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sábado, 23 de noviembre de 2019

Relaciones




                   Estoy acabando de leer la obra póstuma de Wittgenstein Investigaciones Filosóficas (y creo haber entendido mínimamente hasta un 15% de su contenido, ¡cosa que supera mis expectativas iniciales!). El interés de la obra reside en sus aspectos seminales respecto a toda una evolución posterior hacia una filosofía que no se basa en la asunción de realidades pre-mentales que son finalmente alcanzadas por la mente sino basada, por el contrario, en la idea de que es precisamente la mente la que crea tales realidades. Concretamente, según Wittgenstein, a través del lenguaje, que no describe así casos externos a él sino que crea los casos a través de sus infinitos juegos. Si el giro copernicano de Kant representaba un descentramiento que cambiaba el punto de vista anterior que hacía girar al sujeto alrededor del mundo hacia la situación contraria en la que el mundo gira alrededor del sujeto, el giro wittgensteiniano hace que el conocimiento del mundo sea generado por el propio sujeto. El alejamiento del positivismo lógico, al que el propio Wittgentein había contribuido muy significativamente al principio de su carrera, no puede ser mayor. Es por ello que uno de los principales mentores de Wittgenstein en Gran Bretaña, Bertrand Russell (quien contribuyó decisivamente a la incorporación del austríaco a la Universidad de Cambridge) dijo no reconocer ningún tipo de substancia en este libro. Russell pertenece a una larga estirpe de naturalistas británicos –de los cuales Stephen Hawking y Richard Dawkins son algunos de sus más recientes representantes- incapaces de concebir ningún trasunto científico fuera del positivismo, equiparando de esta manera “conocimiento positivo” (así, à la Compte) con “Ciencia Verdadera”. De acuerdo con la apreciación de este grupo, las ciencias de la naturaleza generan sus constructos de forma absolutamente objetiva, independientemente de narrativas y metaespacios. La base misma para rebatir esta afirmación es que los espacios de "ignorancia" y de "conocimiento" son metaespacios variables que se van modificando -de forma realmente cualitativa- en el tiempo. Un poco como la historia, que se está reescribiendo constantemente en función del presente, por mucho que describa hechos que se sitúan en el pasado -de forma paralela, las ciencias de la naturaleza tratan sobre hechos que se sitúan fuera de nuestra mente-. Y este reescribir -construir nuevos metaespacios- depende absolutamente de un lenguaje, que elabora sus propias narrativas. Es precisamente el lenguaje (los "juegos del lenguaje" wittgensteinianos) el que, bien lejos de describir objetivamente fundamentos últimos preestablecidos, crea las narrativas que se corresponden con nuestros constructos. Los "fundamentos" resultantes serán, por tanto, siempre, fluidos. Podemos entonces volver a formularnos la eterna pregunta: ¿es nuestro conocimiento científico acumulativo? o bien a la no menos recurrente: ¿se basa la evolución del conocimiento en conocimientos previos? La respuesta a ambas cuestiones es: sí y no. Porque cada nueva formulación de un paradigma científico, al igual que cada nueva obra artística “revolucionaria” supone un nuevo modo-de-estar-en-el-mundo.

sábado, 2 de marzo de 2019

Correlaciones



                         En 2008 se publicó un ahora famoso artículo en el que se re-visita el aforismo de George Box –y de algunos estadísticos anteriores- que afirma que todos los modelos usados por la ciencia –desde la biología hasta la psicología, pasando por la sociología y la física– son falsos, aunque algunos son muy útiles. Esta idea se ha visto reforzada gracias a la actividad correlacionadora que ofrece el Big Data. Es decir, que el propio método científico a través del cual se generan hipótesis que luego se contrastan experimentalmente se ve cuestionado por la petagígica nube. Según las corporaciones de Big Data la generación de modelos ya no es necesaria. Los modelos siempre acaban fallando, al contrario que las correlaciones. ¿Quién dice que los filósofos no son ya necesarios? ¡Lo son más que nunca! Es evidente que se trata de un enunciado falaz, y no precisamente porque el método científico sea infalible sino porque la ausencia de modelo que reivindica el Big Data no es tal. Existe un modelo implícito que, por omnipresente y rutinario, ha acabado transparentando y está por este motivo epistemológicamente camuflado. La afirmación sobre los modelos presenta un notable isomorfismo con los enunciados básicos de la Postmodernidad: No existen verdades absolutas. No existen; pero el anunciado, por contenerse a sí mismo, se sitúa fuera de la lógica aristotélico-cartesiana: las conclusiones postmodernas son ciertas, pero no se pueden aplicar en absoluto dentro de un ámbito anterior (es decir, moderno). El hecho de querer hacer de una correlación estadística una verdad universal es como hacer una religión del enunciado Todas las religiones son falsas o pretender que los modelos científicos se transforman, a base de años, en dogmas de fe universales. Los modelos no son más que narrativas que van evolucionando y se adaptan así a las contingencias de cada momento histórico. Los modelos del día de hoy son los de la complejidad, que gran parte del mundo científico todavía no ha comprendido. Y esto que aplica al mundo de la ciencia aplica también al mundo de la espiritualidad y al mundo del arte. Hay que recelar siempre de los poseedores de la verdad absoluta, sean quienes sean. Aunque se trate de la hoy omnipresente y omnipotente petagígica nube.

