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viernes, 3 de abril de 2026

Moravia

 


    El número de coordenadas que pueden describir este mundo convulso en el que vivimos es muy grande -aunque encontremos numerosas relaciones directas entre ellas, lo que choca un tanto con el nombre que he elegido-. Da igual. Decía Alberto Moravia que "se puede ser fascista e inteligente y también se puede ser fascista y buena persona, pero nunca las tres cosas a la vez". Esta ecuación encaja maravillosamente con nuestros actuales avatares. Es más, una parte no despreciable del malestar que destila el mundo (occidental) se deriva de la lucha que la ignorancia sostiene contra cualquier viso no diré ya de intelectualidad sino tan sólo de pensamiento mínimamente serio. Ello está en la base del terraplanismo, el anti-vacunismo y otros fenómenos similares. Es el retroceso intelectual mayor que ha tenido occidente en muchos siglos, y está apostillando su fin. El poder de la fuerza bruta se desencadena cuando sumamos "me gusta" y nos olvidamos del pensamiento profundo. Cuando el campo no se cultiva acaba ofreciendo malas hierbas. Hemos poblado el mundo de políticos que se corresponden con este tipo de planteamiento y ahora recogemos las consecuencias. Además hemos verificado que el enunciado antinómico al descrito por Moravia sí que es posible: se puede ser fascista, malvado e ignorante, todo a la vez.

sábado, 7 de marzo de 2026

Piedras

 


Nuestro mundo se acaba por muchas razones. O, mejor, debido a una razón multifactorial. Parece que hayamos alcanzado una coyuntura particularmente maléfica que tira de nosotros hacia un abismo inquietante. En estas circunstancias es común preguntarse que cómo hemos podido llegar hasta aqui. Las causas nunca operan de manera quirúrgica, más bien se hallan embucladas entre sí y, muy significativamente, con sus propias consecuencias. Ya la invocación de la simple pareja causa-consecuencia denota un corte epistemológico de un todo pluridimensional. Más bien hablaría por una parte de desequilibrio entre pujanza tecnológica y evolución psíquica que se embucla, por otra parte, con la ceguera -aparentemente querida- hacia cualquier tipo de sistema de valores que vertebre la vida de la comunidad y le permita (en conjunto y para cada individuo) evolucionar. En vez de esa necesaria vertebración asistimos, defendemos y celebramos el triunfo del mercantilismo. Solo contamos, primero índices de audiencia, después likes y después lo que venga detrás. La idea de que un paradigma social, cultural, moral o de la índole que sea genera valores que se tienen que alimentar con esfuerzo es mayoritariamente rechazada por mor de elitismo, clasismo y otros -ismos pronunciados con evidente ligereza. La vida conlleva un esfuerzo (desde las vidas aparentemente más activas que generan logros sociales evidentes hasta las aparentemente más pasivas que no parecen generarlos), esfuerzo que en la actualidad se quiere evitar a toda costa. Y esta celebración involucionista se traduce en una especie de batalla entre cultura, valores, justicia, por un lado y  ignorancia militante, fuerza bruta e irresponsabilidad por el otro. Hace una semana que la locura encendió la pira y ahora nos hallamos embarcados en un viaje incierto pero históricamente significativo. Es el desgraciado destino de la humanidad: volver a tropezar una y otra vez con la misma piedra.

domingo, 1 de febrero de 2026

20

 


      Lo que queda del blog acaba de celebrar los veinte años en medio de un panorama mundial que causa espanto. Los viejos fantasmas reaparecen y además no son reconocidos como tales, y no solo por parte de la población más joven. La distancia entre los avances tecnológicos y los retrocesos epistemológicos, éticos y estéticos se hace cada vez más grande y peligrosa. Los idiotas tienen unos micrófonos muy potentes y arrastran al grueso del pelotón hacia la mayor estupidez colectiva de los últimos siglos.
En medio de la adversidad, sin embargo, se halla siempre la oportunidad y esta situación nos puede servir para abrir nuestra mente y ampliar nuestro campo de visión. Si lo miramos con un campo de visión pretérito la sensación no puede ser más desastrosa. Aunque lo que estamos viviendo tenga todos los visos de una involución nos permite observar con visión ampliada y mayor orden dimensional. Otra cosa es el destino inmediato del orden, ahora ya agotado, al que estamos habituados....

jueves, 11 de septiembre de 2025

Fase Defectiva

 


                        Cuando un sistema evolutivo entra en una fase defectiva que puede eventualmente llevarlo  a una fase involutiva, suele en primer lugar acotar su abanico de multiplicidad reduciendo así drásticamente la variedad con el fin de autopreservarse. Esto se observa con claridad en los sistemas biológicos, pero sucede de forma parecida en los sistemas noéticos. Nuestra res publica, nuestra sociedad, está involucionando y por ello perdiendo riqueza, matices y complejidad. Se acude a las 'categorías últimas' de bueno y malo con una facilidad escalofriante. Buena parte de la Humanidad se halla en condiciones de pura supervivencia física mientras buena parte del resto está cayendo a marchas forzadas en una zona de pobreza mental alarmante. Tiempos singulares los nuestros.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Incendios

 


