Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Mecanismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mecanismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de mayo de 2010

Karaokes

El hecho de hacer música con un compañero mecánico –o mejor dicho, electrónico- cada día está más presente en nuestro entorno. Los karaoke han popularizado el canto sobre el acompañamiento fijo, pero las tendencias actuales de la grabación por pistas ó los músicos callejeros en el metro también utilizan profusamente estos métodos, ya sean acordeonistas tocando Les feuilles mortes o violinistas tocando Le quattro staggioni. Si hacer música tiene algo en común con hacer el amor, el hacer música con un compañero de este tipo parece algo similar a la necrofilia. Ya en la época de la eclosión de la reproducción mecánica en pianolas se planteó la posibilidad de la interpretación conjunta (una de las primeras orquestaciones de las stravinskianas Les noces incluía dos pianolas, pero tras los primeros ensayos la obra se juzgó intocable, pese al carácter “mecánico” de la música; la muy original solución definitiva de los cuatro pianos tardó en cristalizar). Las obras electroacústicas también presentan este mixing, aunque el carácter de la música electrónica implicada suele ser tan diferente al de la música tocada por instrumentos acústicos que parece ligar más fácilmente, como la pirámide del Louvre y Las Tullerías (Tristan Murail, por ejemplo, logra efectos sorprendentes en obras como L’esprit des dunes). Además, el tempo (si es que éste concepto es aún aplicable a la música electrónica) y las apariciones de la componente electrónica son usualmente reguladas en vivo durante la ejecución, por lo que el efecto karaoke desaparece. Aquí cabría preguntarse una vez más por la posibilidad de incorporación mecánica en “alta definición” de los efectos puramente físicos (ataques, desplazamientos del ritmo) del swing resultantes de una ejecución humana.

miércoles, 14 de junio de 2006

Hommage à Ligeti


Siempre he sentido fascinación por la música producida mecánicamente, como la que generan los organillos, cajas de música u órganos de autómatas. Tal fascinación quizás esté asociada al mecanismo de relojería subyacente, en el que otrora se creyó ver representado el trasunto físico del mundo que nos rodea. Esta fascinación ha estado presente en la conciencia de muchos grandes creadores musicales, como Mozart, Ravel ó Ligeti, que en ocasiones han querido imitar con su música (como también Stravinsky en Petroushka) el mundo del mecanismo inanimado. Hoy día nuestro paradigma ya no es el del mecanismo sino el sistémico y, como tal, nuestros artilugios musicales han de ir de acuerdo con tal cosmovisión. Recientemente he encontrado una página web en donde se representa el trasunto actual del órgano de autómatas. La fascinación en este caso, como en los anteriores, está repartida entre el oído y la vista. Recomiendo especialmente las variaciones 5, 8 y 11, cuyo resultado sonoro está increíblemente cerca de algunas de las obras de Ligeti, a quien quiero rendir aquí un cálido homenaje. Refiriéndome a mi última entrada, es evidente que dentro de cien años se celebrará el centenario de la desaparición de este gran compositor.