sábado, 21 de octubre de 2017

Respuesta


                  Me doy perfecta cuenta de que mi reciente respuesta a mi más asiduo lector –o, cuando menos, comentarista- es muy pobre y escueta. Hablo de la posible inclusión de la ciencia en el ámbito de la post-modernidad. Durante siglos la Historia de la Ciencia –nuestra ciencia como tal empieza con el Renacimiento- dio por sentado que nuestros afanes investigadores perseguían básicamente el estudio de la realidad (en este caso física). Una realidad teñida de forma absolutamente inconsciente por el Zeitgeist de la Modernidad, claro está. En suma: una realidad externa e independiente de nosotros y perfectamente cognoscible en su totalidad. Una realidad que requeriría solamente ser descubierta. Cada nuevo descubrimiento, por tanto, iría desvelando una capa más de tal realidad hasta hacerla transparente. En ese momento conoceríamos toda la realidad. Este proceso sugiere un avance acumulativo en el conocimiento. Toda vez que, de acuerdo con el modelo popperiano, una teoría o modelo puede ser falseado en cualquier momento y eso lo desacredita y elimina de la ruta acumulativa hacia el conocimiento absoluto de la realidad de la Modernidad. En el S XX y más aún en la post-modernidad nuestra visión de la realidad se ha modificado rotundamente. Nuestra realidad ya no es una roca externa, cognoscible en su totalidad o independiente de nuestros puntos de vista. El modus operandi del avance en el conocimiento científico estaría entonces descrito por las epistemologías de Koyré, Bachelard y Kuhn, quien introduce el concepto de paradigma dentro de la historia de la ciencia. Los paradigmas, cual zeitgeist que representan, tiñen todos los elementos que constelizan de su color de forma que los conceptos que se manejan en su interior dependen más de la red estructural propia que de un sistema independiente que reflejara cual espejo fidelísimo la propia naturaleza. La epistemología de Kuhn fue sistemáticamente ignorada dentro del mundo de las ciencias de la naturaleza y excesivamente dogmatizada dentro del mundo de las ciencias humanas. Si la interpretamos a la luz de un modelo evolutivo lo que nos dice la sucesión de paradigmas no está ya relacionado con un simple cambio psicológico como pretendía Popper sino como una mirada consecuentemente más y más ampliada que reduce el paradigma anterior a un caso particular del más general paradigma presente. Esta visión ya no es ni acumulativa ni paradigmática sino que participa de ambas aproximaciones. Nuestra percepción de las cosas nos hace elaborar constructos que van modificando nuestra mentalidad y con ello nuestra percepción. Nuestro conocimiento de la(s) realidad(es) transmodernas modifica constantemente nuestra percepción del miundo y su(s) realidad(es). Es por eso que nuestra(s) realidad(es) ya no son descubiertas sino inventadas.  Eso puede sonar incluso como una herejía si nos mantenemos en el concepto moderno de realidad que describía antes. No sé si me ha llegado a explicar tan claramente como se merece mi atento y paciente comentarista.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Compartimentación


                  Se nos ha repetido hasta la saciedad que en nuestro mundo actual es imposible tener un amplio conocimiento global y es precisamente por eso por lo que nuestro conocimiento está compartimentado. Tenemos especialistas para cualquier cosa aislada. Y ésa es precisamente la cuestión: las cosas aisladas no nos permiten tener una visión de conjunto. Y las grandes revoluciones en el conocimiento no vienen por cosas aisladas sino por la sistematización de todas ellas. Los hombres del Renacimiento no eran especialistas pero tenían una nueva visión de la complejidad del mundo. Nuestro conocimiento es más extenso que el del Renacimiento pero sobre todo más complejo. La extensión se afronta con especialistas pero la complejidad requiere necesariamente generalistas. Porque la extensión aislada no provoca saltos cualitativos en el conocimiento sino acumulación cuantitativa. Para renovar los odres del conocimiento –sus estructuras: sus matrices sensibles- se hacen necesarias personas que, sin ser los mejores especialistas en nada, sepan qué es el saber y sus posibilidades en cada momento histórico.

lunes, 8 de mayo de 2017

Realidad(es)