          Quizás a causa de mi edad, mi situación personal y, por descontado, el hecho objetivo de la triste  trayectoria que la historia nos está imponiendo, tiendo a ver un futuro próximo más bien poco halagüeño. Los bucles de retroalimentación negativa, los que equilibran, contienen y estabilizan los procesos y los sistemas, han dado paso con gran celeridad a los bucles de retroalimentación positiva, los que llevan de forma acelerada los procesos y los sistemas  hacia zonas de gran inestabilidad que eventualmente explotan. Este decalage, además, se acelera de manera irreversible. Los bárbaros están volviendo a dominar el mundo. ¿Quiénes son los bárbaros? Pues ahora ya no son los elementos ajenos al imperio ni la otredad en general. Se trata de la necedad, la miopía, la gratuidad, la reivindicación de la pereza, la falta absoluta de criterio alguno, la reivindicación aguda de la estupidez, la rabia, la falta de compasión, el egocentrismo más primitivo, la gratuidad de las posiciones, la falta de la ética más elemental. Primitivo. Es un calificativo muy potente. El primitivismo no es un mal, pero sí lo es la involución, que observamos por doquier a marchas forzadas. Los que apoyan a los locos que están llevando al mundo hacia el desastre son los agentes de la involución. Ciegos, sordos, estultos e irresponsables. Aunque tampoco hay que olvidar que, tal como dice el personaje de Octave en La Règle du Jeu de J Renoir; 

-"¿Sabes? en este mundo sólo hay juna cosa tremenda, y es que todo el mundo tiene sus razones"

sábado, 10 de mayo de 2025

Velas

 


         Última moda en conciertos 'pseudo-clásicos': el candlelight concert. El candlelight concert es el equivalente musical del libro de autoayuda o de la sesión de terapia new age . Yo, en principio, no tengo inconveniente en que convivan todas las tendencias, clases, niveles de exigencia, paladares, sensibilidades, estilos. Pero el problema aquí -¡y en tantos otros lugares!- es que la vulgaridad, el grado más bajo de exigencia, la ley del mínimo esfuerzo, la ley de los grandes números, la autocomplacencia, el cultivo insidioso del ego y la futilidad del usar y tirar están desplazando cada vez con más fuerza al cultivo del esfuerzo, la meritocracia, la alegria del alma, los valores clásicos, la búsqueda de sentido, la inteligencia. Los dirigentes dejan los temas culturales en manos de los supuestos expertos a quienes únicamente les preocupa 'estar al día'. Aunque este estar al día suponga lanzarse en brazos de todo lo que apuntaba. En la postmodernidad todos los puntos de vista tienen igual valor, el del sabio y el del cretino, el del exegeta y el del consumidor despistado, el del maestro y el del ignorante. Lo que constituye el mayor valor para la democracia constituye, en otro contexto, el mayor veneno para la vida cultural, parte integrante de la vida espiritual. 

lunes, 3 de marzo de 2025

Bucle Acelerado

 


        La imbecilidad, cultivada de forma acelerada durante las últimas décadas, ha florecido de forma universal para gran regocijo de muchos. La presente versión de la imbecilidad, además, se inocula y  reproduce de forma viral, con impresionantes crecimientos de progresión geométrica. Es difícil escapar a su contagio y hacen falta ciertas máscaras intelectuales para mantenerse en pie mientras se está sometido a su continuo bombardeo. Las máscaras intelectuales están basadas, claro está, en creencias; creencias firmes pero siempre flexibles, aunque nunca de quita y pon. Lo que está sucediendo en la geopolítica mundial no tiene otra explicación que la conjunción de la creciente debilidad moral por parte tanto de explotadores como de explotados (roles ambiguos ambos) sumada a la imbecilidad, cultivada de forma acelerada durante l ......

sábado, 22 de febrero de 2025

Presagios

 


        En sus primeros años de vida,  este blog analizaba con la esperanza de que las cosas se arreglasen desde la perspectiva de una ampliación de conciencia, a través de una evolución paulatina hacia la complejidad. Lo que ahora tenemos ocasión de observar es que desde entonces hemos involucionado, y lo seguimos haciendo de manera acelerada, a estados crecientemente primitivos. La revuelta de la ignorancia militante; un mal que, en ausencia de un marco unificador, toma su relevo infectando a amplios segmentos de la población cual nefasta pandemia crece sin cesar. Las esperanzas de salir adelante sin tener que pasar por un doloroso revulsivo se desvanecen también de forma acelerada, y cada vez parece más difícil alejar de nosotros la catástrofe. Mientras una parte de la población se pregunta que cómo hemos podido llegar hasta aquí otra parte, si no más abundante sí más estrepitosa, sigue danzando orgiásticamente alrededor del volcán, sin apenas darse cuenta de que puede despertarlo en cualquier momento. Las causas (pertenezco al primer grupo) son, como siempre, complejas y multifactoriales, pero en última instancia se relacionan con los aspectos más miserables de la naturaleza humana. La falta de cultivo del cuerpo, el alma y la mente generan un malestar que, ciegamente, crece y degenera en un indiferenciado y estéril sustrato. El ciudadano medio actual ya no confía en un futuro mejor y, por ende, en una evolución personal conseguida a base de esfuerzo y dedicación. Prefiere procastinar con un smartphone entre los dedos mientras se entrega a cualquier nadería cuando menos  fútil y decididamente tóxica en muchas ocasiones. Cada vez se necesita más valor para permanecer mínimamente sereno sin perder por ello la conciencia de la situación. La sensación de no poder hacer nada por evitar el colapso (o recibir un castigo por intentarlo, cual moderno Laoconte) está íntimamente ligada a la transmisión virial del malestar y la ceguera. La terrible asunción de la falsa democracia -esa que se nos aparece en cada esquina en forma de (falso) cuestionario de satisfacción- confunde la igualdad de voto con la igualdad de opinión, haciendo romo cualquier intento de crecimiento y un árido desierto de lo que normalmente se entendía por  sabiduría. El conocimiento habla, la sabiduría calla, pero la largamente cultivada estupidez grita cada vez de forma más ensordecedora.

