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viernes, 18 de agosto de 2017

Terror


Que la proximidad de la tragedia no nos haga olvidar a las víctimas del mismo tipo de locura que tan a menudo tienen lugar en Oriente Medio. La locura, igual que las víctimas, son algo global. No nos dejemos llevar por el pensamiento simplificador. Dejemos aflorar nuestros mejores sentimientos pero sin que enturbien nuestra comprensión. Contra la locura apliquemos nuestra más serena cordura mientras nos solidarizamos una vez más con las víctimas inocentes.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Vacaciones


                       En medio de la más que plana ciudad de Berlín -concretamente en el corazón del frondoso bosque de Grūnewald- se alza, desde 1950, una suave loma de unos 120 metros de altura. Es un accidente creado por el hombre a partir de los escombros que, tras la guerra, quedaron situados en el sector occidental de la ocupada capital del efímero III Reich. Su siniestro nombre, Teufelsberg, se eligió por la proximidad al lago de Teufelsee. Cuando se buscó un lugar donde apilar -dada la escasa superficie disponible- el material que en el sector soviético se desparramó por los alrededores de la ciudad, se eligió éste por razones técnicas que también escondían motivos simbólicos: en esa precisa zona del bosque se alzaba una academia militar nazi que quedó así literalmente aplastada. Poco tiempo después las tropas de ocupación encontraron una aplicación al cerro y fué así como la inteligencia militar estadounidense instaló en su cima toda una estación de radioescucha para espiar a sus enemigos que no se hallaban muy lejos ya que el sector occidental berlinés se convirtió en una isla rodeada de ellos. Cuando el muro de Berlín cayó reflejando el fin de la guerra fría la estación perdió su razón de existir y fué finalmente abandonada en 1992. A partir de entonces Teufelsberg se convirtió en un paraje privilegiado para artistas gráficos que pronto recubrieron los residuos de la estación con los más diversos graffiti. Para acabar de aderezar la cuestión en años subsiguientes el siempre excéntrico David Lynch intentó comprar Teufelsberg con la intención de establecer allá una universidad dedicada a la meditación trascendental. El lugar acumula así todavía más contenido simbólico y significación, que se respiran desde la mismísima llegada. La ciudad de Berlín es de por sí un epítome de la postmodernidad plástica. Diríase que un cierto tipo de postmodernismo arquitectónico se inventó aquí avant-la-lettre. La arquitectura de vanguardia de los años sesenta que hoy parece palidecer un poco en el antiguo sector occidental (ZircusKarajani, Ostra preñada, Lápiz de labios y polvera -utilizando los socarrones nombres autóctonos-) pero también la neobarroca catedral con su complemento natural la cercana sputnik-like torre de telecomunicaciones y, sobretodo, la superposición de tantas épocas y metaépocas, decorados, ruinas y artificios permite apoyar mi afirmación. Ello ayuda a que el conjunto de Teufelsberg y su contra-plástica se integre perfectamente en el descontextualizado magma berlinés. Pero eso no es todo. Como decía al principio la carga simbólica del lugar es enorme. Los graffiti que abogan por la demolición del sistema están pintados sobre la antigua estación espía que reposa sobre los escombros de la guerra que tapan la instalación nazi. Esta superposición haría las delicias de futuros arqueólogos o de cosmogonías hindúes. En Teufelsberg podemos observar cómo airados y vigorosos jóvenes pintan su grito de guerra: abajo el capitalismo/abajo los impuestos/abajo las drogas/abajo Obama/abajo los condones/abajo el trabajo/abajo Facebook/abajo la religión/abajo Brad Pitt/abajo las fronteras/abajo la fama/abajo este muro/abajo la cerveza light/abajo ... La renovación de pensamiento, la alternativa, el esperado cambio. Observamos un gigante pastiche de una dama de un cuadro de Klimt devorando una pita de falafel y otras referencias históricas sacadas de contexto que afirman el carácter post-moderno del arte aquí expuesto. La torre más alta de la instalación de Teufelsberg sostiene los restos de una impresionante cámara ecoica donde los visitantes comprueban con estupor y emoción como los sonidos que provocan el chasquido de sus dedos y lenguas se prolongan y reproducen durante un incierto pero muy prolongado espacio de tiempo. Y ésta sala, la más alta del ya de por sí onírico lugar, contiene la clave representativa de la propia post-modernidad. El grito de horror, hastío y cansancio que nos lleva a desconfiar de grandes narrativas como la Ilustración y que nos impele a abandonar las terribles racionalizaciones que nos intoxican choca incansablemente contra las paredes de la cámara ecoica que repite, fragmenta y fractaliza nuestro malestar. ¿La salida? Pues a buen seguro por la parte superior de dicha cámara. La trans-modernidad, la trans-ilustración requieren un esfuerzo trans-racional que no rebote infinitamente sobre el supuesto telón de fondo absoluto de la post-modernidad. Encima de la barbarie primitiva, de los cascotes, de la paz armada y espiada y de la cámara ecoica existe aún mucho espacio para evolucionar.