                 Acabo de leer “La realidad no es lo que parece” del físico Carlo Rovelli. Tras un inicio con algún apunte un poco tendencioso y lugar común en el mundo científico (“Anaximandro fue un gran visionario de la ciencia y, de haber prevalecido sus ideas sobre las de Platón y Aristóteles, se habrían adelantado siglos en la construcción de la ciencia”) o algunas confusiones en lo que al término realidad se refiere, el libro resulta de lectura agradable y enriquecedora. El autor en seguida coloca a Platón y Aristóteles en su lugar natural –no sé hasta qué punto reconoce la impronta que Platón sigue teniendo en los físicos actuales- y se embarca en la en cierto modo apasionante aventura de resumir la historia de la consideración de las piezas fundamentales del cosmos por parte de los modelos de Newton, Faraday/Maxwell, Einstein 1905, Einstein 1915, mecánica cuántica y gravedad cuántica (el supuesto modelo unificador de las mecánicas cuántica y relativista). Si la relatividad restringida hacía del espacio y del tiempo percepciones que dependían del estado del observador y la relatividad general las relacionaba con la materia y la energía, el modelo de gravedad cuántica, recogiendo las semillas de la relatividad y de la mecánica cuántica, hace a espacio y tiempo meras consecuencias de los campos cuánticos. Es decir, relega la percepción espacio-temporal a una pura ilusión. Lo apasionante de la sucesión de modelos en el mundo de la ciencia es que éstos, de manera progresiva, hagan del modelo anterior un subconjunto del modelo presente. De todos modos, la actual convivencia de otros modelos hace que el mundo de la investigación científica no sea tan ajeno a la post-modernidad como a veces quiere creer. Aunque el autor muestra que sus planteamientos incluyen una variedad de campos y –como buen físico cuántico- exhibe posiciones filosóficas antirealistas, echo en falta nociones elementales de complejidad y, aun más grave, observo muchas falacias cognitivas cuando confronta visiones con encuadres absolutamente distintos bajo la excusa de que “la ciencia abarca toda realidad”. Rovelli, como Demócrito, admite que el mundo está constituído por cosas que se suman y se promedian y que nuestros sentidos perciben tales promedios. Y pone, como Demócrito, el ejemplo de las letras y las palabras. Una vez más respondo que las frases y las palabras están construídas con letras, pero que lo que dicen las frases no está en las letras. En este caso, obviamente, porque las letras no precedieron a las palabras. Pero los sistemas químicos sí que precedieron a los biológicos y la vida emergió de la complejidad de los sistemas químicos. Una última reflexión: me pregunto cómo explicar a personajes que aún creen que la Tierra es plana que nos movemos ya más allá de la tetradimensionalidad.

martes, 10 de enero de 2017

Bielorusia

                           
                           -¡Ni harto de vino te podré dar nunca la razón, Zeitokovsky! ¡Todas estas conjeturas que con tanta alegría revuelves me parecen tan gratuitas que no me atrevería ni a calificarlas de falsas! Hace años que veo por donde vas y te aseguro que no haces más que alejarte de las apreciaciones más comunes y razonables, que constituyen el camino de la veracidad al cual, humildemente, intento honrar con mis contribuciones!
                        -¡Pero cálmate ya, querido Menidov, que acabarás sufriendo un ictus! Yo solamente pretendo ordenar mis ideas –nunca imponerlas- y para ello despliego las antenas de mi conciencia. En ocasiones capto interferencias que tomo por señales claras pero siempre intento aprender de mis errores…
                        Así venían larga y repetidamente coloquiando una pareja de jubilados bielorusos con inquietudes intelectuales en diversos campos del saber.