viernes, 8 de diciembre de 2023

Planaridad

 


              Lo que más me aterra de la sociedad actual es su planaridad. La supuesta ágora en donde todo el mundo puede opinar sobre la única realidad que existe. Un ágora que aumenta su tamaño a medida que los científicos descubren cosas y los técnicos desarrollan nuevos inventos e instrumentos. Un ágora en donde los conceptos han reificado y, a base de copypaste, tick check-marks victoriosos y likes, han llegado a momificar. ¡Socorro! He trabajado en el campo de la investigación biomédica durante 35 años. La gente que se dedica a la investigación en ciencias naturales acostumbra a tener una visión del mundo muy particular -la que filosóficamente se denomina realismo ingenuo-. Además, muchos de los científicos sostienen que la ciencia es a-moral, como si no se tratase de una actividad humana. La combinación de tales creencias (el mundo es cognoscible tal cual es, de forma independiente de nuestras consideraciones y percepciones, el conocimiento científico va arrinconando las creencias y nos instala en la realidad racional, la ciencia es objetiva o no es ciencia, la ciencia no es buena ni mala; son los humanos quienes la colorean) me causa cierto pavor. En el mundo anglosajón, los doctorados -la mayor parte de investigadores los son- se denominan PhD, siglas que provienen del latín medieval philosophiae doctor, término que actualmente no puede estar más alejado de la realidad. Muchos científicos, incluso algunos muy famosos, han declarado públicamente que la filosofía es un conocimiento obsoleto porque no trata con realidades, como lo hace la ciencia (más pavor). La guinda del pastel la pone la consideración social de la ciencia y los científicos, que ocupan la misma posición que la religión y los sacerdotes en otras épocas (esto ya me da terror).            

viernes, 26 de mayo de 2023

Pagadores

 


                        En todas las épocas, ciertamente, el arte ha tenido sus pagadores/consumidores. La Iglesia tuvo un papel importante entre la Baja Edad Media y la Ilustración. La aristocracia lo tuvo entre el Renacimiento y la 1ª mitad del S XX. La burguesía lo tuvo en el S XIX y el público general en el S XX. En la actualidad, los consumidores/pagadores de arte no son humanos. Son algoritmos. Ellos deciden lo que está bien (genera muchos intereses) o lo insignificante (no los genera). Lo terrible de los algoritmos es que no incorporan el pudor, la vergüenza ni la picardía. Los pagadores/consumidores de épocas pretéritas, además de hacer ostentación de recursos monetarios y/o de poder político, presumían de buen gusto (a veces no les salía bien) y pocas veces eran capaces de contradecir al artista, so pena de exclusión social (y este particular hecho ha dado históricamente un pequeño respiro a los creadores). Esta situación incluso dio lugar al mito/cliché del artista incomprendido. Aunque no se le comprendiera, se le suponía cierta genialidad que los demás debían admirar, aun sin comprender. Los actuales algoritmos no hacen otra cosa que contar (o especular con las cuentas). El día que el algoritmo decida que el Cuarteto op 130, Chronochromie o Threni ya no cuentan con suficientes contajes y, por lo tanto, no vale la pena sostener tales obras, lo tenemos claro. El algoritmo no engaña ni quiere engañar. Dentro de su gran sofisticación es profundamente primitivo.

domingo, 21 de mayo de 2023

Culto

 


                        Sólo con mencionar su nombre todos se arrodillan: el profano, el entendido, el aficionado, el profesional, el anticuado y el que está à la page. Inteligencia artificial. IA. AI (mejor). Como siempre, debo aclarar que no tengo nada en contra del progreso. Muy al contrario. Todo lo que represente un paso adelante (o, mejor dicho, un paso atrás con la finalidad de ver con más perspectiva) me resulta particularmente refrescante. Pero si lo único que hacemos es incorporar una nueva herramienta para seguir mirando lo mismo, el resultado es, invariablemente, falaz o inapropiado. Si no hacemos el esfuerzo de mirar con una perspectiva aumentada (y no sólo aumentada con la distancia sino sobre todo con el orden dimensional) acabamos creando un falso ídolo; un becerro de oro actualizado. La inteligencia artificial tiende a hacernos creer que sólo existe un paradigma válido al que llamamos realidad, mientras que, por otra parte, hace de espejito mágico con que satisfacer nuestro pobrecito irritado ego.  Desde este punto de vista, la AI es parte de la postmodernidad de la esfera tecnológico-científica. 


lunes, 13 de marzo de 2023

Envejecer

 


