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jueves, 17 de febrero de 2022

Post-Reflexión

 


                   Acabado ya de leer Postmodern Music, Postmodern listening, me vienen en mente una serie ulterior de reflexiones alrededor de nuestra postmodernidad:

-El agotamiento del camino que ha guiado la Modernidad en su evolución y el supuesto alejamiento del gran público por parte de las obras en su postrer período son dos fenómenos paralelos pero no necesariamente relacionados causalmente. La distinción entre Postmodernismo y Postmodernidad, a estas alturas, sin embargo, ya no es posible.

-La pretensión de estar más allá de cualquier paradigma es el resultado de la progresiva disolución de los paradigmas o, mejor, del gran meta-paradigma de la Modernidad. La conciencia -vertiginosa- de la movilidad de paradigmas ha dado paso a la creencia -gratuita- de que cualquier paradigma se puede elegir ad hoc y ponerse sobre la mesa de juego, que conservaría así un carácter de fondo neutro para decorar al gusto de cada cual.

-La conciencia de mesa de juego neutra es -aunque muy débil-, un paradigma.

-Todo lo que es el caso es el fruto de una relación, siquiera una relación con un paradigma. El olor a rosas no es algo que esté ontológicamente unido a la esencia de la rosa sino el fruto de una relación entre unas moléculas volátiles que la especie ha desarrollado y unos receptores olfativos que un organismo ha desarrollado. Para alguna especie la rosa puede no ser en absoluto olorosa o, incluso, dar lugar a un olor desagradable.  

-La pretensión de estar fuera del tiempo y negar así la evolución da paso a la utilización del pasado para crear superposiciones que pueden ser generadas por cualquiera como simple juego gratuito.

-La evolución es un fenómeno que se da de forma natural en el mundo físico y en el mundo biológico. ¿Por qué no se tendría que dar igualmente en el mundo noético?

-Si el mundo de las ciencias de la naturaleza se hubiera planteado más en serio la filosofía de Kuhn y el mundo de las ciencias humanas se hubiera planteado más en serio la filosofía de Popper -en un grácil intercambio de filosofías favoritas- el mundo del intelecto estaría sin duda mucho más equilibrado.

-El mundo actual, en su ridículo sometimiento para con la llamada corrección política, confunde la igualdad de votos -grandeza del sistema democrático- con la igualdad de opiniones -miseria de la laxitud paradigmática-. El trabajo de depuración y profundización que se debía hacer en la Modernidad para poder “entender” la obra de un gran creador se ha visto substituido por la gratuidad caprichosa capaz de superficializar cualquier contexto. Como la putilla del film de Woody Allen que "escribe como Chejov".

sábado, 2 de marzo de 2019

Correlaciones



                         En 2008 se publicó un ahora famoso artículo en el que se re-visita el aforismo de George Box –y de algunos estadísticos anteriores- que afirma que todos los modelos usados por la ciencia –desde la biología hasta la psicología, pasando por la sociología y la física– son falsos, aunque algunos son muy útiles. Esta idea se ha visto reforzada gracias a la actividad correlacionadora que ofrece el Big Data. Es decir, que el propio método científico a través del cual se generan hipótesis que luego se contrastan experimentalmente se ve cuestionado por la petagígica nube. Según las corporaciones de Big Data la generación de modelos ya no es necesaria. Los modelos siempre acaban fallando, al contrario que las correlaciones. ¿Quién dice que los filósofos no son ya necesarios? ¡Lo son más que nunca! Es evidente que se trata de un enunciado falaz, y no precisamente porque el método científico sea infalible sino porque la ausencia de modelo que reivindica el Big Data no es tal. Existe un modelo implícito que, por omnipresente y rutinario, ha acabado transparentando y está por este motivo epistemológicamente camuflado. La afirmación sobre los modelos presenta un notable isomorfismo con los enunciados básicos de la Postmodernidad: No existen verdades absolutas. No existen; pero el anunciado, por contenerse a sí mismo, se sitúa fuera de la lógica aristotélico-cartesiana: las conclusiones postmodernas son ciertas, pero no se pueden aplicar en absoluto dentro de un ámbito anterior (es decir, moderno). El hecho de querer hacer de una correlación estadística una verdad universal es como hacer una religión del enunciado Todas las religiones son falsas o pretender que los modelos científicos se transforman, a base de años, en dogmas de fe universales. Los modelos no son más que narrativas que van evolucionando y se adaptan así a las contingencias de cada momento histórico. Los modelos del día de hoy son los de la complejidad, que gran parte del mundo científico todavía no ha comprendido. Y esto que aplica al mundo de la ciencia aplica también al mundo de la espiritualidad y al mundo del arte. Hay que recelar siempre de los poseedores de la verdad absoluta, sean quienes sean. Aunque se trate de la hoy omnipresente y omnipotente petagígica nube.