                        -Es que no puedo evitar una sensación de menosprecio hacia tu palabrería tan poco fundada en la ciencia, y eso, debido a nuestra larga amistad, me causa un profundo malestar psíquico.
                        -Pero la amistad, amigo Menidov, está por encima de cualquier discusión pseudofilosófica que podamos entablar. ¡Y tampoco sigue el método científico!
                        -También lo creo así, viejo Zeitokosky. Y si la amistad no sigue el método científico es porque se halla en el lado mental de la barrera cartesiana, separada del lado material, objeto de la ciencia.
                        -Tu problema, buen Menidov, es que das por sentados unos referentes que crees estables, y yo no veo el mundo así.
                        -Y ¿como quieres que piense sobre el mundo y lo analice como objeto si no doy por sentados unos referentes mínimos -que puedan satisfacer a todos- a partir de los cuales pueda construir un edificio de conocimiento?
                        -No te pido que derrumbes ningún edificio ni tengas que justificar cualquier pensamiento como si estuviera libre de referencias, como hacen los postmodernistas y deconstruccionistas. Pero sí me gustaría que considerases dos cosas. La primera que amplíes un poco tu concepción del mundo como objeto y tu mente como sujeto. Has de pensar que tu mente forma parte del mundo y que por tanto no está situada en un mirador especial. La segunda es que no alienes tus percepciones –ya sé que me dirás que unos mínimos intersubjetivos son condición sine qua non para conocer- situándolas así en un espacio neutro “realista”.
                        -Entonces no hace falta que sigamos hablando. Vayámonos a casa y cultivemos solamente nuestras funciones animales, ya que no es posible que desarrollemos ningún conocimiento más allá del puro instinto animalístico.
                        -¡No corras tanto, Menidov!¿De donde sacas todas estas conclusiones que a mi me parecen tan precipitadas como a ti las mías?¿De la tradición?¿Del sentido común? La tradición varía mucho cuando consideras diferentes tamaños de escala mostrando que no es un esquema fijo, sino que evoluciona.
                        -¡Claro! Evoluciona como la Ciencia! A base de acumular conocimiento, de ganar terreno a la ignorancia…
                        -Pero ¿Dónde se acumula este conocimiento?¿En una especie de registro “salvado”? Este conocimiento, amigo Menidov, forma parte de nosotros mismos, y evoluciona con nosotros. Es más, nuestros referentes, nosotros mismos, evolucionamos con ellos. El realismo ingenuo –que sostiene que cada vez estamos más cerca del conocimiento absoluto- no puede existir; es una entelequia falaz. Y todos los fundamentalismos, que ven el mundo construido a base de ladrillos, no son más que ráfagas fugaces de espejismos que duran poco.
                        -Esto es lo que no comparto, Zeitokovsky: ese poco valor que das a la Ciencia, que avanza eliminando falsedades y preservando lo que puede aguantar los embistes de la experimentación.
                        -Mira Menidov, lo que nos separa no es el método sino la creencia básica en una realidad externa, objetiva y aislada.
                        -¿Lo ves, Zeitokovsky? ¡Eres un deconstruccionista!¡Ahora me dirás que la ciencia no es más que un constructo humano!
                        -Si por constructo entiendes una realización, te diré al punto que sí. Si entiendes un montaje caprichoso que se mueve a voluntad personal te diré, también al punto, que es evidente que no.
                        -¿Pero es que acaso no ves, testarudo Zeitokovsky, que no puede existir más que una Física, aquí, en Papua Nueva Guinea, en Saturno ó en Andrómeda?
                        -¿Pero es que acaso no ves, testarudo Menidov, que solo estás enumerando lo que se nos aparecen como espacios muy distantes, y que el propio concepto de espacio es objeto de estudio de la Física y, como tal, varía con el tiempo ante nuestros ojos?

                        Las habituales discusiones entre los viejos amigos se habían ido agriando con los años. Probablemente ya eran demasiado viejos para las alegrías de la juventud pero no lo suficiente para la sabiduría de la senectud.

                        -Sí, esto lo veo, y esto forma parte de lo que antes me refería cuando hablaba de los avances objetivos que la Física ha realizado a lo largo de la historia.
                        -No tengo nada que objetar a eso. Pero fíjate que la Física, como otros campos de la ciencia, ha estado teñida en cada época con los mismos colores que las artes y el pensamiento. Eso la ha hecho básicamente humana e histórica. El modelo relativista y la termodinámica de Clausius, respectivamente, se parecen más al cubismo y a la música de Wagner que a la mecánica newtoniana.
                        -Pero la Física trata sobre realidades objetivas ¡mientras que el arte no! El conocimiento científico es acumulativo y tiene vigencia mientras no es falsado.
                        -No seré tan ingenuo de equiparar ambos tipos de conocimiento que de por sí tienen notables diferencias, pero tampoco separaré radicalmente ambas realizaciones, repito, humanas.
                        -Cuando no queden humanos los planetas seguirán obedeciendo las Leyes de la Física.
                        -Pero quizás en ese momento el Sol sea una gigante roja que englobe gran parte de sus planetas, y en su seno las leyes de la física serán diferentes de las que rigen ahora.
                        -¡Me refiero a otros planetas, listillo!
                        -Mira: hemos llegado a un punto muerto en nuestra discusión. Admitamos que hablamos de cosas diferentes, o mejor aún, que nuestras aserciones se basan en creencias diferentes.
                        -¿Creencias?¡La Ciencia no se basa en creencias!
                        -¡Pues claro que sí! El platonismo que exhibes cada vez que hablas de Leyes Universales Eternas es una creencia.
                        -Pero no puedes negar fácilmente ese principio…
                        -La Universalidad y la Eternidad son relativos…que a fuer de situarse en una zona estable del espacio-tiempo se nos aparecen como inmutables.
                        -Tu también debes, por tanto, sostenerte en una creencia…¿o eres tan sagaz que ni eso?
                        -Me sostengo en la creencia de que todo evoluciona, incluida nuestra mente, que atraviesa innumerables etapas de crecimiento que no terminan necesariamente en la del sentido común…
                        -O sea, que opones un heraclitismo a mi supuesto platonismo…
                        -Quizás lo oponga como método para amplificar mi horizonte pero acto seguido intento escalar una dimensión hasta que ambas creencias se solapen.
                        -¿Por qué disfrutas tanto intentando desmontar lo que es sólido?
                        -Disfruto imaginándome situaciones más amplias que las que estamos inmersos…
                        -Ya que me planteas tantos contraejemplos del mundo del arte: ¿Qué crees que pasará con la música de Bach cuando ya nadie la entienda?
                        -Pues ese –por otra parte funesto y esperemos que alejado- día la actualización de ese lenguaje ya no tendrá lugar y contemplaremos la música de Bach como un objeto histórico y no como una experiencia actual
                        -¿Cómo muchos de los intérpretes de música antigua nos quieren vender?

