa que acabo de tratar”. –“Pero entonces, querido Dioscorides, ambas visiones representarían la misma realidad vista desde ángulos diferentes?” –intervino, entre retador e irónico Teenetes-. “Querido Teenetes: sé hacia donde me quieres conducir: hacia una nueva dicotomía que englobe mi juego sofista. Mi respuesta es ésta: ambas visiones no son ni complementarias ni antagónicas: se autocontienen una a la otra hasta el infinito, como el huevo y la gallina. ¿Es ésta una respuesta conforme a tu alta concepción del razonamiento o debo sacar más conejos de la chistera?”-En este punto todos los concurrentes fueron incapaces de reprimir una sonora carcajada, incluyendo a Primula, que, una vez organizada la velada, se había sumado pasivamente al diálogo. Únicamente Epistaxio, que justo acababa de llegar a la sesión -y también a la mayoría de edad-, se sintió desconcertado, mientras Podialgio seguía descansando en sus aposentos. Primula invitó entonces a sus huéspedes a disfrutar del jardín de plasma que había instalado en el ala este de su villa para entretenerlos con diversas maravillas hasta la hora de comer.
viernes, 29 de enero de 2016
Conexión
¡Cuan poca
gente, todavía, es capaz de salir de sus coordenadas mentales más inmediatas y
tener una visión más integral del mundo! Y no me refiero, evidentemente, a un
apartarse cuantitativo, de un tomar más distancia, sino a un ascenso
cualitativo, dialéctico. Quien todavía vive en la Modernidad da por sentado que
las trazas, los thumbs, el engramado
de las ideas, de los objetos, del conocimiento, de la percepción, de las
creencias, de la belleza o de la comunicación simplemente no existen y que la res extensa y la res cogitans constituyen mundos estancos. Los que viven en la
Post-Modernidad han captado el relativismo de la Modernidad y no solamente
perciben los engramados sino que en todo momento acompañan sus constructos con
ellos, en un sinfín de explicaciones que a veces rozan el ridículo. Los que
viven en la Trans-Modernidad se han percatado de que los engramados no se
construyen ab initio, desde la nada
objetiva, sino que todo se halla sometido a la evolución, y los telones de
fondo blanco absoluto, simplemente, no existen. El que haya entendido mi fugaz
descripción habrá entendido el 85% de este blog.
jueves, 16 de abril de 2015
Certezas
El método
científico, aproximación al estudio de la naturaleza extendido a fortiori al estudio de las
humanidades, constituye una herramienta fundamental para poder acceder al
avance tecnológico que la sociedad (especialmente la occidental y sus
consiguientes áreas de influencia) ha experimentado en los últimos 500 años. El
método científico no puede ser discutido ni criticado, pero, por supuesto, sí
puede ser acotado y referenciado so pena de caer en lo que ya hemos caído desde
hace más de 200 años: en un epísteme de infalibilidad. El escepticismo, la
duda, son parte de las condiciones esenciales a la hora de aplicar el método,
aunque la duda nunca puede desaparecer. No hay verdades infalibles en la
ciencia. Existen grados de certeza y adecuaciones temporales, eso es todo (eso
ya es muchísimo!!). Ni los postulados de Euclides ni la lógica de Aristóteles
ni la invariancia galileana, por poner tres ejemplos básicos y fundamentales
para el avance de la ciencia, han resultado ser verdades absolutas. Han sido
“simples” adecuaciones. ¿Cómo avanza entonces el conocimiento científico? Pues
por adecuaciones evolutivas, que en ocasiones representan el abandono de un
paradigma consolidado, pero que de alguna manera es comprehendido por el
siguiente como caso particular. ¿Cuál es entonces la clave, el marcador del
grado de desarrollo evolutivo? Ese constructo tan frágil, escapadizo y fugaz al
que llamamos tiempo.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Acumulaciones
Hace cuarenta años, cuando el debate epistemológico entre la Modernidad y la Postmodernidad estaba en su cénit, la pregunta clave en el marco del conocimiento científico era –como se suele plantear en Occidente- de tipo dual: “-¿es o no es acumulativo el conocimiento científico?”. Nuestra posición más avanzada en la actualidad disuelve el dualismo. El conocimiento científico ni es acumulativo ni deja de serlo. Es más bien evolutivo. El conocimiento científico no es una masa sólida que se deglute como podían suponer los modernistas ni un objeto creado a voluntad como podían suponer los post-modernistas. Entre otras cosas porque la mente no es una boca que deglute un alimento externo al organismo ni la realidad es moldeable a capricho. El problema del debate Popper-Kuhn radicó en que ni los popperistas entendieron a Popper ni los kuhnianos entendieron a Kuhn (aparte del hecho de que gran parte de los científicos oyeron hablar de Popper –y lo malentendieron- pero no de Kuhn, al que básicamente malentendieron gente de Humanidades).
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