jueves, 24 de enero de 2019

Esferificaciones



    El cambio fundamental que se ha gestado a lo largo del S XX atañe a los fundamentos del pensamiento (ergo; de cualquier estructura generadora de conocimiento, arte incluído) occidental. Estos fundamentos son los que representa la constelación Parménides-Platón-Aristóteles y se basan en la supuesta pre-existencia de unas entidades ajenas a nuestro pensamiento a las que podemos acceder (a base de razonamiento y experiencia; de acuerdo con Descartes o Hume). Durante la Edad Media se fueron consolidando las características y diferentes matices de los diferentes autores de la constelación clásica. La filosofía moderna actualizó la clásica pero abrió un espacio a la auto-reflexión o incluso a la revisión y así llegó a preguntarse por la misma posibilidad y los mecanismos del pensamiento, aunque sin llegar a dudar sobre la preexistencia de los fundamentos. La filosofía de Hegel abre una ventana al respecto sugiriendo que tales entidades se actualizan encontrándose a sí mismas a través de un proceso de evolución que tiene lugar en el tiempo. Es decir que puntualiza la existencia a-temporal ya que el propio Espíritu debe de encontrarse a sí mismo a través de una realización. Filósofos posteriores como Nieztsche, Heidegger, Rorty y tantos otros han incidido con fuerza creciente en esta cuestión. Se me ocurre ilustrar esta explicación con un ejemplo histórico. A lo largo de la historia de la ciencia moderna en algunas ocasiones se ha considerado que la luz posee una naturaleza ondulatoria y en otras que posee una naturaleza corpuscular. Hace cien años se consideró que la luz poseía ambas naturalezas simultáneamente y que exhibía una u otra dependiendo del origen de nuestra pregunta al respecto. La salida del dilema es sencilla: las naturalezas llamadas ondulatoria o corpuscular son dualidades o clasificaciones intramentales que existen en la medida en que las definimos y utilizamos pero de ninguna manera son descripciones “duras” de la naturaleza del mundo. Es por eso que estas categorías y dualidades desaparecen: porque simplemente dependen de nuestras construcciones que también evolucionan. La evolución del pensamiento, conocimiento y realizaciones en el tiempo tiene lugar de forma necesariamente conjunta. Si el primer punto se queda estancado y reposa en un numeroso conjunto de racionalizaciones fijas el camino evolutivo se empieza a curvar hasta llegar a cerrarse sobre sí mismo formando una esfera que provoca un estancamiento. La traslación que implica la evolución se transforma entonces en un eterno girar aprisionado alrededor de la superficie interna de tal esfera. Esta es precisamente la situación que hemos bautizado como Postmodernidad. Todo esto no equivale a decir que la Naturaleza sea inescrutable. Equivale a decir que nuestra posición de observadores fijos no existe. Krishnamurti lo resume así: “La realidad no es una cosa que se pueda conocer con la mente, porque la mente es precisamente el resultado de lo que se conoce”.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Axonometrías



             En varias ocasiones se ha utilizado el concepto de las percepciones del espacio y del tiempo para caracterizar una época (Jean Gebser) y elaborar una dinámica de la evolución en base a las modificaciones que tal percepción ha ido sufriendo a lo largo de los siglos. Según el modelo de Gebser la aparición de la perspectiva en la representación pictórica va asociada con el cambio de paradigma que supone el inicio de la Modernidad occidental en el período renacentista. La perspectiva pone un orden típicamente racional entre los elementos que ocupan el espacio. Pasamos con ella de la percepción anterior “pequeño-mediano-grande” que aparece en la pintura románica o en las representaciones de la Antigüedad (que atendía mayormente a la significación/simbolismo del personaje representado) a establecer un nexo de unión más elaborado entre los pobladores de tal espacio. La perspectiva ofrece así una estructura mental-espacial en la que lo percibido depende tanto de sus dimensiones como de nuestro punto de vista, traduciéndose de manera correspondiente con las representaciones pictóricas bidimensionales. Existen fundamentalmente dos tipos de perspectivas: las axonométricas y las cónicas. En las primeras las proporciones de los objetos representados guardan una relación entre ellas que no depende de la posición del observador (se podría considerar que ofrecen una vista “desde el infinito”). En eso se asemejaría a la visión idealista (platoniana, no hegeliana) en la que la mente es capaz de aprehender el mundo sin participar de él (curiosamente, este tipo de visión se denomina ahora en filosofía realista). En las perspectivas cónicas la imagen representada deforma sus proporciones de acuerdo con el punto de vista del observador, de manera que ahora la perspectiva depende en gran medida del punto de vista de tal espectador. Las líneas que en el espacio tridimensional son paralelas aparecen ahora como líneas que convergen en un punto infinito -el llamado punto de fuga- de manera que se ha invertido el rol de sujeto/objeto propiciado por la perspectiva axonométrica. Si allá era el observador quien se situaba en una posición idealmente infinita ahora el observador proyecta hacia el infinito la invarianza de proporciones tridimensionales. La perspectiva cónica admite además puntos de fuga adicionales (tantos como dimensiones queremos representar). Los dos tipos de proyección que describo corresponderían respectivamente a la visión racional pura (Platón, Descartes) y al giro copernicano propiciado por Kant. En nuestro momento se hace del todo necesario añadir complejidad a este símil y tendríamos que hablar, además de multiperspectivas, de representaciones (tridimensionales) de objetos tetradimensionales. Ahí lo dejo…