                        -Amigo Menidov: ¿Ves como ahora sí que me has entendido?

lunes, 17 de octubre de 2016

Revisiones


                     El mundo de la ciencia actual tiene el deber inexcusable de revisar sus principios epistemológicos, metodológicos y éticos. Aparte de unas pocas disciplinas que se nutren de una visión sistémica –algunas de las cuales, como la cosmología o la ecología se siguen percibiendo como “de poco impacto para el desarrollo social”-, la mayoría de las ciencias naturales reposan aún sobre un fondo analítico, cartesiano y reduccionista que impide su progreso y las hace servidoras de aquel “dominar la naturaleza” tan típico de la segunda revolución industrial. Actualmente el mundo de la ciencia está dominado –consciente o inconscientemente- por el modelo anglosajón, que refiere a una lógica, una racionalización cerrada que a menudo acaba en un argumento circular. Con esta ciega adopción de las racionalizaciones -que tan a menudo niegan la propia racionalidad- una parte de la ciencia se ha instituido como representante de la verdad absoluta, con capacidad para rehusar el incluir entre sus disciplinas gran variedad de actividades calificados como “pseudociencia”. No tengo problemas para incluir en esta categoría al psicoanálisis o al materialismo histórico –por la misma regla de incumplimiento de falsabilidad popperiana debería también incluirse aquí al darwinismo, afirmación hecha por el propio Popper-. Con lo que sí tengo grandes problemas es con excluir estas aproximaciones “no científicas” de la historia de las ideas grandes y fructíferas. La racionalidad cerrada puede abstraer y recurrir razones pero nunca crear nuevas visiones. Además y especialmente, el modelo de ciencia al que antes me refería rara vez se autoinspecciona para salir del insidioso realismo ingenuo en el que habita desde hace décadas. Supone tácitamente que el observador, separado del objeto, ocupa una posición inexpugnable de clarividencia suprema desde la que observa el mundo de forma pura y absoluta, en una especie de platonismo irreductible, y que esta posición –fuera de toda contingencia- se mantiene eternamente inmutable. Lo que nos lleva a los modelos de pura acumulación que consideran el conocimiento una masa sólida que se deglute hasta el final. Es por eso que todo un apóstol de este modelo como Bertrand Russell, convencido de que el mundo se comporta de forma aristotélica y que ninguna certeza se escapa a la lógica, fue siempre enemigo acérrimo de Kurt Gödel, quien demostró que hasta la aritmética resulta ser un sistema incompleto que se ha de apoyar ad infinitum en otros metasistemas. Y eso que fue el propio Russell quien actualizó la paradoja del cretense, verdadero agujero de la lógica aristotélica.


