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lunes, 3 de marzo de 2025

Bucle Acelerado

 


        La imbecilidad, cultivada de forma acelerada durante las últimas décadas, ha florecido de forma universal para gran regocijo de muchos. La presente versión de la imbecilidad, además, se inocula y  reproduce de forma viral, con impresionantes crecimientos de progresión geométrica. Es difícil escapar a su contagio y hacen falta ciertas máscaras intelectuales para mantenerse en pie mientras se está sometido a su continuo bombardeo. Las máscaras intelectuales están basadas, claro está, en creencias; creencias firmes pero siempre flexibles, aunque nunca de quita y pon. Lo que está sucediendo en la geopolítica mundial no tiene otra explicación que la conjunción de la creciente debilidad moral por parte tanto de explotadores como de explotados (roles ambiguos ambos) sumada a la imbecilidad, cultivada de forma acelerada durante l ......

viernes, 29 de julio de 2011

Romanticismos

                        La parte más negativa de las posiciones comunes es su carácter insidioso. No se notan. Te encuentras sumergido en un caldo social y cultural hacia el que tus percepciones, a fuerza de contacto, han perdido ya su sensibilidad. En una conversación reciente, y al comentario de mi interlocutor –para nada proveniente del campo de las ciencias “objetivas”, debo recalcar-, de que la bioquímica determinaba tales y cuales comportamientos, alegué que sí, que la bioquímica era el correlato “externo” del asunto. Entonces mi interlocutor me miró con cara rara, como si estuviera frente a un habitante del pleistoceno con sospechosos ribetes vagamente “a-científicos”, “irracionales”, “ocultistas” o, peor aún, “religiosizantes”. Al cabo de un momento, en un nuevo comentario, mostró su solución mágica frente a la imposibilidad de conjuntar una visión chata del mundo como la que había abrazado hacía un instante con el mundo interior no reconocido por el contexto social-cultural predominante: el romanticismo. El romanticismo como posición desesperada, como regresión a los supuestos orígenes prístinos, vírgenes, ante la imposibilidad de evolución en la dirección aparentemente única que nos plantea nuestro entorno más visible, nuestra posición común (aunque mucho menos común de lo que muchos creen). ¿Tanto cuesta ver que los pensamientos, el dolor (físico ó emocional), la felicidad, el goce estético, la compasión y otras mil cosas son experiencias personales que tienen sus correlatos “externos” observables, pero subjetivas (ó intersubjetivas) y vividas únicamente en primera persona? (y que todo ello no tiene nada que ver con la supuesta irracionalidad ú ocultismo, términos todos ellos que hacen solamente referencia a otra posición común, otro cliché). Respecto a la des-integración involutiva romántica, acabo de leer una cita de Michel Focault que viene como anillo al dedo: Creo que hay una tendencia fácil y generalizada que debemos combatir: la de designar como nuestro primer enemigo aquello que acaba de ocurrir, como si siempre fuera la peor forma de opresión de la que nos tenemos que liberar. Esta simple actitud implica una serie de peligrosas consecuencias: primera, una tendencia a buscar una forma barata de arcaísmo o una antigua forma imaginaria de felicidad que la gente, de hecho, nunca tuvo. En este odio al presente hay una peligrosa tendencia a invocar un pasado totalemente mítico. Gran parte de los movimientos del New Age, dicho sea de paso, caen dentro de esta descripción.


miércoles, 24 de febrero de 2010

Suicidas


                    Si algo queda absolutamente vivo del pensamiento de Parménides no posee los ribetes ontológicos con que se adorna usualmente la filosofía de este autor, sino más bien se refiere a la dualidad de segundo orden que podemos establecer entre el camino del desarrollo, el que conduce a alguna parte, y el de la regresión, el que no conduce a ningún lugar sino más bien a la autodestrucción (en el sentido de no-progresión más que en un sentido mítico de aniquilación). El acto regresivo más radical que se puede dar, el suicidio, es directamente autodestructivo y sigue constituyendo un motivo de rechazo por parte de la sociedad, especialmente por sus estratos más evolucionados. Los estratos que viven en épocas míticas, sin embargo, llegan a apoyar tal proceder e incluso incitan a sus hijos a realizarlo en pos de un mundo mejor. Pienso en los fanatismos religiosos de todo tipo, desde las madres de los yihaddistas suicidas hasta la madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, instando a su hijo a que realizara tal acción, aun a riesgo de perder su vida. El problema mayor de las regresiones es su elevado poder infectivo-expansivo. Las promesas que ofrecen de entrada los procesos regresivos parecen lo suficientemente atractivas como para dejarse seducir fácilmente por ellas. Si tales promesas van además dirigidas hacia un fin supuestamente liberador ó trascendente, como en los casos mencionados, es cuando más peligrosas se hacen las regresiones.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Regresiones