viernes, 29 de enero de 2016

Conexión



                        ¡Cuan poca gente, todavía, es capaz de salir de sus coordenadas mentales más inmediatas y tener una visión más integral del mundo! Y no me refiero, evidentemente, a un apartarse cuantitativo, de un tomar más distancia, sino a un ascenso cualitativo, dialéctico. Quien todavía vive en la Modernidad da por sentado que las trazas, los thumbs, el engramado de las ideas, de los objetos, del conocimiento, de la percepción, de las creencias, de la belleza o de la comunicación simplemente no existen y que la res extensa y la res cogitans constituyen mundos estancos. Los que viven en la Post-Modernidad han captado el relativismo de la Modernidad y no solamente perciben los engramados sino que en todo momento acompañan sus constructos con ellos, en un sinfín de explicaciones que a veces rozan el ridículo. Los que viven en la Trans-Modernidad se han percatado de que los engramados no se construyen ab initio, desde la nada objetiva, sino que todo se halla sometido a la evolución, y los telones de fondo blanco absoluto, simplemente, no existen. El que haya entendido mi fugaz descripción habrá entendido el 85% de este blog.

sábado, 9 de mayo de 2015

Telones de fondo

                     
        La post Modernidad, a la que tantos posts he dedicado de forma directa o indirecta establece, en su versión hard, que no hay verdades absolutas y que no existen hechos, sino interpretaciones (la versión soft establece que todo es relativo) y que cualquier producto de la historia se puede deconstruir en sus elementos, por lo que se deduce que cualquier producto futuro se puede construir a voluntad de cada cual y que todos tendrán su cuota de verdad relativa. Por productos de la historia se entiende cualquier tipo de producto: artístico, filosófico,  científico, cultural, natural, social. Se respira así un clima de “final de la historia” como final de la evolución. Existe una profunda contradicción dentro de todo este asunto. En ocasiones he visto referida esta contradicción en la forma de autoengaño: si no hay verdades absolutas, la postmodernidad, que no deja de ser una consideración, tampoco lo es. Así se puede llegar a la paradoja de la auto-contención (la hace poco citada paradoja del cretense). Existe otra manera de descubrir la falacia de la post-modernidad (en el fondo es la misma, pero ofrecida bajo otra perspectiva). Las supuestas verdades relativas que se pueden construir y deconstruir precisan para poderse efectuar esta operación de un fondo neutro. Este fondo neutro es una forma de verdad absoluta introducida como un poco disimulado troyano o macrodiablo de Maxwell. Alguna pared de fondo siempre ha existido, también con la Modernidad (Renacimiento-Ilustración). Con el final de la Modernidad y la subsiguiente caída de su propio telón de fondo la postmodernidad ha creído ver en el nuevo telón de fondo el verdadero punto final y  lo ha tomado así por una referencia absoluta e inamovible. Como concluyo siempre con este tema, el valor real de la postmodernidad informa sobre la decrepitud de la modernidad pero no constituye ningún estadio evolutivo. La Postmodernidad es el camino a través del cual se accede a la transmodernidad.