viernes, 19 de febrero de 2016

Teenetes, o de la circularidad del mundo


                  Después de disfrutar de un opíparo banquete coronado con dosis variables de alkaseltzer y perbocaciones, nuestro peripatético grupo de dialogantes se aposentó en una sala vecina al atrio de villa Paprika con objeto de degustar lentamente el exquisito té lila que Primula –a la que su difunto esposo había dejado la vida solucionada tras su desaparición- importaba directamente de la Manchuria francófona. Teenetes tomó entonces la palabra: –“La vida es/deviene –como decíamos esta mañana-, y el conocimiento es circular; independientemente de la dimensión en que nos movamos. Si lo hacemos en una dimensión, es como una circunferencia, si en dos, como un círculo, si en tres, como una esfera, si en cuatro, una hiperesfera, y así sucesivamente. Los razonamientos siempre acaban dando la vuelta al espacio n-dimensional en que nos hallemos, y nos vienen a encontrar de nuevo. Es por eso que nuestro cometido evolutivo consiste en ir añadiendo nuevas dimensiones a nuestras apreciaciones una vez exploradas las dimensiones inferiores. Con ello aumentaremos siempre el orden de nuestro mundo, nuestro entorno y nuestros referentes. Cada orden dimensional, sin embargo, nos parecerá inconcluso y misterioso, y esa es una de las mayores grandezas de la vida. Nunca disiparemos el misterio porque a cada nuevo ascenso dimensional el mundo nos parecerá nuevo e inexplorado. Cuando nos apegamos a una dimensión sin promover el ascenso es cuando nos encontramos con racionalizaciones como el cientifismo –que nada tiene que ver con la auténtica ciencia-, reduccionismos como la postmodernidad –la cual, sin duda, no tiene en absoluto autoconciencia de su propia limitación-, e incluso cautividades en esferas mucho más primitivas –es decir, que pueden ser percibidas como patológicas- como la mítica y la mágica. –“Permíteme una puntuación, buen Teenetes, -interrumpió Olecrania, nunca del todo satisfecha con las visiones integrales- el caso es que tú todavía contemplas tu objeto, que en este caso es el propio conocimiento, con ojos de sujeto ¿o acaso el conocimiento se sitúa fuera de las hiperesferas de las que con tanta soltura hablas? –“Gentil Olecrania, sabes bien que considero que el propio conocimiento se ve sometido a la progresión que he descrito. Cuando el propio conocimiento se intenta situar fuera del esquema es cuando aparecen la narrativas. Te pondré un ejemplo. En el último mes le ha tocado un premio importante de la loteria española y otro de la catalana a la misma persona. Podemos pensar que la persona había comprado gran exceso de números de lotería, que  se trata de un golpe de suerte, de un capricho del destino, de la curvatura privilegiada de un campo mórfico, de una singularidad fractal, de una mera casualidad, de una influencia astral, de la presencia de un atractor caótico o de un regalo de los dioses. Todas y cada estas posibilidades corresponde a una narrativa (si: ¡todas!). Que cada cual elija la que más le aplique. Cada una se puede asociar a un estadio de evolución del pensamiento, a una dimensión de la famosa esfera…” –“Querido Teenetes, ¡esto huele ya a cuerno quemado! –intervino el joven Epistaxio-. Con todo tu montaje sofista lo único que aseguras es que, cualquiera que sea la situación, tú mismo tienes bien firmes las riendas de la argumentación; es decir, del poder. ¡Te dedicas simplemente a capturar todo el terreno imaginable con objeto de desarmar a tus adversarios! –“Serenate, oh exaltado Epistaxio, y pon un poco de cordura a tus –por otra parte bien necesarios- ardores juveniles” –contestó, con suavidad, Teenetes-. “Llevas razón: mis argumentaciones son inclusivas, pero también te equivocas: no es mi deseo participar en un torneo de argumentos y mucho menos en una lucha de poderes. En esto llevaba razón Olecrania: la inclusividad, la síntesis, la (¡siempre necesariamente inconclusa!) integralidad forman parte de mis debilidades intelectuales o, mejor dicho, de mis señas de identidad noológica. Piensa que siempre los mayores enemigos no son los que ostentan visiones o apetencias antagónicas o  complementarias, sino precisamente los que comparten las ansias de poder pero cada uno lo ve desde su propia perspectiva personal”. –No había apenas Teenetes acabado su frase cuando el recién incorporado Podialgio, que estaba en ese momento comiéndose con fruición una zalacca, comenzó a balbucir con fuerza mientras gesticulaba como un loco. Los presentes se quedaron estupefactos e inmóviles mientras la situación empeoraba por momentos. Solamente el joven Epistaxio tuvo la rapidez de reflejos para aplicar sobre su amigo la maniobra de Heimlich, cosa que lo liberó de una asfixia casi inmediata. –“Sé bienvenido de nuevo al mundo, goloso Podialgio, y agradece como es debido a tu joven amigo Epistaxio el que puedas seguir viendo salir el sol por las mañanas”, sentenció Olecrania. Apenas se hubo recuperado Podialgio de su aparatosa congestión, se dirigió así a su salvador: –“Amigo Epistaxio, estoy en intensa y duradera deuda contigo ya que, desengañaos todos, sabios Diaximenes, Dioscorides y Teenetes: la realidad se ve en primera persona; todas vuestras teorizaciones no son más que pálidos reflejos de la vida, que constantemente nos ofrece sus mil facetas para ser vividas, sentidas e incorporadas”. Los concurrentes se sumaron a la alegría de Podialgio y Epistaxio y esa misma crepúsculo se entregaron a una celebración báquica que duró hasta bien entrada la madrugada. 