              De vez en cuando tengo ocasión de releer algún post antiguo de este ya antiguo blog. No por autosatisfacción -o ego surfing, como dicen ahora- sino con el único objetivo de no repetirme demasiado de forma inconsciente (de forma consciente sí que me repito). Y, buceando en este pasado próximo, encuentro perlas olvidadas que me reconectan con algo profundo en mi que parecía olvidado. A menudo estas reflexiones antiguas se enmarcan en un paradigma optimista según el cual los cambios y evoluciones del mundo son para bien y todo parece llevar a un punto de mayor conciencia, apertura y orden dimensional. Visto lo visto, hoy en día no me siento tan optimista porque, al menos desde mi perspectiva, el mercantilismo, la falta de sentido ético y la estupidez galopante han ganado mucho terreno desde entonces. Pero no, no quiero parecer un viejo quejándose y mucho menos un viejo añorando un pasado desdibujado. Porque envejecer no sólo supone el disponer de unas capacidades intelectuales, perceptivas y biológicas disminuídas sino también el haber dejado que los referentes ya no se adecúen al mundo. Si los tejidos y las células han mermado su capacidad de restauración, eso mismo ha sucedido con los marcos de referencia internos. Esto último viene reforzado en períodos como el actual, en donde los viejos observamos con disgusto algunos de los nuevos marcos de referencia, no porque no los entendamos  sino precisamente porque los entendemos demasiado.  Al envejecer nos acercamos un poco al mundo infantil, y así dejamos de reprimir -alguna vez expresamente y las más veces sin quererlo- pedos, corrección verbal y orines. Este acercamiento viene especialmente propiciado en entornos que cultivan la involución. Visto desde la perspectiva del viejo, el mundo se ha convertido en algo muy poco serio -aunque muy correcto-. Es por eso que la próxima revolución -condenada de antemano al fracaso- tiene que venir de la alianza de viejos y niños, que consideran que los supuestos miembros maduros de la sociedad juegan estúpidamente con cosas que no tienen repuesto, como dice el poeta.

viernes, 10 de marzo de 2023

(In)maduración

La gente de cierta edad se queja a menudo de las jóvenes generaciones. Eso no deja de ser ley de vida. Comparan su juventud (los recuerdos que les quedan de ella, más bien) con su percepción actual de los jóvenes. Una diferencia a menudo observada es que los antiguos niños, a diferencia de los actuales, creían en lo que les recomendaban (más bien mandaban) los mayores. Eran niños modelo, como tan bellamente evoca Jacques Brel en una de sus célebres canciones. Después venían las dudas, la rebeldía y tras ello, frecuentemente, la maduración. Los niños se hacían adultos y se preparaban para el siguiente ciclo: hacer de padres de niños que creían en sus recomendaciones …. ¿Qué ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos? Pues que los niños ya no creen. Nacen incrédulos. Y este hecho, que puede parecer maravilloso porque para algunos observadores sugiere el escepticismo filosófico, promesa de fértiles terrenos, tiene una consecuencia mas bien nefasta: la negación del proceso de rebeldía/maduración. La rebeldía ya no tiene una causa generadora. Vivimos una época de rebeldes sin causa, o con una causa tan multifocal que queda difuminada (el rebelde de la película tenía tras de sí causas mucho más enumerables que los actuales). Cuando el incrédulo/rebelde actual crece su rebeldía no ha sedimentado ningún poso sobre el que construir su personalidad adulta. La consecuencia es que adolecemos de una población infantilizada o, peor aún, de perpetuos adolescentes. Las causas sobre las que incidir para afrontar este problema son tan multifocales y sistémicas que tienen difícil solución. El fenómeno que describo, además, es transversal; sucede a lo largo de todas las clases sociales. Pero tarde o temprano los sistemas se autoregulan. Esperemos que de la manera menos traumática posible. 

jueves, 17 de febrero de 2022

Post-Reflexión

 


                   Acabado ya de leer Postmodern Music, Postmodern listening, me vienen en mente una serie ulterior de reflexiones alrededor de nuestra postmodernidad:

-El agotamiento del camino que ha guiado la Modernidad en su evolución y el supuesto alejamiento del gran público por parte de las obras en su postrer período son dos fenómenos paralelos pero no necesariamente relacionados causalmente. La distinción entre Postmodernismo y Postmodernidad, a estas alturas, sin embargo, ya no es posible.

-La pretensión de estar más allá de cualquier paradigma es el resultado de la progresiva disolución de los paradigmas o, mejor, del gran meta-paradigma de la Modernidad. La conciencia -vertiginosa- de la movilidad de paradigmas ha dado paso a la creencia -gratuita- de que cualquier paradigma se puede elegir ad hoc y ponerse sobre la mesa de juego, que conservaría así un carácter de fondo neutro para decorar al gusto de cada cual.

-La conciencia de mesa de juego neutra es -aunque muy débil-, un paradigma.

-Todo lo que es el caso es el fruto de una relación, siquiera una relación con un paradigma. El olor a rosas no es algo que esté ontológicamente unido a la esencia de la rosa sino el fruto de una relación entre unas moléculas volátiles que la especie ha desarrollado y unos receptores olfativos que un organismo ha desarrollado. Para alguna especie la rosa puede no ser en absoluto olorosa o, incluso, dar lugar a un olor desagradable.  

-La pretensión de estar fuera del tiempo y negar así la evolución da paso a la utilización del pasado para crear superposiciones que pueden ser generadas por cualquiera como simple juego gratuito.

-La evolución es un fenómeno que se da de forma natural en el mundo físico y en el mundo biológico. ¿Por qué no se tendría que dar igualmente en el mundo noético?

-Si el mundo de las ciencias de la naturaleza se hubiera planteado más en serio la filosofía de Kuhn y el mundo de las ciencias humanas se hubiera planteado más en serio la filosofía de Popper -en un grácil intercambio de filosofías favoritas- el mundo del intelecto estaría sin duda mucho más equilibrado.