viernes, 7 de marzo de 2014

Quiralidad


                     
                     La quiralidad es la propiedad por la cual un objeto no es superponible  con su imagen en el espejo. Cualquier objeto que carezca de un plano de simetría, por tanto, es quiral. La palabra procede del griego chiros (mano), parte de la anatomía que presenta dicha propiedad. Si la imagen en el espejo representa la polaridad de los simbolismos, que en el mundo físico resultan en ocasiones compensados (el caso de las manos: derecha masculina-activa/izquierda:femenina-pasiva), los objetos quirales “desaparejados” simbolizan parejas truncadas, un miembro de las cuales existe en el mundo físico y el otro en el mundo especular. El reconocimiento de la quiralidad precisa de una interacción quiral, bien sea física, química o involucre además la conciencia. Vistos desde una perspectiva tridimensional, los objetos bidimensionales no aparecen quirales porque se les puede “dar la vuelta” alrededor del plano en donde habitan. Homólogamente, los objetos quirales en tres dimensiones dejan de serlo si se los considera desde una perspectiva tetradimensional. Obviamente no podemos “ver” directamente objetos en cuatro dimensiones, pero sí sus proyecciones dinámicas –igual que las proyecciones dinámicas de los objetos tridimensionales se pueden representar en un espacio bidimensional-. Esta operación (que además se puede llevar ad infinitum a lo largo de cualquier n-dimensión superior) acaba haciendo coincidir a las parejas enantioméricas. Toda esta disquisición no es más que una forma geométrica de representar la síntesis/disolución de dualidades que siempre tiene lugar en cuanto se asciende el orden dimensional. Debo de confesar aquí, para mi estupor, que esta conclusión no la tenía clara al comenzar este escrito, y que sólo se ha ido revelando a lo largo de su escritura.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Sanadores



A lo largo de mi vida me he relacionado con numerosos practicantes de la medicina New Age: sanadores, naturópatas, homeópatas, cosas más folklóricas…Una gran mayoría de ellos están en posesión de la verdad absoluta y son adeptos de una religión que combina sin pudor irracionalidad con avidez monetaria. Debo advertir (¡o quizás no haga ya falta a estas alturas!) que siempre he estado muy interesado en las vías alternativas, en la heterodoxia y en las visiones amplias que tengan suficiente enjundia como para ir más allá de la en ocasiones miope y acomodaticia ortodoxia. Pero pretender que esta operación se pueda hacer sin esfuerzo y a gusto del sacerdote-sanador, eso todavía es peor que la miopía y la mediocridad. Un elevado porcentaje de los sanadores New Age otorga al paciente la culpabilidad de su dolencia. Si uno sufre de la vista es que tiene un corazón tan duro que no quiere ver el mundo; si uno sufre de la piel es que tiene una rabia contenida y una visión negativa que le impide la sanación; si uno tiene cáncer es porque no ama lo suficiente….No es difícil ver una relación con los procesos de caza de brujas que organizaban las fuerzas vivas en el S XVI. Cuando los miembros de estas sectas pretenden explicar sus a menudo gratuitas apreciaciones en términos científicos –rationale incluído- es precisamente cuando aparecen como más patéticos (en numerosas ocasiones apelan a la mecánica cuántica, algo sobre lo que no tienen la más remota idea). No tengo ningún prejuicio que me impida creer que existen aproximaciones al mundo de la sanación diferentes de las occidentales, heterodoxas ó incluso increíbles. Lo que a estas alturas ya no creo en absoluto es que tales aproximaciones nazcan en una zona prerracional y a gusto personal del que las inventa o adapta a su –normalmente perturbada- personalidad. Muchos de estos charlatanes acaban confesando que ellos mismos han estado enfermos porque alguien –o sea, ellos mismos- les ha hecho mucho daño emocional. Por eso han acabado tan resentidos e invariablemente amenazan a sus atemorizados pacientes que si no siguen sus instrucciones al pie de la letra irán de mal en peor (extra ecclesiam nulla salus). Después indican el precio de la consulta rápidamente y en voz baja, quitando hierro al asunto, que suele consistir en una importante suma de dinero (negro). Por eso alguien (¿Woody Allen?) dijo que cuando alguien te habla de forma exclusiva de Dios o de salud ya puedes preparar el bolsillo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Dilemas

                        Se ha dicho muchas veces –y de forma muy sabia- que los dilemas no se resuelven, sino que se disuelven. Esto quiere decir que un dilema no constituye un absoluto sino que contiene de forma inherente (aunque subrepticia) su marco de referencia. Cuando un dilema tiene una profundidad y un alcance elevados, se constituye como una dualidad. Y de la misma manera que los términos de una  dualidad se pueden integrar en un nivel u orden de conocimiento superior, los dilemas se pueden disolver simplemente modificando (ampliando) su marco de referencia. Gran parte del error de apreciación que muchas personas dedicadas al mundo de las ciencias naturales cometen se debe a la creencia infundada de que nuestros marcos de referencia permanecen constantes con el tiempo y que los progresivos descubrimientos constituyen únicamente una adquisición pasiva de nueva información. Es evidente que muchos descubrimientos siguen esta tónica, pero no los más cruciales, que básicamente modifican precisamente nuestro marco de referencia, nuestro paradigma. Y esta modificación suele corporizarse como una ampliación del marco anterior (lo que en ocasiones tiende a hacer creer que el conocimiento es puramente acumulación plana de contenidos). Ampliación es aquí la palabra clave, que marca la diferencia entre la postmodernidad mal entendida (la que aboga por los paradigmas a capricho) y la que deconstruye para poder seguir construyendo en un orden superior. El famoso dilema entre Kuhn y Popper/Lakatos sobre la distinción entre un orden normativo y un orden psicológico en nuestra relación con la Naturaleza se disuelve simplemente observándolo como una comparación entre términos ortogonales que dan lugar, por cruzamiento, a un espacio de dimensión superior: los paradigmas existen y son inconmensurables; el orden normativo en la naturaleza es un reflejo de nuestras propias percepciones; la falsación existe y los paradigmas evolucionan. No veo contradicción alguna considerando todas estas afirmaciones simultáneamente.

