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domingo, 16 de agosto de 2026

Disciplina

 


Existe una buena colección de substantivos que han caído en desuso, principalmente porque los valores que representan ya no son reconocidos como tales por gran parte de la sociedad. Algunos de ellos incluso han sido demonizados y han acabado recibiendo connotaciones negativas. Es el caso de lo que conocemos como disciplina. Hoy en día este término se asocia con castigo, coerción y explotación (en la constelación de lo que M Foucault entendía por 'sociedad disciplinaria'). Si buscamos el término en Wikipedia su significado se asocia mayormente al ámbito militar (aunque en la English Wikipedia por lo menos existe un epígrafe referido a la 'autodisciplina'). Y es dentro de esta última acepción donde podemos encontrar la parte positiva, útil; el valor de la disciplina. Disciplina es lo que se necesita para desarrollar una buena técnica en los más diversos ámbitos. Gimnastas, instrumentistas, atletas, bailarines, trapecistas, cantantes -es decir, actividades que llevan la psicomotricidad hasta zonas màs allá de lo usual- precisan de una buena dosis de disciplina en sus entrenamientos diarios. Pero también aquellos que practican un régimen alimenticio para perder peso, los que intentan dejar de fumar o quienes realizan ejercicios físicos rutinariamente con fines terapéuticos necesitan de la disciplina. Los que realizan actividades que requieren de intervenciones urgentes como bomberos o sanitarios también la necesitan (en este último caso la disciplina proviene de la aplicación estricta de unas reglas dictadas exteriormente, lo que la acercaría más a la variante militar a la que refería al principio). Otras actividades que  aparentemente no dependen de la psicomotricidad como la meditación o incluso algo tan nimio como el no dejarse arrastrar por los ofrecimientos que los algoritmos continuamente nos ofrecen en las redes sociales, también precisan de disciplina. Una especie de disciplina del alma de la que actualmente carecemos en grado extremo. Es evidente que no todo el mundo es susceptible de practicar la autodisciplina pero se trata de uno de tantos valores que van en retirada (conforme va avanzando la debilidad moral de esta sociedad con un concepto equivocado de lo que es el bienestar). La disciplina del alma se relaciona, por tanto, con la dominación supraconsciente de la mente (como muy bien reza un proverbio anglosajón "the mind: good servant but bad master".
PS: En Extremo Oriente, hecho cultural ancestral, la disciplina se adopta  de forma mucho más natural que en Occidente.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Contajes

 


              Entre la tradición Oriental y la tradición Occidental (así, hablando en macro) existen casi siempre contrastes. Contrastes que en cierto modo se van suavizando a lo largo de un irregular proceso de mestizaje dialéctico. Un contraste que me parece muy sugerente hace referencia al acto de contar. En Occidente ‘contar’ se refiere a cuantificar, usualmente pertenencias y, más concretamente, dinero. Contar es propio de tacaños o gente con el corazón enfermo (Euclio, Harpagon, Mr Scrooge). Al menos es lo que sucedía en momentos más prestantes de la civilización occidental. Quizá hoy en día este tipo de personaje merece un respeto porque todos los paradigmas son válidos. En las tradiciones orientales, contar no hace referencia necesariamente a cuantificar. Dentro de las diferentes corrientes meditativas, a menudo el primer paso, el que ayuda al aprendiz a perfeccionar su técnica, se basa en el contaje. El objetivo de tal acción es el del descentramiento. De forma significativa, en occidente el contaje de ovejas, acto muy similar, se utiliza para dormir, ya que el descentramiento conduce a la pérdida del yo, que se asocia a la inconsciencia, a la disolución. He aquí, pues, la gran diferencia. Mientras que para unas tradiciones la conciencia más profunda se basa en el desapego, para las otras se basa en la permanencia del yo (cogito, ergo sum). Recuerdo que cuando mi hija, recién adoptada y con un conocimiento prácticamente nulo de la lengua, bajaba y subía escaleras en el metro, contaba los peldaños en voz alta. Una forma interesante de situarse en un mundo absolutamente nuevo. La suave, meditativa e hipnótica música del compositor Morton Feldman requiere un constante esfuerzo de contaje por parte del intérprete. Aunque la mayor parte de las músicas se basan en un contaje, en este caso los requerimientos de la atención son mucho mayores, hecho que contrasta con la poca apariencia rítmica del discurso. Ello provoca en el intérprete una especie de trance por focalización de una atención plena que, a la postre, se transmite a los oyentes. Los psicólogos de cualquier tendencia indican que cuando uno se siente invadido por un impulso poco sano que invita a una rápida acción desmesurada, una buena táctica consiste en contar hasta diez antes de dejarse invadir. Es como poner el reloj en standby, como procurar un tiempo muerto de acción en donde re-centrarse y permitir que el neocórtex controle al cerebro reptiliano. Contar, paradójicamente y en cierta medida, es situarse fuera del tiempo.