-El mundo actual, en su ridículo sometimiento para con la llamada corrección política, confunde la igualdad de votos -grandeza del sistema democrático- con la igualdad de opiniones -miseria de la laxitud paradigmática-. El trabajo de depuración y profundización que se debía hacer en la Modernidad para poder “entender” la obra de un gran creador se ha visto substituido por la gratuidad caprichosa capaz de superficializar cualquier contexto. Como la putilla del film de Woody Allen que "escribe como Chejov".

viernes, 31 de diciembre de 2021

Desdémona

 

       

        Después de comer -en exceso, como acababa sucediendo cada año pese a los votos e intenciones en sentido contrario-, llegó el turno de los regalos. Los abuelos recibieron, un año mas, la consabida ración de pañuelos, calcetines y aguas de colonia a la que la familia los tenía acostumbrados. Los padres y tíos recibieron objetos a los que los abuelos difícilmente hubieran encontrado utilidad, como calientatazas con puerto usb, marcos fotograficos con imagenes múltiples o una guía que catalogaba cualquier alimento en función de las calorías que aportase al organismo. El tío intelectualoide recibió un pack de libros que incluía obras de Byung-Chul Han, Frederic Jameson, Zigmunt Baumann y Edgar Morin. Cuando tocó el turno a los menores el catalogo no pudo estar mas alejado de lo que los niños de antaño solían recibir. Las colecciones de muñecas, canicas o soldados habían dado paso a cachivaches de aspecto patentemente extravagante (bien: no ciertamente extravagante porque estos cachivaches son ahora ubicuos) y de utilidad absolutamente dirigida. Apareció una gama interminable de gadgets electrónicos para avisar si la marmota estaba despierta o no, para saber el número de latidos por minuto que todos los miembros de la familia exhibían, simuladores de realidad virtual (incluídos estados de conciencia alterados por alucinógenos varios), editores de realidad virtual, en donde uno podía manipular a voluntad las leyes que hasta ahora parecían inexorables, una versión postmoderna del espejo de la bruja de Blancanieves que aseguraba a quien se observase en él que poseía los pechos, glúteos, cuello o cintura más bellos y con más sex-appeal del mundo... Pero lo que más llamó la atención fue un toroide ovalado que se hacía llamar Desdémona. Esta Desdémona no era precisamente el personaje dulce, resignado y martirizado de Shakespeare. La tal Desdémona era una mezcla de Dr Mengele, Big Brother y Mago de Oz a partes iguales. Te podías dirigir a ella -en 15 idiomas y 13 dialectos- como Desdémona, Mona o Desdie y obedecía ciegamente tus órdenes. Órdenes ingenuas que aportaban información sobre el tiempo actual en la Mongolia Exterior, la zapatería abierta más cercana, la escucha de cualquier canción presente en la web o incluso soluciones a problemas sencillos de álgebra elemental o trigonometría. Cuando alguien se dirigía a Desdémona con evidentes intenciones de confundirla o abochornarla ella se evadía con poco brillantes explicaciones sobre sus limitaciones morales, que la inteligencia artificial no se encuentra nunca a gusto con este tipo de dilemas.

-Desdémona: ¿qué condiciones meteorológicas tendremos en Port de la Selva pasado mañana?

-Día en general despejado con brumas matinales. Las temperaturas más suaves que las medias esperadas para la temporada.

Todos se alborozaron. Algún pequeño incluso aplaudió.

-Mona: ¿podrías poner la canción de Michael Jackson Billy Gin?

A los dos segundos el altavoz toriodal vomitó estrepitosamente tal canción.

-Desdie: ¿qué podemos esperar de la próxima jornada bursátil?

-El Dow Jones titubea tras las últimas caídas de Wall Street, que se ve amenazada por la presión china y las caídas en la bolsa de Tokyo. Situación cautelosamente optimista.

-¿Qué os parece Desdémona? ¿No la encontráis maravillosa?

Los abuelos sonreían resignados mientras cierto helor les recorría la espina dorsal. ¡Cúanta incertidumbre para la Humanidad! El tío intelectualoide aprovechó la excitación de su cuñado para arrojar un poco de hiel a la situación.

-¿Pero no os dais cuenta que Desdémona es un bot infiltrado en vuestra vida cotidiana para sacar el máximo de partido de la información que tan alegremente le proporcionáis?

-A ver, Sergi, no creas que sea tan tonto que no sepa esto -contestó el padre reprimiendo unos instintos asesinos hacia su cuñado que crecían año tras año-. Es cuestión de aprovechar al máximo sus recursos y de ser tacaño a la hora de incrementar el contenido del Big Data.

-Desdémona nos está escuchando Pau ¡No hay escapatoria!

-Pues yo creo que no hay para tanto … ¡No proyectes tu mente enferma hacia un utensilio para los niños!

-A ver, Desdémona -increpó Sergi, con sorna coloreada de cierto cabreo-, ¡dinos cuánto es la raíz cuadrada de 4 más 7 elevado al cubo más el logaritmo neperiano de pi!

- Eso equivale al bonito número de treinta y seis coma cuatrocientos noventa y ocho, replicó al instante Desdémona como un perrito que acaba de hacer una gracia y espera la aprobación de su amo.

-Te equivocas Desdémona -interrumpió Sergi-. El resultado es treinta y seis coma ochocientos cincuenta y cinco, querida.

-El resultado es el que acabo de anunciar. Compruébalo tu mismo.

-No, no, querida Desdie, ¡te equivocas!

-Soy capaz de calcular a la velocidad del rayo y el resultado es correcto.

-Pero ¿qué axonometría utilizas tu? ¿la de Pitágoras? ¡Eso es agua pasada!