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lunes, 31 de julio de 2017

Reacción



              Los paradigmas evolutivos contemplan fases en las estructuras de conocimiento que se desarrollan y se suceden de forma más ó menos abrupta. Estos patrones se pueden considerar de forma individual (Piaget, Kohlberg, Erikson) o bien de forma colectiva (Gebser, Aurobindo, Wilber). Así el niño se desarrolla atravesando las diferentes etapas que de alguna manera son como una versión resumida y a gran velocidad de lo que ha acaecido con la humanidad a lo largo de milenios. Cada etapa de desarrollo posee varias fases, siendo las primeras de ellas disruptivas respecto a las etapas anteriores, es decir, que rompen con ellas, las segundas consolidativas o constructoras de un sólido edificio, y las últimas involutivas, que impiden una ulterior evolución. En esto también siguen las fases habituales del desarrollo de una nueva idea: revolución/construcción/reacción. Según algunos de los modelos de evolución cognitiva nuestro presente atraviesa una fase de auténtica reacción. La racionalidad se ha negado desde hace años a verse extendida. El grueso de la sociedad cree a pies juntillas que la realidad –única y dura- es exclusivamente racional. Por culpa de esto las racionalizaciones han ido apareciendo por doquier y estamos creando hiperrealidades fabricadas a la medida de nuestras creencias, con lo que frenamos cualquier desarrollo ulterior. Por desgracia, una buena parte de los que luchan contra las racionalizaciones lo hacen utilizando la pre-racionalidad como arma, y eso los sitúa –sin que se percaten de ello- dentro del grupo de los involucionistas, todavía más primitivo que el de los reacionarios (la famosa falacia pre-trans de K. Wilber). El mundo es racional, pero también menos que racional y –más difícil aun de entender- más que racional. La racionalidad racionalizante niega al mundo simbólico –el de los mitos- carta de existencia, sin darse cuenta de que las posibles futuras realizaciones pueden llegar a hacer lo mismo con la racionalidad. La racionalización siempre crea dos categorías antitéticas: lo verdadero y lo falso. Lo que no es uno es lo otro. La racionalidad comparte, sin embargo, un aspecto con el mito y también con la magia: proyecta todas nuestras percepciones/creencias/elaboraciones más allá de nosotros mismos. El paso de la racionalidad a la trans-racionalidad está ligado al reconocimiento de nuestras proyecciones; a nuestro concepto de objetividad. Cuando extraemos una razón y la enviamos al “espacio objetivo” estamos contribuyendo a reforzar la ilusión que mantiene este “espacio objetivo”. Un poco como la ilusión del extraño bucle que mantiene nuestro “yo” invariable por largos períodos de tiempo durante los cuales no advertimos los cambios que nuestro organismo cuerpo-mente sufre y que lo asemeja más a un proceso que a un objeto. Cuando comprendemos que esa razón lanzada “fuera de nosotros”, si bien se ha hecho inter-subjetiva, sigue ligada a nosotros, es cuando entramos en la trans-racionalidad. Hace muchos años que las racionalizaciones, subproductos decrépitos de la racionalidad, nos impiden avanzar de forma efectiva a lo largo de la evolución del conocimiento. Las racionalizaciones hacen referencia al “mito de la racionalidad”, no a la racionalidad misma. Ello desentraña la supuesta paradoja enunciada por J. Saramago, de que “utilizando únicamente la racionalidad hemos llegado a la sociedad más irracional que uno pueda imaginar”. 

viernes, 14 de julio de 2017

Tesis


                                         Aquella tarde la señora K. aceleraba su paso para no llegar tarde a la visita médica que le habían reservado. Iba, además, preocupada. No le había hecho ninguna gracia la llamada que había recibido dos días antes desde la secretaría del hospital. Algo entre oscuro y siniestro. Consulta, biopsia, llamada para visita urgente …. no; no daba muy buena espina, la verdad. Cuando llegó ante el médico intentó concentrarse –aplicando las técnicas de biofeed-back que tanto recomendaba a sus clientes- para intentar no delatar las pulsaciones que su corazón, convenientemente estimulado por una concentración elevada de adrenalina, bombeaba.