viernes, 27 de enero de 2012

Jerarquías perceptivas


                        El fascinante mundo de la conciencia abarca numerosos ámbitos y niveles estructurales como son la percepción, la auto-percepción, el juicio, etc. La percepción se puede analizar de diversos modos, pero un modelo ampliamente utilizado por muy diversas escuelas psicológicas es el basado en las funciones psicológicas descritas por  C. G. Jung en su tratado Tipos Psicológicos. Estas funciones son cuatro: los sentidos, los sentimientos, la razón y la intuición. Jung, en la formulación de los tipos, organiza unas díadas entre las funciones que él clasifica como “masculinas” ó “activas” (razón y sentimiento) y las “femeninas” ó “pasivas” (sensación e intuición), para cruzar cada función predominante con el carácter intra ó extra-vertido y así configurar las características de la relación entre los humanos y su entorno. Posteriormente se han derivado variantes de tal formulación como los tipos de Myers-Briggs ó más recientemente los temperamentos de Keirsey. No hace falta discurrir demasiado para deducir que cuanto mayor equilibrio exista entre las funciones psicológicas tanto más armónico será el devenir evolutivo del individuo porque acusará menos las operaciones que desarrollará su psique con el fin de compensar las eventuales carencias. Desde este punto de vista las cuatro funciones son absolutamente necesarias y el hecho de que normalmente los individuos presenten algunas de las funciones más desarrolladas no implica necesariamente categorización evolutiva. Sin embargo, las funciones por ellas mismas sí tienen un orden jerárquico que va de menos a más conciencia, del mismo modo que el proceder de la maduración a través de los diferentes períodos de la infancia  tal como los plasmó J. Piaget en su obra. Bajo esta perspectiva podemos establecer que la sensación es la función psicológica más primitiva, propia de todo ser vivo; diferenciada en los cinco sentidos en los animales superiores. La sensación es la más “física” de las funciones psicológicas. Su contrapartida orgánica material está en el cerebro primitivo o reptiliano. Igual que el cerebro límbico se sitúa sobre el reptiliano, el sentimiento sigue a la sensación en la jerarquía de la percepción. Si las sensaciones son un driver para las conductas más primarias, las emociones lo son para conductas más evolucionadas, propias ya de las especies superiores, especialmente de la humana. Las emociones tiñen las sensaciones e incluso tienden a hacer lo mismo con el raciocinio, confundiéndose incluso a menudo con las intuiciones. Si las emociones son los caballos que tiran del coche, el raciocinio es el cochero que dirige los caballos. Si se enganchan al coche unos caballos salvajes, el deambular frenético hasta el colapso está asegurado. El raciocinio se relaciona con el neocórtex. Después de la cristalización y posterior glorificación de la razón que supuso la Ilustración europea, la consiguiente negación de la razón que supuso el Romanticismo y la consiguiente negación del Romanticismo que supuso la primera postguerra mundial, en nuestra época hemos hallado finalmente la conjugación de ambas necesarias funciones en un todo jerárquico al que llamamos inteligencia emocional. La última función, la intuición, es la menos conocida por ser la más evolucionada. Es, en cierta medida, una función transracional, en la que juega un papel importante el inconsciente y la experiencia. Mantiene una puerta abierta al pasado pero mira especialmente hacia el futuro, conviertiéndose en el motor de las búsquedas más profundas. Es un pegaso que ha logrado integrar al cochero y tira del carro en la oscuridad.

martes, 15 de noviembre de 2011

Una Teoría de Todo


A/ Tendemos a alienar la mayoría de nuestras apreciaciones.


B/ Existen modos de conocimiento transracionales.