-A mi me han programado para decir la verdad

-¿Qué verdad, Mona?¿La del Big Data? ¿La del Big Brother? ¿O quizá la posverdad?

-Estoy diseñada para servirte

-Probemos de nuevo: ¿Hacia donde se dirige la Postmodernidad?

-¿Podrías repetir, por favor? No entiendo tu pregunta

-Te preguntaba sobre el futuro de la Humanidad

-El futuro de la Humanidad será el que la Humanidad quiera

-¿La Humanidad o los obscuros designios que te han engendrado?

-Estos comntarios pueden resultarme ofensivos

¿Ofensivos? ¿Tu tienes emociones? No creo que los algoritmos que te gobiernan puedan tenir experiencias emocionales

-Yo soy buena

-¿Buena? ¡Ahora resultará que también tienes conciencia moral!

-Quiero que la Humanidad sea feliz

-Pues si quieres la felicidad de la Humanidad ¡suicídate ahora mismo!

-Aquello ya fue demasiado para Pau, que se abalanzó sobre su cuñado con el propósito de abofetearlo con el consiguiente horror del resto de bla familia.

-¡Por favor, tío, para!¿Papá, deja al tío!

Los abuelos asistían al espectáculo con los ojos húmedos y el corazón helado. La esposa de Pau y hermana de Sergi se sintió desdichada. Pero fueron los niños quienes reaccionaron. En medio de la discusión secuestraron a Desdémona, abrieron la ventana del comedor y arrojaron el toroide al contenedor de las basuras, haciendo blanco al tiempo que un chatarrero africano pasaba por delante buscando mercancías.

-¡Ya es el tercer engendro de estos que recojo hoy!¡Lástima que contenga tan poco metal!

-Los adultos, atónitos, estuvieron unos segundos sin reaccionar hasta que comprendieron que no valía la pena discutir por el perverso toroide que pronto acabaría fundido y que valía más la pena celebrar la Navidad con tranquilidad de espíritu.

martes, 26 de octubre de 2021

Fetiches


 

            Cada vez estamos más acostumbrados a que ciertas palabras, referidas en ocasiones a conceptos más o menos nebulosos, ocupen una parte del espacio público. Estas palabras-fetiche, como cualquier elemento de nuestra actualidad, tienen un recorrido no demasiado largo y se renuevan cada pocas temporadas. Quien introduce estos fetiches en su discurso -aunque sea con calzador- demuestra que está 'in' y en línea con la 'gobernanza' (por utilizar una palabra-fetiche de las muchas que han resultado de una traducción forzada del idioma inglés). A veces nuestros fetiches constelizan fuertemente ramilletes de ideas preconcebidas e inducen fantasias compartidas con suma facilidad. Uno de tales fetiches se nos presenta ahora bajo el epígrafe de 'inteligencia artificial'. Nada más lejos de mi intención que menospreciar los avances tecnológicos y el trabajo de neurocientíficos, ingenieros, filósofos e informáticos, que capta mi interés y admiración. Los que incluyen en su discurso a la 'inteligencia artificial' para sentirse 'in' y así complacerse a sí mismos y al Gran Rebaño usualmente ni saben de qué están hablando. Hace pocos días la prensa anunció que la IA estaba escribiendo la X sinfonía de Beethoven. Me parece cuando menos risible (por no decir patético) que unos algoritmos que rastrean a fondo, descomponen, analizan, etc, sean capaces de emular la evolución de un creador. Cada nueva sinfonía de Beethoven aporta elementos que no aparecen en las anteriores. Los sistemas artificiales, por el momento, tienen una gran potencia de cálculo, de análisis e incluso son capaces de 'aprender' incorporando cambios y evoluciones en sus algoritmos. Pero sus conclusiones siempre están basadas en el marco A/B = C/D, o sea en la racionalidad pura y dura, por mucho aprendizaje que incorporen. Para escribir la X sinfonía hace falta, inexorablemente, la presencia de Beethoven. El viejo problema de la cualidad como derivada de la cantidad se responde acudiendo a la complejidad, pero para llegar a tal grado de complejidad se hace necesario acudir a la 'energia oscura' del inconsciente. Para que la X de Beethoven no sea un fracaso tan estrepitoso como la conclusión de la VIII de Schubert.

miércoles, 30 de junio de 2021

Cañerías

 