-‘Siéntese, señora K.’, profirió el médico al verla, como todo saludo. -‘¿Sabe por qué la hemos convocado tan urgentemente?’. La señora K., incapaz de articular palabra, bajó la vista hacia la inmaculada mesa del médico. -‘Tenemos ya el resultado de su biopsia gástrica…’ la señora K. apenas levantó la vista de la mesa hasta alcanzar la vista del médico, que la miraba, inescrutable. -‘Hemos encontrado algún hallazgo relevante’ prosiguió el doctor. -‘¿Grave?’, apenas musitó la señora K. -‘Pues sí y no…quiero decir….que no se preocupe demasiado de entrada ya que no hemos encontrado tejido maligno’ –en aquel punto el rostro de la señora K. se relajó de forma sutilmente perceptible pese a sus esfuerzos por disimular –‘aunque’, prosiguió el doctor, ‘sí que debo decirle que su tejido gástrico reúne las características fenotípicas que permiten suponer que más tarde o temprano usted desarrollará un tumor’. La señora K. volvió por un instante a tensionar su semblante. -‘Si usted fuera un pariente mío próximo yo le recomendaría entrar en un estudio experimental que nuestro equipo está llevando a cabo en diversos centros’. –‘¿Un estudio?’, preguntó alarmada la señora K. –‘Sí señora; un estudio que nos permitirá comprobar que las hipótesis de biología molecular que hemos estado manejando durante años son ciertas y que se pueden aplicar para mejorar la salud de la población y evitar excesivos gastos sanitarios. –‘Y…¿qué deberé hacer?’, preguntó tímidamente la señora K. –‘Pues entrar en un ensayo clínico de un nuevo tratamiento genético –por otro lado, absolutamente seguro e inocuo- y dejarse hacer una biopsia mensual durante un período de quince meses’. Pese a su natural disgusto y prevención, la señora K. no ofreció demasiada resistencia. Después de todo aquel sujeto con bata blanca y ropa deportiva de lujo la estaba amenazando con llegar a situaciones aún más complicadas que las presentes. –‘Le voy a suministrar un poco de documentación’ propuso el médico mientras le alargaba un voluminoso pliegue de papeles que acababa de sacar de un cajón de su mesa, como si ya lo tuviera a punto para ser utilizado. –‘Si quiere puede llevarse la documentación a casa y consultar su decisión con su marido, sus hijos o con su almohada’. La señora K., a esas alturas, ya se había decidido y así lo comunicó al doctor, quien le hizo firmar por triplicado nueve registros; total veintisiete firmas que ponían una barrera ante cualquier injerencia externa por parte de abogados o sanitarios. La señora K. fue entonces convocada para realizar las dos primeras gastroscopias con biopsia. También se le facilitó una tarjeta que mostrar cada día en el hospital de día antes de que le administraran por vía endovenosa el misterioso remedio en fase experimental. Así fueron pasando los meses hasta que nuestra protagonista acudió de nuevo a una visita con su médico, quien revisó el resultado de todas las biopsias. –‘Extraño’, musitó el especialista. –‘¿Puedo saber qué es lo que es extraño?’ interrumpió la señora K. –‘No se ve ni rastro de la modificación genética que estamos transfectando, y tampoco ninguna degeneración del tejido. Deberemos esforzarnos más con las biopsias’. La señora K. empezó por vez primera a mostrar cierta desconfianza. ¿Y si todo fuera un montaje, una farsa pseudocientífica? Al salir de la consulta procuró toparse con el internista que le había realizado las biopsias y sacarle más información de la que le proporcionaba su médico de referencia. Después de mucho estirar, como toda información, se llevó lo que más tarde llegó a considerar como un importante trofeo. El histopatólogo que analizaba las biopsias le había confesado al internista que él nunca había visto absolutamente nada anormal en aquel tejido. Es más, su fenotipo era el más común de todos los fenotipos. Aquel mismo día la señora K. había quedado, casi por casualidad, con un viejo conocido al que hacía años que no veía. Aquel personaje era periodista