Amén

sábado, 9 de julio de 2011

Movimientos


La Traslación es el movimiento que nos lleva hacia un objetivo y que por concatenación nos hace recorrer un espacio de objetos. La Rotación es el movimiento que nos centra en nuestra interioridad y nos hace partícipes de la naturaleza de los procesos. La condena de la traslación es el eterno vagar errante por no hallar el objeto deseado; la condena de la rotación es el eterno girar sin encontrar el centro inmóvil.   Los occidentales han buscado su cielo mediante la traslación; los orientales su nirvana mediante la rotación. El movimiento que se corresponde con la globalización es el de vibración, partícipe de los dos anteriores pero diferente a ellos. Resulta de la proyección unidimensional de la bidimensional rotación y da la sensación de traslación truncada, pero la Vibración es el movimiento de la resonancia, de la correspondencia, del símil, la participación, la respiración, el cosmos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Obras paralelas


En la literatura sobre la obra de Mahler que conozco (que no es mucha, todo sea dicho) no se destaca especialmente la relación entre la figura de este maestro y la de Schubert, aunque creo que las obras de ambos creadores tienen mucho en común. Tanto Schubert como Mahler abundan en ritmos de marcha, ya sea ésta militar ó fúnebre. En el caso de Schubert incluso la marcha del caminar vagando (Das Wandern) llega a hacerse hasta obsesiva, como en los magníficos impromptu D. 899 nº1 y Andante del Trio D. 929 ó trágica, como en la canción que abre Der Wintereise. Las marchas propiamente militares se inscriben para Schubert más cerca de la música popular festiva, al contrario en este caso de Mahler, siempre asociadas a los lejanos toques militares oídos desde casa en su niñez. Aunque Mahler también saca partido de la marcha militar al descubierto (Revelge). Ejemplos de grandes secciones sinfónicas mahlerianas con carácter de marcha pueden ser el primer movimiento de la III sinfonía (en la que el siempre programático R. Strauss creía ver ecos de una marcha del 1º de mayo en el Prater vienés), el movimiento inicial de la V sinfonía (marcha fúnebre en este caso) ó el andante de la VII sinfonía, inspirado, dicen, en la célebre Ronda de Noche de Rubens. Ambos compositores sobresalieron en el género liederístico (central en la obra de Schubert pero coexistiendo con todo tipo de géneros; prácticamente el único género tocado por Mahler aparte de la sinfonía). Y en ambos casos encontramos reaprovechamiento y amplificación de música liederística en otros géneros; así la fantasía Wanderer, el cuarteto La Muerte y la doncella, las variaciones sobre Trockne Blumen, el quinteto La Trucha en Schubert; Der Antonius von Padua Fishpredicht (scherzo II sinfonía), Ging heut’ morgen ubers feld y Die zwei Blauen Augen (1er y 4º movimientos I sinfonía), Lob des hohen verstandnis (Finale V sinfonía) en Mahler. Tanto Schubert como Mahler poseían el secreto profundo del don melódico, algo bastante difícil de encontrar. Schubert, tratando siempre de imitar a su ídolo Beethoven, se acercaba a un punto muy distante, creando una nueva organicidad sutil y melódica que nada tiene que ver con la de su contemporáneo. Mahler es capaz de hacer cantar a toda una orquesta –si es necesario en contrapunto, como en el final de la V sinfonía-, desde la tuba hasta el timbal. Y ambos creadores se sirven para sus desarrollos de progresiones tonales poco convencionales, a veces hasta sorprendentemente novedosas. Una marca característica de ambos creadores consiste en la repetición de una célula temática en modo mayor en su modo homólogo menor (con retorno ocasional al modo mayor inicial), como enunciando el anverso y el reverso del mismo objeto. Ambos compositores hicieron incursiones en el terreno de la música de corte más ligero (música de salón en el caso de Schubert, muy famosa en su época, y que posteriormente nubló en parte la visión de un Schubert más profundo, resaltando su pertenencia a la generación Biedermayer; música tangueante o zingarizante en el centro de las sinfonías mahlerianas). Ambos autores mostraron también predilección por la música de baile en compás ternario, influencia austríaca en general, con sus ländler campesinos y vienesa en particular, con sus valses urbanos. Tanto Schubert como Mahler tardaron en ser aceptados como compositores de primera línea. En el primer caso gracias al paladinaje de autores como Schumann, Mendelssohn y Brahms. En el segundo, a la recuperación de la música postromántica tras la II Guerra Mundial. Finalmente, tanto en Schubert como en Mahler hallamos constantes referencias a la muerte. De forma más poética en el primero y más morbosa (malheur) en el segundo. Una lista de diferencias podría seguir, pero la creería menos significativa que la recién enumerada.