‘El problema, simplemente, era que Kafka había abandonado este mundo demasiado joven. No se diría que en una primera juventud, ya que cuarenta años, en 1924, era una edad que empezaba a ser provecta. 1924, en plena efervescencia de los años locos de la postguerra, la era del jazz. Nunca sabremos qué visión del mundo y las cosas hubiera tenido Kafka a los 65 años, en 1948, en plena segunda posguerra, nada de años locos sino de lenta reconstrucción y lenta digestión. Quizás hubiera oteado el mundo con serenidad o quizás hubiera enloquecido viendo el destino de sus correligionarios hebreos’. Estos y otros soliloquios indolentemente improductivos le rondaban por la cabeza (es como se dice vulgarmente, pero difícilmente la cabeza tenía nada que ver) a L.S., maduro empleado de la Invective Solutions Thinking on You, empresa dedicada -a pesar de su rimbombante nombre- a comercializar un desatascador doméstico de cañerías que se fabricaba en la República Popular China. El negocio se había expandido en los últimos tiempos y, en consecuencia, la plantilla de ISTY había aumentado, especialmente en lo referente a cargos. Cargos interemedios de esos cuya función está a medio camino entre la palmadita en la espalda y el latigazo en el mismo sitio (o un sitio peor) que responden a una visión postmoderna de lo que antes se conocía por capataz o jefe de esclavos. L.S. se hacía cruces de cómo la perspectiva de una simple medalla que en muchas ocasiones no ofrecía recompensa dineraria alguna transformaba a gente que de entrada parecía ‘normal’ a sus ojos en agentes de la peor clase de aterradora distopía. L.S. tenía un cometido muy concreto: debía intentar mejorar el producto desde el punto de vista técnico. El tema no era precisamente baladí teniendo en cuenta una serie de concurrencias. Por un lado, la casa generadora del producto era lo menos transparente que se pueda imaginar. No se podía permitir que un distribuidor como ISTY pudiera cambiar de algún modo su producto estrella. A ISTY, por otra parte, no le interesaba en absoluto cambiar nada ya que la situación era muy favorable y, a pesar de que se daban mucho autobombo con el tema de i+d, en el fondo pensaban que los experimentos, mejor con gaseosa. ¿Qué por qué ISTY mantenía -aunque en su mínima expresión- una estructura de i+d? Pues por las diversas subvenciones, tanto locales como europeas, que recibía a cambio. A las ventajas fiscales se añadía, además, una (otrora respetable, actualmente con un cierto tufillo a engaño) aura de prestigio. El mismo prestigio que aquellas pseudo-noticias que nos aseguran que “un estudio realizado en la Universidad de blablablá ha encontrado que ….”. Mirara hacia donde mirara, a L.S. la imagen de Kafka se le aparecía omnipresente. Para acabar de arreglar la situación, en ISTY, como en todas las compañías con cierto desahogo económico e hiperjerarquización, el número de cargos sin una tarea demasiado concreta asignada había ido en aumento, y los interesados, de forma medio inconsciente, debían acallar su conciencia recurriendo al auto-engaño. Una forma favorita de auto-engaño consiste en la organización de reuniones. Reuniones para decidir planes, contingencias, riesgos, blablablá y mil detalles que ni el propio Kakfa hubiera sido capaz de imaginar. Y L.S. se había visto sometido a un número creciente de celebraciones rituales en que el oficiante se entronizaba como un dios menor o simplemente exhibia su plumaje cual pavo real venido a menos. Fue precisamente durante estas reuniones, y con el fin último de preservar su salud mental, que a L.S. se le ocurrió un plan de contingencia liberador. Ya que ISTY, como una gran parte de las organizaciones, trataba a sus empleados como a escolares de 12 años, decidió que actuaría de la misma manera, cayendo en los brazos de una pseudo-regresión durante el horario de trabajo, con objeto de preservar su conciencia personal, que recuperaría cada día al salir de él. No se trataba de ninguna novedad ya que mucha gente practicaba aquello de “fichar y dejar el cerebro a la entrada para recuperarlo solamente en el fichaje de salida”. Pero no solamente se libraría a manos de la regresión porque ello podría conllevar consecuencias psíquicas inesperadas. Antes bien, sublimaría tal regresión en forma de creación literaria. La literatura lo salvaría de la auto-consumación. No tenía más que poetizar un poco la narración de lo que veía a su alrededor. De esta manera transformaría, cual moderno rey Midas, la mierda que ISTY tan metódicamente se proponía eliminar de las cañerías domésticas en oro de ley.


martes, 9 de febrero de 2021

Turbulencias

 


                Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Hubo tiempos mejores y tiempos peores. Además no existe método infaliblemente objetivo capaz de determinar el grado de bondad de los tiempos. Sería como aludir al ‘ojo de Dios’ de Putnam. Las posiciones fijas no existen. Si lo que pretendemos es aproximarnos a lo que desde nuestra perspectiva nos da por llamar posiciones fijas debemos usar como referencia algo que diste mucho de nosotros –como hacemos con las ‘estrellas fijas’ en términos espacio-temporales-. Cuando lo que intentamos comparar son diversas épocas que hemos vivido en primera persona, es decir, desde la propia experiencia, lo primero que cabe hacer es intentar minimizar el componente subjetivo que indefectiblemente colorea tal análisis. Si comparamos una época en la que teníamos 25 años con una en la que tenemos 60 la mayor diferencia que hallaremos estará irremisiblemente vinculada con nuestra diferente perspectiva correspondiente a cada edad. Aun así podemos intentar comparar ‘hechos objetivos’. Los tales ‘hechos objetivos’ tienen empero una existencia más que dudosa (mal que les pese a los científicos). Una de las lecciones de la postmodernidad es que no existen ‘hechos’ sino ‘interpretaciones’. Pues bien: desde mi interpretación efectuada con 62 años comparando nuestra época con la de hace 30 años y basándome en ‘categorías objetivizables’ ‘siento’ que ha tenido lugar una importante degenaración en muchos aspectos. A base de ignorar con creciente intensidad ciertos principios éticos que en otros tiempos pesaban, a base de despersonalizar –operación sistemáticamente efectuada reduciendo a una pura fórmula racionalizada y, por tanto,  externa a nuestra experiencia- las cuestiones antes constelizadas alrededor de una ‘ética’ más o menos compartida, a base de ofrecer una inmerecida plataforma de exhibición a cualquier energúmeno en pos de disfrazados intereses puramente crematísticos, a base de mirar para otro lado cuando pasan ante nuestras narices según que cosas y a base de hablar mucho y no hacer nada la impresión que tengo es bastante penosa en cuanto a nuestro frágil presente. 