y había trabajado en todo tipo de publicaciones y medios de comunicación, desde los más respetables hasta los más amarillistas y populistas. Le explicó su caso y el hecho de que tantas biopsias conllevaban un riesgo que cada vez se veía con menos ánimos de asumir. Incluso le pidió consejo sobre si llevar el caso a los tribunales, quizás por malas prácticas, operaciones superfluas de riesgo o algo similar. El periodista, sin embargo, la disuadió. Una querella supone un gasto económico y de tiempo importante, con un más que notorio desgaste de energía y de salud. Él también sospechaba que algo obscuro se mezclaba con el aparente rigor con que la situación se adornaba. Y le propuso a la señora K. nada más y nada menos que airear el caso publicándolo en forma de saga periodística en su semanario, un magazine consumido básicamente en las salas de espera de médicos, abogados y peluquerías. La señora K. se negó en rotundo. ¿Airear su caso? ¿Qué le sucedería a partir de ahora cuando visitara cualquier médico especialista? A buen seguro que todos intentarían vengarse de la malvada que decidió intervenir contra respetables asociaciones médicas. Ella seguía pensando que lo mejor seguía siendo poner el caso en manos de la justicia. Después de todo seguía confiando en el sistema. El aparato judicial era una parte importante del sistema democrático en el que la señora K. vivía. Pero el amigo periodista insistió. –‘No es que desconfíe de la ley. Pero ya sabes, hoy en día este tipo de proceso va muy lento y se pierde entre los recovecos de los especialistas, para acabar generando un veredicto difuminado apoyado por unos dictámenes técnicamente enrevesados que acaban logrando imponer su objetivo: echar tierra sobre el asunto. Lo que yo propongo es directo, rápido y cuenta con el apoyo de la masa social, que es lo que tiene valor en los media actuales. –‘Pero lo primero que habría que hacer sería investigar un poco el asunto, ¿no?’ objetó la señora K. –‘Evidentemente, y para eso ya encontraré yo el modo de introducirme en este meollo….o ¿quizás lo podríamos llamar ya conspiración?’ La señora K. se horrorizó imaginándose la campaña periodística. –‘Los periodistas ya no tenéis escrúpulos, ¿verdad?’ –‘Querida, tenemos tantos escrúpulos como los médicos, los políticos, los carniceros, los abogados, los peluqueros o los taxistas….’ –La señora K. intentó disuadir a su conocido de meterse en lo que consideraba un buen fregado pero el periodista se escapó entre leves promesas de no entrar en el juego. El corazón de un periodista mediocre en busca de notoriedad, sin embargo, no tiene límites. Y éste no era una excepción. Removió cielo y tierra hasta llegar a conocer a una enfermera que se dedicaba a los trabajos administrativos del departamento de histopatología del hospital, a la que logró seducir para conseguir la información que necesitaba. El caso es que la enfermera tenía sospechas pero no había logrado nunca llegar a tener una prueba fehaciente de la trama conspiratoria en nombre de la ciencia que el periodista intentaba descubrir. Pero todo tiene remedio, y el periodista supo reunir una serie de indicios que puso en seguida a cocinar hasta elaborar un culebrón para después publicarlo, convenientemente desmenuzado, en su semanario caca-de-luxe, como lo solían denominar, despectivamente, sus empleados. El primer capítulo de la saga pasó inadvertido, pero a partir del segundo y, sobretodo, del tercero la atención del ciudadano aburrido con ansias de escándalos fue capturada por una truculenta historia sobre las cloacas del sistema sanitario y la mistificación de la ciencia que insinuaba poco menos que la existencia de una red de traficantes de órganos. El ciudadano medio pareció indignarse una vez más y exigía justicia; las asociaciones médicas exigían pruebas que apoyaran la historia; la prensa se dividió entre los medios que parecían interesados en la denuncia y los que –representando también