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viernes, 8 de diciembre de 2023

Planaridad

 


              Lo que más me aterra de la sociedad actual es su planaridad. La supuesta ágora en donde todo el mundo puede opinar sobre la única realidad que existe. Un ágora que aumenta su tamaño a medida que los científicos descubren cosas y los técnicos desarrollan nuevos inventos e instrumentos. Un ágora en donde los conceptos han reificado y, a base de copypaste, tick check-marks victoriosos y likes, han llegado a momificar. ¡Socorro! He trabajado en el campo de la investigación biomédica durante 35 años. La gente que se dedica a la investigación en ciencias naturales acostumbra a tener una visión del mundo muy particular -la que filosóficamente se denomina realismo ingenuo-. Además, muchos de los científicos sostienen que la ciencia es a-moral, como si no se tratase de una actividad humana. La combinación de tales creencias (el mundo es cognoscible tal cual es, de forma independiente de nuestras consideraciones y percepciones, el conocimiento científico va arrinconando las creencias y nos instala en la realidad racional, la ciencia es objetiva o no es ciencia, la ciencia no es buena ni mala; son los humanos quienes la colorean) me causa cierto pavor. En el mundo anglosajón, los doctorados -la mayor parte de investigadores los son- se denominan PhD, siglas que provienen del latín medieval philosophiae doctor, término que actualmente no puede estar más alejado de la realidad. Muchos científicos, incluso algunos muy famosos, han declarado públicamente que la filosofía es un conocimiento obsoleto porque no trata con realidades, como lo hace la ciencia (más pavor). La guinda del pastel la pone la consideración social de la ciencia y los científicos, que ocupan la misma posición que la religión y los sacerdotes en otras épocas (esto ya me da terror).            

sábado, 24 de abril de 2010

Hipergiro

Hace poco hablaba sobre el realismo ingenuo. Una de las asunciones más directas y perniciosas que nacen de él es la del modelo del conocimiento como queso de bola al que también me refería unos pocos posts atrás. Hace unos años discutía con un colega la posibilidad de la existencia de más de una física. Según él solamente era posible una física. Esta creencia como mínimo indicaba que no estaba demasiado al día de la evolución de la física sino que se había quedado con las cuatro ideas aprendidas en secundaria. No estoy diciendo que cada uno pueda generar una física y todas ellas sean válidas, atención. Pero vayamos más allá. La máxima revolución de la física del XX no es la revisión de los conceptos de espacio, tiempo y causalidad que la relatividad nos propone, por importantísima que sea esta aportación. La máxima revolución se correspondería con algo que Einstein no quería creer de ninguna manera y es el simple hecho de la consideración de que la física no estudia un objeto independiente del observador. La física, en pocas palabras, es el resultado de la conciencia humana. Este hecho aparece primero en la formulación de la mecánica cuántica y después se extiende a través de numerosas ramas, hasta el estudio de los sistemas disipativos. El propio concepto de la necesidad de la existencia de leyes naturales se ha visto debilitado (en parte, hay que admitirlo, debido a la boomeritis, que rechaza todo tipo de autoridad o jerarquía, aun en el campo del conocimiento). La disminución del sentido objetivizador con el que la ciencia natural caminó durante cuatrocientos años está ligada, obviamente, a la evolución de la conciencia. Cuando nos preguntamos por el aspecto de las estructuras de conocimiento transracionales aplicadas al mundo natural los indicios apuntan en esta dirección. Estamos evolucionando desde la descripción de objetos en cortes múltiples hacia la consideración integral. Nos estamos dando cuenta de que cuando queremos agarrar y fijar un concepto automáticamente lo segregamos del flujo general y por ello lo matamos. Lo que entonces describimos y estudiamos no es más que un cadáver fijado en formol. Por eso esta sociedad que queremos construir de manera perfecta se está pareciendo más al mundo feliz huxleyano que a una sociedad sana. Y no creo –como sostiene el famoso neurocientífico Antonio Damasio- que Descartes –uno de los mayores genios del pensamiento universal- se equivocara sino más bien que debemos evolucionar desde sus hallazgos hasta posiciones más avanzadas del desarrollo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Realismo ingenuo

El realismo ingenuo es una teoría de la percepción que sostiene que el mundo es tal cual lo percibimos. Es decir, que nuestra aprehensión es transparente y que el mundo es externo y ajeno a nuestra captación de él. Qué decir tiene que esta teoría aplica solamente al mundo material y que gran parte de las ciencias básicas la abandonó hace muchos años. Ya la física del XIX se empezó a apartar del supuesto “sentido común” que parece albergar. La física del XX, con su radical revisión de los conceptos de espacio, tiempo, materia y causalidad, derribó cualquier vestigio de permanencia. Existe todavía, sin embargo, una importante parte de la biología contemporánea que tiende a pensar en su objeto de estudio como una versión microscópica de lo que sus sentidos perciben “ingenuamente”. Hecho que indica lo atrasadas que se sitúan todavía las ciencias biológicas respecto de la física. La seguridad que los participantes en un cursillo de 10 horas sobre asuntos que requieren la experiencia de años para entenderse mínimamente muestran respecto a la adquisición plana de conocimientos se nutre ampliamente de realismo ingenuo. En general, una versión ampliada de realismo ingenuo percola a través de la mayoría de nuestras acciones. Es por ello que en los modelos de psicología evolutiva, como el de Clare Graves, existe un nivel evolutivo que inaugura la llamada “conciencia de segundo grado”, es decir, aquel nivel a partir del cual la conciencia se hace consciente de sí misma, por así decirlo, y cesa de proyectar sistemáticamente la propia interioridad sobre todo cuanto percibe.

martes, 10 de noviembre de 2009

Uniformidad


Una de las cosas que más me aterra de nuestro presente es su aparente uniformidad. En realidad el mundo siempre se nos presenta como multiforme, dependiendo no solamente del grado de percepción de cada uno sino especialmente de la amplitud de sus referentes (experiencia) y de la madurez de sus apreciaciones (conciencia). Todo esto no es tenido en cuenta normalmente a la hora de emitir juicios, ya que estamos absolutamente obcecados por una especie de realismo ingenuo que se da sin más por supuesto y que nos hace creer que somos transparentes en nuestras apreciaciones y directos en nuestras percepciones. El mundo de la ciencia –que por otra parte respeto y al cual de alguna manera también pertenezco- tiene una parte de la culpa en el fomento de esta suposición tácita. En la actualidad se toma por científico todo lo que proviene de algún tipo de experiencia, con datos contrastados y referencias. Pero esto es solamente una parte del trabajo científico; la parte que podríamos tildar de “tirar del hilo” y que Kuhn denominó con más o menos acierto “ciencia normal”. Lo que este autor denominara “ciencia revolucionaria” está en la misma base del edificio y consiste nada menos que en dar a luz (en el sentido socrático) nuevos paradigmas, nuevas mentalidades. El mundo de las ciencias naturales nunca ha llegado a tomar del todo en serio esta línea de pensamiento (que deriva directamente de Koyré y Bachelard, por cierto) y quizá por ello que el campo de las humanidades no solamente lo adoptó sino que lo interpretó a su gusto y manera, dando un barniz de postmodernidad al conjunto con el que el propio autor nunca llegó a estar de acuerdo. La tendencia a aceptar únicamente la parte material, física, externa, como único elemento constitutivo de una nunca discutida realidad objetiva e independiente con la consecuente relegación del resto a la zona equívoca de la subjetividad hace el resto.