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sábado, 26 de septiembre de 2026

Liminalidades

 


      La liminalidad temporal aplica a aquellos períodos que se sitúan entre dos zonas cronológicamente bien definidas pero que no participan de las cualidades de ninguna de ellas. Puede referirse a un evento concreto (como la 2ª Sinfonía de Beethoven, que parte ya de los presupuestos de la haydiniana 1ª Sinfonía pero no alcanza la ruptura que supone la 3ª) o a una fase gris entre dos dos momentos de colores bien definidos. Un ejemplo clásico lo constituye la adolescencia, aquel período en que ya no aplican los modos de la infancia pero todavía no se ha constituído la adultez. Las sociedades primitivas, con objeto de marcar màs claramente los límites, plasmaban simbólicamente el cambio a teavés de los ritos de paso. Era una forma de reducir, siquiera psicológicamente, la zona gris. Los ritos de paso fueron evolucionando -a la par que otros trasuntos simbólicos a menudo constelizados alrededor de las religiones- hasta nuestros días. Hace no tantos años las sociedades representaban el paso a la edad adulta a través de ritos como la Confirmación, el Bar Mizvah o similares. Actualmente los ritos de paso ya no tienen su base en la simbología profunda sino que se construyen más bien alrededor de la superficialidad de los mitos actuales, esencialmente aderezados por la maquinaria mercantilista. ¿Cuál es la causa de esta deriva? Se trata, sin duda, de un asunto multifactorial complejo, pero me permito señalar aquí un dato troncal situado más allá de lo que normalmente se da por sentado: la desaparición del 'tiempo' en los trasuntos de nuestra Postmodernidad. El tiempo ha sido o bien substituído por el espacio o bien espacializado hasta el punto de perder su antigua y cualitativa posición en nuestra vida. La liminalidad ya no existe; en su lugar aparece un cambio de aguja en una escala o calendario que debemos celebrar porque así lo exige un chapucero y perverso guión.
P.S.: Cuando busco una imagen para ilustrar este post, el 80% de las que me aparecen corresponden al concepto de "espacio liminal". Lo que decía ....

martes, 31 de mayo de 2022

Pasado

 


                        Como todos los elementos que giran alrededor de ese metaconcepto nebuloso al que llamamos tiempo, el pasado, en términos personales, constituye un concepto sumamente subjetivo y evocador. El pasado puede ser un bálsamo protector, aunque a menudo ofrece una protección ficticia porque a la vez que aparentemente protege a la psique también la hace más vulnerable al presente. El pasado concebido como jardín secreto del que emana la alquimia de la eterna juventud o el pasado escapista donde refugiarse son imágenes que se podrían corresponder con esta doble acepción de que hablaba. El Romanticismo hace del pasado el paraíso perdido, el lugar mágico inalcanzable. Es decir, orilla el aspecto temporal del término mientras penetra en el terreno de la mitología. El pasado que anhela el Romanticismo, en realidad, nunca ha existido. El Clasicismo también sitúa su mundo ideal fuera del tiempo, en la zona en que campean los conceptos de la razón no sujetos a contingencias temporales. La zona donde habitan los cuerpos regulares de Platón, los conceptos a-históricamente reificados o la perspectiva isométrica. Esta zona puede o no ser accesible, pero usualmente no lo es en el pasado sino en el futuro. El mundo a-temporal se sitúa entonces como culminación futura, como perfección asintótica. Pero el pasado también -y más a menudo- hace referencia a un pasado personal concreto, que se puede evocar con nostalgia (Addio del passato!, Yesterday,) o con escarnio (Monsieur mon passé,¿voulez-vous passer?). Se trate o no de un pasado realmente vivido, la visión que tengamos de él nos condiciona el presente y, por ende, si concebimos la historia como una carambola casual, el presente nos está, a pesar nuestro, contruyendo silenciosamente el futuro.

sábado, 31 de agosto de 2019

Conspiraciones

              
                         Me entero a través de adolescentes (de los que ya sabemos que están cautivados por las teorías conspiratorias) de que se está preparando un desembarco humano –real o virtual- en la famosa Área 51 para el próximo mes de septiembre. ¿El objetivo? Acceder a los supuestos cadáveres de alienígenas que supuestamente están allí depositados desde hace más de 70 años. Lo primero que llama la atención es que en plena crisis de la democracia y en el corazón de lo que solía ser uno de sus bastiones los jóvenes estén más interesados en este tipo de mitologías que en el centro de todo el asunto que las induce. El malestar genera así una necesidad de escapismo con tintes regresivos. El tema de la vida extraterrestre as algo muy serio sobre lo que se puede investigar e incluso reflexionar muy extensamente. Las teorías conspiratorias solamente alimentan nuestros estratos míticos, autopropagándose. El procedimiento de replicación viral en red es particularmente eficaz en el caso de las teorías conspiratorias. Área 51, una base militar secreta aeronaval, acoge desde hace muchas décadas todo tipo de mitologías, desde los encuentros con seres inteligentes extraterrestres hasta el desarrollo de armas basadas en energías desconocidas pasando por el teletransporte, los viajes en el tiempo, y actividades de una supuesta organización clandestina que gobierna el mundo. El evento, anunciado a través de Facebook, ha congregado ya a 1.6 millones de supuestos “goers” que desafiarán las balas de la barrera militar con las técnicas manga de Naruto Uzamaki (sic) . El creador del evento, temiendo ya las implicaciones judiciales que se puedan derivar, asegura que todo el montaje no es más que una parodia virtual. Y la ‘Storm área 51; they can’t stop us’ ha generado ya toda una serie de futuras batidas a lugares recónditos que albergan relatos míticos: los archivos centrales de la secta mormónica, el lago Ness o el Triángulo de las Bermudas. El deseo de hacer caer estas mitologías va parejo a la mitologización –absolutamente inadvertida- de nuestra realidad aparentemente des-mitologizada (¡y no es un trabalenguas!). La autofagocitación, por eso, es evidente: la gente del pueblo cercano a Homey Airport (que éste es el nombre oficial de Área 51) ya se está fregando las manos pensando el auge que van a tener sus negocios durante unos días.