a una parte de la población- despreciaban el asunto por ser poco claro y demasiado crudo –por muy cocinado que estuviese-. A todo esto, la señora K. no volvió a aparecer por el hospital. Un poco por azoramiento, pero también por poner tierra de por medio. No estaba de acuerdo con los métodos del periodista, pero había decidido que no sería una cobaya humana, y mucho menos para una investigación que se le antojaba fraudulenta. Al cabo de pocos días recibió la llamada telefónica de una desconocida. Se presentó como experta en medicina alternativa y más concretamente en una técnica –inventada o, mejor, cocinada por ella misma- a la que llamaba mesocriodinamoterapia. Según ella, su técnica era lo suficientemente poderosa como para sanar a cualquier enfermo de cualquier condición médica. Había llegado hasta el teléfono de la señora K. a través del periodista-guionista que  para entonces ya se había convertido en contertulio habitual de los foros más estultos que los medios de comunicación ofrecen. La mesocriodinamoterapista se había propuesto utilizar cualquier eventualidad como la que nos ocupa para  denunciar a la medicina convencional, a la que atribuía todos los males de la sociedad. –‘Así que la forzaron a efectuar tratamientos y pruebas de riesgo ¿sin que usted tuviera signo alguno de enfermedad? Yo la invito, señora K., a que se sume a nuestra noble causa que no quiere otra cosa que lograr la salud física y mental de toda la humanidad, sin pedir nada a cambio’. –‘Y eso, ¿Cómo se consigue?’, preguntó la señora K. –‘Pues siguiendo nuestro método, basado en la mecánica cuántica y en las enseñanzas de Shivakkarta Naruddai. Es una herramienta tan potente que es capaz de competir y derrotar a cualquier posverdad que la sociedad nos quiera vender en lo referente a sanaciones’. –‘No estoy interesada, señora’, -atajó la señora K., cansada ya de tanta charlatanería, colgando acto seguido el receptor, sin darle tiempo a contestar a la terapeuta new age. A estas alturas lo único que la señora K. deseaba es que se olvidasen de ella y su caso convertido ya en famoso culebrón. Pero el revuelo todavía no había acabado. Cuando la señora K. desbloqueó su smartphone que justo acababa de vibrar encontró un mail en el que una asociación había llevado su caso a una plataforma de votaciones populares. A través de ella los inciertos solicitantes pedían más transparencia en la práctica médica, el reparto más justo del presupuesto sanitario, el acceso universal al sistema de sanidad pública. La petición lucía ya con el generoso número de 17438 firmas. Sólo faltaban 7562 firmas más para lograr el objetivo y poder elevar la petición a instancias superiores. Ahora sí que un escalofrío mezcla de estupor y rechazo recorrió el dorso de la señora K. Tenía que parar la marea que amenazaba su otrora tranquila existencia. Después de pensar cómo desembarazarse de los media, las redes sociales, los intereses creados, la cotorrería y el morbo gratuito ideó un plan que no podía fallar. Escribió una carta abierta a un periódico de gran tirada, que lo aceptó de antemano. En ella daba muy pocas explicaciones de su caso; simplemente hacía referencia a un sitio-web que, según ella, era muy importante. Antes ya de ser publicada, la carta fue leída por un ingente número de personas que acudieron a la tal página web, llenas de curiosidad morbosa. Cuando llegaron, empero, todo lo que hallaron fue una transcripción de la tesis doctoral que la señora K. había leído treinta años atrás. Lucía el impresionante título de: “Nuevas percepciones del Dassein heideggeriano a la luz de la concepción espacio-temporal de la post-modernidad: correlatos y deconstrucciones en la obra de Michel Foucault”. El morbo se disipó con rapidez. Aprovechando un  nuevo caso de corrupción el foco del detritus generador de soma se desplazó para allá con cámaras, luz y taquígrafos. La señora K. pudo, por fin, disfrutar de un recién recuperado anonimato.