Toda mi vida he sentido un extraño placer al contemplar fotografías de épocas pretéritas, estuvieran o no ligadas directamente a mi propia biografía. Lo primero que hay que plantearse ante este caso –por otra parte de lo más común, ya que es compartido por una buena parte de individuos- es la consideración de un posible escapismo ó regresión que fueran alimentados por tal actividad. La regresión implicaría un elevado grado de nostalgia por una época –vivida ó no en realidad-, mientras que el escapismo iría asociado a una atracción morbosa hacia una zona intramental muy subjetiva con preferencia sobre el espacio intersubjetivo. Tanto escapismo como regresión –y ahora sigo a Freud- acabarían necesariamente manifestándose como narcisismo. La contemplación de las fotografías evoca también una visión historicista de la existencia humana, reñida frontalmente con los criterios reduccionistas de la realidad única que gozan hoy de tanta predicación en el ágora (de tanta, de hecho, que se dan por supuestos sin confrontarlos con posibles alternativas). He utilizado conscientemente un verbo muy significativo: evocar. Denota, entre otras muchas cosas, el dejar correr la fantasía, el darse a la ensoñación, entrar en nuevos mundos, ampliar el espectro de la conciencia…También confesaré que siento un similar placer contemplando viviendas antiguas (100 años ó más), tanto por dentro como por fuera. No por simple deseo de chafardería sino por el afán de conocer nuevas realidades, la presencia del pasado. Ahora quizás sí que ya hablo desde la regresión (el interior de los edificios, me diría Freud, evocación del claustro materno). Los edificios de viviendas más modernas no me motivan (a no ser que sean singulares) porque creo saber lo que encontraré dentro: una muestra más de la realidad única.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Harry Potter y la Falacia Pre-Trans


A los niños les encanta ver una y otra vez el mismo film hasta que se saben de memoria el más mínimo detalle. De esta forma hacen totalmente suya la historia que ven hasta literalmente fundirse con ella. Gracias a esta conocida tendencia he podido ver unas 500 veces, de forma fragmentaria, una aventura de Harry Potter. En esta historia de fondo peterpaniano nos encontramos una vez más con padres bondadosos muertos y padrastros malévolos vivos y molestando a la inocencia infantil con sus racionalistas ataques a la magia y a la imaginación. Al igual que Peter Pan, Harry Potter es un monstruo más horripilante que cualquiera de los que aparecen en sus aventuras. Niños que no quieren evolucionar, que confrontan su supuesta inocencia con el vil mundo de los mayores. Es una forma de ver el mundo, no peor que otras, pero sí, evidentemente, menos evolucionada. El padrastro malvado probablemente es tan malvado como el perverso Dr Caligari, que no es otro que el bondadoso director del manicomio en donde está recluido el loco que explica la historia del famoso film. Una vez más, la falacia pre-trans. Los cuentos de hadas son muy útiles, pero su utilidad es del mismo tipo que la del chupete. A partir de cierta edad el chupete está mal visto, aunque en ocasiones se buscan substitutos de todo tipo. Existe un tipo de cuento más evolucionado, la historia moral ó la fábula. Bajo este punto de vista considero La Cenicienta ó El traje Nuevo del Emperador (¡genial¡) más cercanos al mundo del adulto que las historias de mayores perversos y niños buenísimos. Muchos estudiosos (la junguiana Marie-Louise von Franz entre ellos) han estudiado con profundidad el significado psíquico de los cuentos de hadas. No puedo añadir nada nuevo. El paraíso no se encuentra al principio de la evolución, sino al final, después de despertar de todos los sueños, que nos envuelven a todas las edades.

martes, 26 de septiembre de 2006

Autoridad


La autoridad se halla en crisis. Es una crisis paralela a la de los modelos sociales, de conocimiento ó de percepción vigentes. La autoridad paterna ha sido vendida, no por un plato de lentejas sino por mil y un cachivaches con que satisfacer temporalmente los erráticos deseos de la gentecilla en época formativa. La autoridad representada por los maestros se halla tan degradada que en algunos casos es difícilmente reconocible. Las autoridades política y religiosa son fuertemente cuestionadas ó rebatidas. En un mundo que está girando y se está poniendo patas arriba es lógico que la autoridad, en general, se mire con un aire muy sospechoso. En ocasiones es difícil, sin embargo, distinguir entre los elementos que nos rodean en medio de tal torbellino. En tal estado de cosas, los errores categoriales pueden hacer su aparición con mucha facilidad. Existe cierto tipo de autoridad, por ejemplo, que no tan sólo no ha desaparecido, sino que se ha reforzado. Es la autoridad de la Ciencia. La autoridad del especialista es una de las pocas que no se cuestionan hoy en día (sobretodo cuando el especialista lo es en un tema que la mayoría desconoce). Hasta en los spots publicitarios se nos refuerza la bondad de tal ó cual producto con la aseveración de que está científicamente comprobado. Es la misma historia que la de los papas renacentistas repartiendo indulgencias a aquellos fieles que contribuyeran con sus óbolos al sufragio de construcciones suntuarias. Entonces te aseguraban nada menos que el cielo, ahora tan sólo se te asegura un efímero beneficio para tu salud. Y es que la inflación, con tantos años, se nota.