viernes, 12 de febrero de 2016

Dioscorides, o del fractal de las cajas chinas


                   El alba del siguiente día pudo observar como Teenetes practicaba sus ejercicios de yoga matinales, sus abluciones y su ofrenda a los dioses antes de bajar a desayunar a la sala Luis XV de villa Paprika, que a esa hora y debido al sol naciente, ofrecía a los madrugadores huéspedes un milagroso espectáculo lumínico. Primula, observando atentamente, indicaba al personal las necesidades de sus invitados. En la gran mesa circular se hallaban ya Diaximenes y Octopa, ésta última interpretando los sueños que puntualmente le relataba su anciano interlocutor. Pronto se unieron al grupo Dioscorides y Teenetes, que se habían encontrado en el ascensor. Epistaxio todavía dormia y Podialgio, después de pasar una mala noche, había conseguido ser llevado en brazos de Morfeo a una hora que le prevenía bajar temprano a la colación matinal. –“Como te iba diciendo, ¡oh Teenetes!, ayer estuve, durante la duermevela hipnagógica, digiriendo las palabras que utilizaste en tu argumento en contra de mi defensa de la evolución, y un segundo antes de caer en el sueño todo el panorama se ensambló en mi pensamiento de forma clara y distinta”. –“Descríbenos la narrativa de tal ensamblaje, honrado Dioscorides”, -suplicó Olecrania, siempre en busca de nuevos argumentos. –“Pues bien, mi argumento se basa en el descentramiento, en el paso de una perspectiva limitada a una más amplia que limita la primera a un corte n-1 dimensional de la segunda”.-“aclara tus palabras, Dioscorides, o acabaras en el club de los pensadores oscuros”-apostilló Teenetes. -“Lo siento, Teenetes, mi lengua no alcanza a expresar prontamente el entramado con que la intuición me ha obsequiado… digamos que lo que veo es que esa extraña y escurridiza percepción a la que llamamos tiempo y a la que habitualmente relegamos como un elemento que nada tiene que ver con nuestras habituales coordenadas espaciales está relacionada con el descentramiento de orden n+1 al que aludía.”-“¡No fastidies que acabas de reinventar la relatividad restringida, Dioscorides!” –gritó, decepcionada, Olecrania-. “-¿Para esto has utilizado un preámbulo tan ampuloso?”. –“Comprendo tu decepción, Olecrania, pero antes de juzgar mis balbuceos déjame terminar, te lo suplico” –contestó un hemiavergonzado Dioscorides-.“No hace tantos años que todavía se debatía sobre la biogénesis en términos de panspermia, de generación espontánea, de hecho aislado, de hecho no observable por científicos de las más variadas corrientes de pensamiento. Curiosamente, al abandonarse la hipótesis de la generación espontánea –que hoy en día parece que hace reír a casi todo el mundo- se retrocedió también en la hipótesis de la evolución desde la no-vida, y se substituyó por la hipótesis panspérmica –que refiere, sin duda, al mito- o la consideración de la biogénesis como un accidente de probabilidad mesurable nula –que refiere a una negación escéptica con pocas probabilidades de desarrollo ulterior”. –“A-a-a-a-ahora s-s-s-si que he pe-pe-perdido el hilo, Dioscorides” –confesó Diaximenes, recién sumado a la deambulante argumentación de su contertulio-. –“Intenta revolver un poco toda mi palabrería anterior, ¡oh Diaximenes!, y dejar que dé lugar a un nuevo aroma: Todos los protagonistas del debate pasaban por alto el hecho de que el proceso de biogénesis se dilata lo suficientemente en el tiempo como para considerar que no ha acabado aún de desarrollarse. Cualquier consideración, por teórica que fuera, no constituía más que una foto fija. Nuestra observación de los fenómenos del mundo, con toda su dinámica, su sistémica y sus constelaciones, no deja de ser también la observación por parte de un entomólogo de una caja de mariposas clavadas con alfileres. Enlazando ya con las consideraciones de ayer puedo comprehender vuestras notables aportaciones con la idea de que 1/ el invariante de Teenentes con que cotejar los estados evolutivos tiene la misma naturaleza de corte epistemológico que los estados, pero en un orden de dimensión n+1 y 2/ las metaposiciones que apoyan cualquier narrativa se hallan en el mismo orden dimensional que la narrativa original”. –“O sea que –prosiguió Olecrania- llegas a la filosofía de Heráclito 2500 años más tarde, pero con un condimento de relatividad, de autogeneración de sistemas y de recurrencias gödelianas ”. -“Ni más ni menos, sagaz Olecrania”. –“Pero ya sabes bien, audaz Dioscorides, que la cultura occidental, de la cual procedían los precedentes que has enumerado, tuvo siempre una fijación con el ser de Parménides más que con el devenir de Heráclito”. –“Pero con muchas y notables excepciones, amable Olecrania: Hegel, Nieztsche, Heidegger, … Se podría decir que la visión del ser y la del devenir son mundos que se autocontienen simultáneamente, como el ying y el yang. Yo te acabo de describir la visión desde una de las perspectivas. Te podría de la misma manera describir la visión complementaria, la que tú llamas habitual a lo largo de la historia de occidente. La visión que da origen a los términos evolución y comparación entre estados evolutivos que discutíamos ayer. Fíjate cuan cosida tenemos esta visión a nuestra epidermis que somos incapaces de ver la visión alternativa que acabo de tratar”. –“Pero entonces, querido Dioscorides, ambas visiones representarían la misma realidad vista desde ángulos diferentes?” –intervino, entre retador e irónico Teenetes-. “Querido Teenetes: sé hacia donde me quieres conducir: hacia una nueva dicotomía que englobe mi juego sofista. Mi respuesta es ésta: ambas visiones no son ni complementarias ni antagónicas: se autocontienen una a la otra hasta el infinito, como el huevo y la gallina. ¿Es ésta una respuesta conforme a tu alta concepción del razonamiento o debo sacar más conejos de la chistera?”-En este punto todos los concurrentes fueron incapaces de reprimir una sonora carcajada, incluyendo a Primula, que, una vez organizada la velada, se había sumado pasivamente al diálogo. Únicamente Epistaxio, que justo acababa de llegar a la sesión -y también a la mayoría de edad-, se sintió desconcertado, mientras Podialgio seguía descansando en sus aposentos. Primula invitó entonces a sus huéspedes a disfrutar del jardín de plasma que había instalado en el ala este de su villa para entretenerlos con diversas maravillas hasta la hora de comer.