viernes, 30 de junio de 2017

Poetas


                  La alternativa, por fin, había llegado y a partir de aquel momento la política sería una cosa muy diferente. Después de tanto camino recorrido y de tanta reivindicación.....los tiempos habían cambiado, ahora sí, y de forma radical. Hacía ya muchas décadas que el espectro de las tendencias se había difuminado de tal manera que ya nadie sabía a ciencia cierta qué significaban los términos derecha, centro o izquierda.Y eso a pesar de todos los tópicos y las racionalizaciones largamente sedimentados. Los derechos de los débiles parecían ya no importar en realidad a nadie. Las izquierdas verdes se habían sumergido en un cuasi-religioso sistema de creencias que centraba su acción en el castigo al adversario olvidando en demasiadas ocasiones el abordaje serio de los problemas del planeta de los que tanto hablaban. Los grupos que propugnaban una co-gestión asamblearia apenas eran capaces de distinguir entre la política y la reunión de los boy-scouts. Fue por eso que la propuesta política del poeta Fontseca cuajó. Los electores, primero pensando en un voto de castigo y más tarde en un divertimento buffo e incluso en una salida friky -opción ésta a la que las características personales de Fontseca añadían un alto componente posibilitario- decidieron que él era el mejor candidato para ocupar la jefatura de gobierno durante los próximos años. Fontseca, afirmaciones hechas por él mismo, no tenía idea alguna de economía, gestión, infraestructuras o grupos de presión. Su propuesta era la de gobernar desde la posición del hombre de la calle. Ya que los gobiernos tecnócratas sin color político también se habían demostrado ineficaces, Fontseca primaba por el retorno a los valores humanísticos, el sentido del deber, la honorabilidad, la fraternidad, el respeto a todos los grupos, la reflexión filosófica sobre el devenir de la humanidad, por supuesto el acercamiento de la cultura al pueblo. Huelga decir que todos los partidos de corte más tradicional -tanto los de derechas como los de izquierdas- se mofaban de Fontseca y auguraban una cortísima singladura a su gobierno. Pero el poeta no era tan tonto como creían sus adversarios y se supo rodear de gente que -con menos que poca experiencia en estas lides- se mostró eficaz y supo contener el descontento de los grupos de presión. La ciudadanía también quedó sorprendida ya que gran parte de ella había votado a Fontseca pensando en un gran revulsivo, en una gran conmoción que hiciera saltar por los aires al sistema. En pocos meses muchos de los problemas que se arrastraban desde hacía lustros se resolvieron. Cuando todo parecía dar la razón al poeta, sin embargo, saltó lo inesperado: un tal Fontcuberta, también poeta, logró crear un partido político alternativo al de Fontseca. Mientras Fontseca basaba su ideario de hombre común en la  poesía clásica y los alejandrinos, Fontcuberta lo hacía en la poesía expresionista y los versos blancos. Aunque a priori nadie entendía la relación entre la poesía y la política, el partido de Fontcuberta fue ganando adeptos que parecían haber olvidado el éxito de Fontseca y caían rendidos a los pies del nuevo Rimbaud. ¡Abajo Boileau!¡Viva Baudelaire! Tal era la consigna de los portadores de la nueva verdad...

sábado, 17 de junio de 2017

Und so weiter...

                            A los que sostenemos la creencia en una forma u otra de evolución de las sociedades y del conocimiento que éstas constelizan a lo largo de la historia, los tiempos actuales nos muestran una condición insoportable. A esta contradicción la llamamos Post-Modernidad y nos enseña que las cosas solo pueden evolucionar hasta el presente, desde el que observamos al mundo tal como es, de forma transparente, sobre un fondo blanco que no admite interpretaciones y sobre el que nosotros mismos creamos las interpretaciones y elegimos los patrones que más nos agradan. Este fondo blanco da carta de existencia al infinito conjunto de racionalizaciones que manejamos constantemente en nuestra vida diaria y que -como fuente de irracionalidad que son- no nos dejan ver más allá de nuestra empobrecida visión. Recuerdo que hace 35 años los medios de comunicación se hacían eco del bicentenario del bicentenario de la Crítica de la Razón Pura -una de las cumbres de la Modernidad- y reconocían la influencia que el pensamiento de Kant había ejercido en los más variados ámbitos del conocimiento. Ahora estos mismos medios -guiados por una nueva generación- han olvidado a Kant y conniven con la visión a-crítica de la realidad-dada y la transparencia del conocimiento, embotando aún más al lector-consumidor ávido de estadísticas y morbo.