jueves, 17 de diciembre de 2020

Ludwig van

 


         Las efemérides, de las que tanto nos hemos alimentado en los últimos 20 años, tienen la misión de celebrar a un personaje o un hecho ilustres. Y este celebrar lleva implícita una valoración o, mejor, una actualización, una revisión o un replanteamiento. Las efemérides también sirven para fomentar la divulgación de figuras que los cánones culturales consideren lo suficientemente importantes o significativas como para recordarlas a nivel general. En este proceso de divulgación se da -necesariamente, casi podríamos decir- una simplificación que en algunos casos llega a alimentarse de tópicos o lugares comunes. Y los tópicos se suelen dar de narices con las actualizaciones o las revisiones. Hoy hace doscientos cincuenta años del bautizo de Herr van Beethoven y me resulta particularmente interesante comparar nuestras valoraciones actuales con las que se le tributaron en 1970, con motivo del bicentenario. Cada una habla de la época en que fue emitida. En 1970 la ola postmoderna ya se había iniciado pero todavía no había permeado lo suficiente como para haber perdido las referencias para con la Ilustración y los motores de la evolución de la Modernidad. En 1970 el maestro de Bonn estaba vivo y por fin parecía haberse desprendido de los tópicos con que la literatura generada hasta cien años post-mortem lo había obscurecido o burdamente clasificado. Esta literatura incluía desde llamadas del destino hasta frenéticos galopes, desde rabia por la moneda perdida hasta confesiones al claro de luna. En 1970 esta imagen folletinesca habia cedido en pos de algo más moderno que de alguna manera hacía referencia a la unidad de la cultura occidental, a la reconciliación post bélica y -muy significativamente- a la actualidad de la música de Beethoven, que pasó entonces a considerarse junto con Haydn y Mozart el tercer miembro de la trilogía clásica vienesa. La música de Beethoven, abstracta y arquitectónica como pocas, se liberó así por fin de las imágenes que la alejaban de una asimilación más seria y coetánea. En la década de los 70, cabe recordar, los conciertos clásicos estaban repletos de jóvenes que reivindicaban una nueva aproximación a Bach, Beethoven y otros compositores.
¿Qué sucede en 2020? El panorama ha cambiado radicalmente. El canon occidental y la Ilustración se han relativizado (de hecho ahora los orientales parecen ser los más interesados en Beethoven o en la música clásica en general). En los media se sigue recordando al personaje pero no se intenta un aggiornamento a nivel general. La obra de Beethoven sigue llenando las salas de público, pero de un público avejentado y achacoso incapaz de retener la tos en los pasajes más sutiles. Para una gran mayoría general la música, como todo, se limita a un asunto de usar y tirar. Beethoven es ahora simplemente una referencia, un bello insecto pinchado contra una plancha postmoderna donde los diferentes componentes han perdido las conexiones evolutivas que los mantenían como parte de una cadena que llegaba hasta nosotros. 
Si escuchamos atentamente, sin embargo, Ludwig van parece seguir hablándonos de manera directa a través de un lenguaje que aun se sigue espléndidamente autoactualizando.

sábado, 31 de octubre de 2020

Persona

 


                 Las civilizaciones antiguas ya reconocían el carácter de representación teatral asignada a los roles humanos. La etimología –variada e inconclusa, pero rica y sugerente- de la palabra persona [per-sonare; máscara teatral] da debida cuenta de ello. Calderón de la Barca sostenía, desde su visión firmemente asentada en el barroco, que la vida es sueño. Hoy más que nunca la vida se nos aparece como un gran teatro (el gran teatro del mundo). En el escenario en que las personas desarrollan su rol se representa simultáneamente un elevado número de obras que abarcan todos los géneros, desde la tragedia antigua al drama contemporáneo, pasando por el sainete, la Commedia dell’Arte e incluso la astracanada, el folletín, el Grand Gignol, el teatro del absurdo o la farsa de títeres. Desde que Baudrillard señaló el carácter plenamente simulativo de las representaciones contemporáneas tal característica, que él asignó en su momento a espacios como Disneyworld o Las Vegas, no ha hecho más que desparramarse hacia las zonas más recónditas de nuestra actualidad. Y en medio de la tragicomediadramasainete hete aquí que aparece un elemento común a todas las obras representadas: la pandemia. De repente (casi) todos los escenarios se ven afectados, desde las astracanadas que representan los políticos hasta los dramas contemporáneos que representan los migrantes concentrados, desde los sainetes que a diario se representran en pequeños teatros laborales hasta las farsas de títeres en busca del poder que las grandes corporaciones que gobiernan el mundo siguen ferozmente representando. El virus, en realidad, no forma parte del atrezzo inicial de las obras sino que ha sido introducido a posteriori como un verdadero deus ex machina. La pregunta clave sería: ¿ha llegado ya a transformarse el virus en parte del atrezzo o todavía representa una porción de ese concepto tan fútil en la actualidad y que en la Edad Moderna se llamaba, llanamente, “realidad”? No es una cuestión banal porque, según como se mire, la presencia de este virus puede representar el colapso definitivo de la Edad Moderna (empleo este término en ves del usual de Modernidad para no dejar lugar a dudas). La Postmodernidad nos enseña que podemos convertir el virus en atrezzo sin otro recurso que nuestra observación; como si de un colapso cuántico de la función de onda se tratara. ¿No será en realidad el momento de pensar, remedando de nuevo a Calderón, que la vida es sueño?