viernes, 29 de enero de 2016

Conexión



                        ¡Cuan poca gente, todavía, es capaz de salir de sus coordenadas mentales más inmediatas y tener una visión más integral del mundo! Y no me refiero, evidentemente, a un apartarse cuantitativo, de un tomar más distancia, sino a un ascenso cualitativo, dialéctico. Quien todavía vive en la Modernidad da por sentado que las trazas, los thumbs, el engramado de las ideas, de los objetos, del conocimiento, de la percepción, de las creencias, de la belleza o de la comunicación simplemente no existen y que la res extensa y la res cogitans constituyen mundos estancos. Los que viven en la Post-Modernidad han captado el relativismo de la Modernidad y no solamente perciben los engramados sino que en todo momento acompañan sus constructos con ellos, en un sinfín de explicaciones que a veces rozan el ridículo. Los que viven en la Trans-Modernidad se han percatado de que los engramados no se construyen ab initio, desde la nada objetiva, sino que todo se halla sometido a la evolución, y los telones de fondo blanco absoluto, simplemente, no existen. El que haya entendido mi fugaz descripción habrá entendido el 85% de este blog.

jueves, 16 de abril de 2015

Certezas

El método científico, aproximación al estudio de la naturaleza extendido a fortiori al estudio de las humanidades, constituye una herramienta fundamental para poder acceder al avance tecnológico que la sociedad (especialmente la occidental y sus consiguientes áreas de influencia) ha experimentado en los últimos 500 años. El método científico no puede ser discutido ni criticado, pero, por supuesto, sí puede ser acotado y referenciado so pena de caer en lo que ya hemos caído desde hace más de 200 años: en un epísteme de infalibilidad. El escepticismo, la duda, son parte de las condiciones esenciales a la hora de aplicar el método, aunque la duda nunca puede desaparecer. No hay verdades infalibles en la ciencia. Existen grados de certeza y adecuaciones temporales, eso es todo (eso ya es muchísimo!!). Ni los postulados de Euclides ni la lógica de Aristóteles ni la invariancia galileana, por poner tres ejemplos básicos y fundamentales para el avance de la ciencia, han resultado ser verdades absolutas. Han sido “simples” adecuaciones. ¿Cómo avanza entonces el conocimiento científico? Pues por adecuaciones evolutivas, que en ocasiones representan el abandono de un paradigma consolidado, pero que de alguna manera es comprehendido por el siguiente como caso particular. ¿Cuál es entonces la clave, el marcador del grado de desarrollo evolutivo? Ese constructo tan frágil, escapadizo y fugaz al que llamamos tiempo.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Acumulaciones


            Hace cuarenta años, cuando el debate epistemológico entre la Modernidad y la Postmodernidad estaba en su cénit, la pregunta clave en el marco del conocimiento científico era –como se suele plantear en Occidente- de tipo dual: “-¿es o no es acumulativo el conocimiento científico?”. Nuestra posición más avanzada en la actualidad disuelve el dualismo. El conocimiento científico ni es acumulativo ni deja de serlo. Es más bien evolutivo. El conocimiento científico no es una masa sólida que se deglute como podían suponer los modernistas ni un objeto creado a voluntad como podían suponer los post-modernistas. Entre otras cosas porque la mente no es una boca que deglute un alimento externo al organismo ni la realidad es moldeable a capricho. El problema del debate Popper-Kuhn radicó en que ni los popperistas entendieron a Popper ni los kuhnianos entendieron a Kuhn (aparte del hecho de que gran parte de los científicos oyeron hablar de Popper –y lo malentendieron- pero no de Kuhn, al que básicamente malentendieron gente de Humanidades).