sábado, 3 de junio de 2017

Colibríes


      La sociedad, como organismo viviente que es, encuentra su estabilidad a través de fuerzas que provienen de una miríada de bucles de interacción negativamente acoplados. Estos bucles de feed-back se hallan en rápido y constante funcionamiento. La evolución de la sociedad como tal, en épocas regulares, es relativamente lenta comparada con la actividad de los bucles; un poco como un colibrí, que gracias a su extraordinariamente rápido aleteo puede mantenerse "inmóvil" en el aire o desplazarse muy lentamente. En el caso del colibrí existe un órgano central que coordina los movimientos con una suerte de volición. En el caso de la sociedad el papel del órgano central lo asumen los códigos morales, la tradición, las creencias, el modo-de-estar-en-el-mundo,....El órgano central de una sociedad es relativamente estable, sostenido y con capacidad auto-reparadora en épocas de estabilidad histórica. En épocas de cambio el órgano se debilita y coordina de forma mucho menos efectiva la actividad de los millones de bucles de feed-back. El resultado lógico es la incertidumbre sobre el futuro próximo. Cualquier bucle un poco desbocado puede acoplarse positivamente y arrastrar a otros bucles concurrentes pudiendo perderse fácilmente la contención de toda la estructura. En ese punto nos hallamos. Está en nuestras manos la sostenibilidad del planeta.Está en nuestras manos el futuro de Internet. Está en nuestras manos la ética social. Está en nuestras manos la paz mundial...¿Está realmente todo eso en nuestras manos?

lunes, 8 de mayo de 2017

Realidad(es)


                 Acabo de leer “La realidad no es lo que parece” del físico Carlo Rovelli. Tras un inicio con algún apunte un poco tendencioso y lugar común en el mundo científico (“Anaximandro fue un gran visionario de la ciencia y, de haber prevalecido sus ideas sobre las de Platón y Aristóteles, se habrían adelantado siglos en la construcción de la ciencia”) o algunas confusiones en lo que al término realidad se refiere, el libro resulta de lectura agradable y enriquecedora. El autor en seguida coloca a Platón y Aristóteles en su lugar natural –no sé hasta qué punto reconoce la impronta que Platón sigue teniendo en los físicos actuales- y se embarca en la en cierto modo apasionante aventura de resumir la historia de la consideración de las piezas fundamentales del cosmos por parte de los modelos de Newton, Faraday/Maxwell, Einstein 1905, Einstein 1915, mecánica cuántica y gravedad cuántica (el supuesto modelo unificador de las mecánicas cuántica y relativista). Si la relatividad restringida hacía del espacio y del tiempo percepciones que dependían del estado del observador y la relatividad general las relacionaba con la materia y la energía, el modelo de gravedad cuántica, recogiendo las semillas de la relatividad y de la mecánica cuántica, hace a espacio y tiempo meras consecuencias de los campos cuánticos. Es decir, relega la percepción espacio-temporal a una pura ilusión. Lo apasionante de la sucesión de modelos en el mundo de la ciencia es que éstos, de manera progresiva, hagan del modelo anterior un subconjunto del modelo presente. De todos modos, la actual convivencia de otros modelos hace que el mundo de la investigación científica no sea tan ajeno a la post-modernidad como a veces quiere creer. Aunque el autor muestra que sus planteamientos incluyen una variedad de campos y –como buen físico cuántico- exhibe posiciones filosóficas antirealistas, echo en falta nociones elementales de complejidad y, aun más grave, observo muchas falacias cognitivas cuando confronta visiones con encuadres absolutamente distintos bajo la excusa de que “la ciencia abarca toda realidad”. Rovelli, como Demócrito, admite que el mundo está constituído por cosas que se suman y se promedian y que nuestros sentidos perciben tales promedios. Y pone, como Demócrito, el ejemplo de las letras y las palabras. Una vez más respondo que las frases y las palabras están construídas con letras, pero que lo que dicen las frases no está en las letras. En este caso, obviamente, porque las letras no precedieron a las palabras. Pero los sistemas químicos sí que precedieron a los biológicos y la vida emergió de la complejidad de los sistemas químicos. Una última reflexión: me pregunto cómo explicar a personajes que aún creen que la Tierra es plana que nos movemos ya más allá de la tetradimensionalidad.