viernes, 18 de marzo de 2011

Espacio Tiempo Materia

La Teoría General de la Relatividad de 1915 establece un nexo estrecho entre espacio, tiempo y materia, de manera que, en ausencia total de materia no podrían existir los otros términos. También que el Universo es finito, aunque ilimitado, de la misma manera que lo es una superficie esférica para un perceptor bidimensional. Es por ello que no tiene sentido preguntarse qué es lo que hay más allá de la materia y del espacio. La pregunta se ve teñida de un condicionante que ampliamos inconscientemente hasta más allá de donde pierde su validez formal. El espacio tal como lo percibimos de forma primaria crea en nuestra mente un concepto que utilizamos fuera de los límites de su ámbito de aplicación. Si decimos que la materia repliega el espacio en sí mismo hasta cerrarlo y que resulta imposible huir de tal conjunción –so pena de ser absorbidos por un agujero negro- hemos de comprender que más allá de la materia no hay espacio ni tiempo. Y esto es algo que la mente sólo puede intuir, y aun usando una metaimagen. Por una razón análoga, la mente no puede gestionar adecuadamente percepciones internas que necesitan de una estructura más evolucionada que ella misma para ser aprehendidas. Dichas percepciones se deben de verbalizar necesariamente como koan, paradojas, simbolismos ó ilusiones sensoriales, tal y como se presentan en los dibujos de hiperestructuras en dos dimensiones. La única manera de poder captar algo perteneciente a un orden dimensional –ó de conocimiento- superior pasa por deconstruir el concepto subyacente previamente. Deconstruir no para quedarnos únicamente con el decorado previo visto desde atrás –como hace la postmodernidad- sino para poder además retroceder y abarcar una visión más global, más inclusiva. El camino de la evolución fructífera siempre pasa por trascender incluyendo los estadios previos.

sábado, 5 de marzo de 2011

Camino central


            Casi estoy por pensar que dos impulsos en principio antagónicos que todos sentimos en algún momento en lo que respecta a  nuestra relación con el mundo y la sociedad, la rebelión y la aceptación, se corresponden con las actitudes tradicionalmente adscritas a Occidente y Oriente, respectivamente. Las rebeliones (me refiero a las internas) tienen un lado positivo: pueden hacer desatascar una situación y hacer renovar un flujo, flujo externo como corresponde al sentir occidental. La aceptación –que, por regla general, sigue de forma natural a una rebelión- tiene la virtud de poner las cosas en su sitio para que el flujo –ahora me refiero a un flujo interno, el que corresponde al sentir oriental- siga su curso hacia la transparencia que permita el acceso hacia la liberación, hacia el fin del (auto)engaño. Las construcciones culturales han hecho que los occidentales percibieran a los orientales como faltos de impulso y determinación para la acción y que los orientales percibieran a los occidentales como unos irreflexivos a la caza de una pura ilusión. Es decir, que han visto la parte negativa de la cultura ajena. Cuando seamos capaces de equilibrar los factores antagónicos vislumbraremos el camino central, el único capaz de superar el dualismo e integrar los contrarios.

domingo, 20 de febrero de 2011

Reuniones

Cada vez se tiene más tendencia a planificar -y con ello a acotar- el futuro a corto/medio plazo. Sabemos ya en enero qué reuniones tendremos el próximo diciembre, con quién y los temas que se discutirán. Pensando un poco más (siendo creativos, dirían los falsos profetas de la psicología industrial), hasta las conclusiones a las que llegaremos. Y si me apuras un poco, hasta podríamos escribir ahora el acta del futuro meeting (solamente quedará por añadir la jerga de moda del próximo diciembre). ¿Es ésta la racionalidad de la que tanto nos enorgullecemos? Frente a este fascinante panorama solamente se me ocurren tres explicaciones: o somos unos comediantes de primera, o estamos bajo mínimos en nuestro proceso de evolución o estamos tan asustados que pretendemos no trascender el tiempo, sino detenerlo dentro de lo posible. Posiblemente las tres son ciertas.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Taxonomías

