La liminalidad temporal aplica a aquellos períodos que se sitúan entre dos zonas cronológicamente bien definidas pero que no participan de las cualidades de ninguna de ellas. Puede referirse a un evento concreto (como la 2ª Sinfonía de Beethoven, que parte ya de los presupuestos de la haydiniana 1ª Sinfonía pero no alcanza la ruptura que supone la 3ª) o a una fase gris entre dos dos momentos de colores bien definidos. Un ejemplo clásico lo constituye la adolescencia, aquel período en que ya no aplican los modos de la infancia pero todavía no se ha constituído la adultez. Las sociedades primitivas, con objeto de marcar màs claramente los límites, plasmaban simbólicamente el cambio a teavés de los ritos de paso. Era una forma de reducir, siquiera psicológicamente, la zona gris. Los ritos de paso fueron evolucionando -a la par que otros trasuntos simbólicos a menudo constelizados alrededor de las religiones- hasta nuestros días. Hace no tantos años las sociedades representaban el paso a la edad adulta a través de ritos como la Confirmación, el Bar Mizvah o similares. Actualmente los ritos de paso ya no tienen su base en la simbología profunda sino que se construyen más bien alrededor de la superficialidad de los mitos actuales, esencialmente aderezados por la maquinaria mercantilista. ¿Cuál es la causa de esta deriva? Se trata, sin duda, de un asunto multifactorial complejo, pero me permito señalar aquí un dato troncal situado más allá de lo que normalmente se da por sentado: la desaparición del 'tiempo' en los trasuntos de nuestra Postmodernidad. El tiempo ha sido o bien substituído por el espacio o bien espacializado hasta el punto de perder su antigua y cualitativa posición en nuestra vida. La liminalidad ya no existe; en su lugar aparece un cambio de aguja en una escala o calendario que debemos celebrar porque así lo exige un chapucero y perverso guión.
P.S.: Cuando busco una imagen para ilustrar este post, el 80% de las que me aparecen corresponden al concepto de "espacio liminal". Lo que decía ....