martes, 2 de mayo de 2017

Simplificaciones


     El incierto resultado de las inminentes elecciones en Francia es un tema que da mucho para reflexionar sobre nuestro momento histórico, diminuto y miserable, pero cargado de significación. El pasado sábado el venerable Edgar Morin exponia en Le Monde la complejidad de la situación (él; ¡el mismísimo maestro de la complejidad!). Lo que está puesto en Francia encima del tablero no es aparentemente la Republique frente al totalitarismo, o Marianne contra Marine (que en el fondo también lo es, evidentemente) sino los aspectos más sucios y descarnados de la globalización y el escándalo financiero frente a unos supuestos valores eternos teñidos de nacionalismo excluyente, populismo neofascista y otros viejos conocidos. Hace tiempo que la dialéctica derecha-izquierda política está bastante desdibujada. La izquierda ha hecho suyas las reivindicaciones de sostenibilidad y contención, que en principio parecen opuestas al alegre programa de crecimiento perpetuo de la derecha (sabemos que el capitalismo, promesa eterna de crecimiento, se desmorona cuando no crece ya que es entonces cuando salen a la superficie las triquiñuelas y promesas incumplidas). Aun así, conviene puntualizar que el progreso no está reñido con la sostenibilidad y que la globalización no está reñida con la honestidad. En nuestra pobre época, si hay alguna crisis que orquesta y consteliza toda actividad es la crisis de valores. Hoy mismo he leído una entrevista con una 'emprendedora' que después de fracasar con su primera empresa, había logrado vender sus segunda y tercera empresa por una cantidad que le permitía vivir sin trabajar. ¿No chirría el propio término emprendedora con esta actitud? Y es esta y no otra la promesa del nacionalismo populista de ultraderecha. Y la crisis de valores, no nos engañemos, afecta a absolutamente todos los partidos del espectro político. Esto es lo que buena parte de los actuales votantes de la xenofobia y la anti-globalización no ven. La situación es más compleja y radical que la que se vivió en el período de entreguerras –aunque los espectors del pasado asustan, la verdad-. El caso de Francia, además, es siempre ejemplar. La ciencia, el arte y la política francesas han estado siempre cargadas de una literatura que, de alguna manera, se ha llegado a erigir como modelo. Ortega y Gasset dice que Francia es una nación profunda porque en ella los opuestos conviven de forma armoniosa y normalizada fortificando así la estructura social, al revés de lo que sucede en España. Será esta profundidad suficientemente compleja (en términos de Morin) para sostener, sea quien sea, al futuro presidente de la Republique?

sábado, 29 de abril de 2017

Involuciones


            Después de más de un mes de viajar verticalmente sin rumbo fijo me apeo del ascensor y observo que el mundo ha empeorado respecto a la situación en que lo dejé. Bien; esto de empeorar no deja de ser una valoración parcial, tomando un marco de tiempo y unas referencias concretas. A pesar de que los medios insisten en que la crisis económica no es tan aguda como hace un año, la gente está cada vez más descontenta. Y seríamos muy bobos si únicamente viéramos en tal descontento un reflejo de las limitaciones económicas que padece una parte relevante de la población. La crisis no es solamente económica, como es lógico que así sea. En este caso, particularmente, se trata de una gran crisis de valores, de moralidad, de referentes, de aburrimiento y de falta de perspectiva vital de la sociedad. Como siempre es un pez que se muerde la cola, y cuanto más profundiza la crisis, más se ciega la población y menos recursos parece tener para superarla. Sectores preocupantemente amplios de la población han optado por “castigar” a los actores de la política tradicional y, en su lugar, han optado por votar a otros políticos “alternativos” a quienes encomiendan el poder ejecutivo con la esperanza de que puedan sacarse de la manga una solución mágica. Teniendo en cuenta que tales “nuevos” políticos representan la eterna política del populismo ribeteada con tintes de un autoritarismo sospechoso por conocido, la situación se está complicando por momentos en todo el planeta. El autoconocimiento, la toma de conciencia, la ampliación de referentes serían la única solución para evitar una catástrofe. Pero la población en general sigue prefiriendo soluciones mágicas y sultanes, maharajás y dictadores que piensen por ellos (sólo hay que abrir un diario cualquiera en un día cualquiera para ver fotografías de los susodichos). Aquella situación clásica de la que siempre nos habíamos lamentado, la de un pueblo (no de ciudadanos sino de súbditos) prefiriendo un miserable monarca absolutista local que una renovación a nivel europeo (Fernando VII “el deseado”) se está imponiendo en todo el mundo. Mientras la ignorancia campe a sus anchas y se multiplique como una masa de parásitos el miedo siempre podrá sobre la razón y justificará los peores males. La sociedad, como todo sistema, funciona con bucles de autocreación, autocontención y autopreservación de forma que cualquier cambio se hace complicado. Pero siempre hay que tener en cuenta que la fuerza de los bucles descritos viene dada por los esquemas mentales –que buena parte de las veces nos son absolutamente inconscientes- de manera que la propia concienciación de situarse dentro de un esquema mental concreto y simplificador podría obrar milagros. La alternativa: esperar a que el torbellino aumente y el propio sistema estalle para hallar una situación más estable.