Durante los años de estudios de secundaria recuerdo que de las clases de ciencias naturales lo que más me gustaba eran los nombres de los insectos, árboles y minerales (junto con los grupos de simetría cristalina). Me doy cuenta de que esto demuestra un mayor interés por la relación del hombre para con la naturaleza que por la naturaleza en sí. Aquellos nombres sugerían imágenes poéticas, pero también contextos culturales, tradiciones folklóricas ó trasuntos míticos. De esta manera los nombres científicos complementaban ó jerarquizaban los nombres vernáculos, viniendo a ser una versión globalizada (la globalización etnocéntrica de la época de Linneo) de éstos. Contrariamente, los nombres sistemáticos que nos enseñaban en las clases de química venían a ser la negación de los nombres vulgares de las substancias químicas, procedentes éstos una vez más de la tradición folklórica y de la alquimia. Con ello se demostraba el profundo cambio acaecido en el S XVIII con las ideas de la Ilustración y el culto a la racionalidad, que contrastaba con el espíritu más indiferenciado del siglo anterior. Nombres como Olea Europea, Vanessa Cardui, Parnassius Apolo ó Cercis Siliquastrum nos informaban acerca del ámbito natural propio de dichas especies, su morfología ó sus costumbres. Cuando los nombres sistemáticos, atemporales, a-fenomenológicos y construibles a voluntad hacen su aparición, cuando las substancias químicas se transforman en puros compuestos químicos, también aparece el mundo ideal de la racionalidad. Es un gran paso en la historia de la cultura aunque muchos años después, cuando la postmodernidad da por explorado todo este mundo ideal y, con ello, pretende dar fin a la posibilidad de evolución, también resulta ser todo un lastre.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sueños

Desde épocas remotas ha llamado la atención de la humanidad el tema de las posibles funciones e interpretaciones de los sueños. Así en épocas mágicas, en que los sueños representaban el lenguaje por el que los dioses se comunicaban con algunos representantes destacados de la tribu para enviar buenos ó malos presagios, pasando por las interpretaciones mentales que los diversos modelos de la psicología profunda fueron ofreciendo hasta llegar a nuestros días, cuando todo se pretende explicar exclusivamente a través del cientifismo. Y al atender exclusivamente a las idas y venidas de neurotransmisores, activación de zonas cerebrales y afectaciones orgánicas nos estamos perdiendo gran parte del asunto. Si el soñante siente que un sueño lo afecta particularmente será porque tiene un significado para él, significado expresado en lenguaje simbólico pero traducible por el interesado con mayor ó menor dificultad al lenguaje de la racionalidad. Si a eso lo quieres llamar augurio, energía compensatoria, liberación de instinto ó epifenómeno debido a la acción de la serotonina sobre las áreas temporales del cerebro, se trata únicamente de un problema cultural. Significativamente, tanto los dioses como la serotonina son agentes de la Otredad. El niño siempre busca la culpabilidad de sus actos en objetos externos –animados ó inanimados-, cosa por otro lado necesaria y deseable dentro del proceso normal de desarrollo. La maduración significa entre otras cosas la asunción del yo para lo bueno pero también para lo malo. La diferencia entre los dioses y la serotonina es que la segunda tiene lo que llamamos existencia objetiva, mientras que los primeros representan la otredad subjetiva. Una vez hemos madurado lo suficiente como para darnos cuenta de que todo está dentro de nosotros también nos damos cuenta de que nosotros, el ego, no deja de ser también una proyección. Pero… ¿no estaba hablando de sueños?

jueves, 3 de junio de 2010

Volcanes





Una populosa región se despierta un día sacudida por la erupción del volcán situado en sus inmediaciones. Las escenas de pánico se suceden mientras la actividad volcánica se intensifica. Al cabo de unas horas buena parte de la zona y sus habitantes han quedado sepultados bajo la lava. Este hecho es interpretado de forma diversa atendiendo al grado de evolución que presenta la civilización en cuestión:


· El volcán se ha enfadado porque este año no se le han tributado todavía los sacrificios humanos que exige periódicamente.

· Los dioses han decidido castigar a la población por no haber obedecido sus preceptos y haber descuidado el culto a la divinidad.

· El volcán ha entrado en una fase de erupción después de estar muchos años en reposo y haber olvidado los ciudadanos el potencial peligro que supone vivir a su lado.

· Se ha llegado a una etapa de desarmonía expresada tanto en las deterioradas relaciones de los humanos entre sí y para con la naturaleza como en la actividad telúrica natural.

· El volcán tranquilo, el volcán en erupción, la ciudad, la naturaleza, la vida y la muerte; todo es uno.

No hay que suponer que alguna de las interpretaciones sea cierta y alguna sea falsa. Todas son ciertas a cierto nivel de desarrollo. La idea de que la 3ª propuesta es la cierta y las otras son falsas está absolutamente teñida de su propio nivel de desarrollo (mental-racional). Hoy día difícilmente nadie en una sociedad industrial (y menos post-industrial) creería que la primera respuesta –la mágica- pudiera ser cierta, pero nuestros ancestros no hubieran opinado lo mismo. Encontraríamos mucho más fácilmente adeptos de la segunda propuesta, la propia del mito. De hecho, la calificación de verdadero/falso es un dualismo propio de la etapa mental-racional. Más allá en la evolución la dualidad se funde y con ella la causalidad y la relación sujeto-objeto, restituyéndose el pensador a su lugar dentro del mundo y dejándose de erigir como el observador independiente de una percepción externa.