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sábado, 21 de octubre de 2017

Respuesta


                  Me doy perfecta cuenta de que mi reciente respuesta a mi más asiduo lector –o, cuando menos, comentarista- es muy pobre y escueta. Hablo de la posible inclusión de la ciencia en el ámbito de la post-modernidad. Durante siglos la Historia de la Ciencia –nuestra ciencia como tal empieza con el Renacimiento- dio por sentado que nuestros afanes investigadores perseguían básicamente el estudio de la realidad (en este caso física). Una realidad teñida de forma absolutamente inconsciente por el Zeitgeist de la Modernidad, claro está. En suma: una realidad externa e independiente de nosotros y perfectamente cognoscible en su totalidad. Una realidad que requeriría solamente ser descubierta. Cada nuevo descubrimiento, por tanto, iría desvelando una capa más de tal realidad hasta hacerla transparente. En ese momento conoceríamos toda la realidad. Este proceso sugiere un avance acumulativo en el conocimiento. Toda vez que, de acuerdo con el modelo popperiano, una teoría o modelo puede ser falseado en cualquier momento y eso lo desacredita y elimina de la ruta acumulativa hacia el conocimiento absoluto de la realidad de la Modernidad. En el S XX y más aún en la post-modernidad nuestra visión de la realidad se ha modificado rotundamente. Nuestra realidad ya no es una roca externa, cognoscible en su totalidad o independiente de nuestros puntos de vista. El modus operandi del avance en el conocimiento científico estaría entonces descrito por las epistemologías de Koyré, Bachelard y Kuhn, quien introduce el concepto de paradigma dentro de la historia de la ciencia. Los paradigmas, cual zeitgeist que representan, tiñen todos los elementos que constelizan de su color de forma que los conceptos que se manejan en su interior dependen más de la red estructural propia que de un sistema independiente que reflejara cual espejo fidelísimo la propia naturaleza. La epistemología de Kuhn fue sistemáticamente ignorada dentro del mundo de las ciencias de la naturaleza y excesivamente dogmatizada dentro del mundo de las ciencias humanas. Si la interpretamos a la luz de un modelo evolutivo lo que nos dice la sucesión de paradigmas no está ya relacionado con un simple cambio psicológico como pretendía Popper sino como una mirada consecuentemente más y más ampliada que reduce el paradigma anterior a un caso particular del más general paradigma presente. Esta visión ya no es ni acumulativa ni paradigmática sino que participa de ambas aproximaciones. Nuestra percepción de las cosas nos hace elaborar constructos que van modificando nuestra mentalidad y con ello nuestra percepción. Nuestro conocimiento de la(s) realidad(es) transmodernas modifica constantemente nuestra percepción del miundo y su(s) realidad(es). Es por eso que nuestra(s) realidad(es) ya no son descubiertas sino inventadas.  Eso puede sonar incluso como una herejía si nos mantenemos en el concepto moderno de realidad que describía antes. No sé si me ha llegado a explicar tan claramente como se merece mi atento y paciente comentarista.

viernes, 6 de octubre de 2017

Posturas

                        La religión y la política son dos temas que se suelen excluir, de forma tácita o abiertamente pactada, de las conversaciones. Por mor de respeto a la sensibilidad del prójimo o para evitar estériles enfrentamientos. ¿Por qué precisamente estos dos temas? Sencillo. Porque constelizan toda una serie de contenidos emocionales difícilmente controlables. He dicho alguna vez que las emociones son el motor que tira de un carro que debe estar conducido por un cochero -la razón- el cual debe a su vez seguir una ruta que puede también ir variando en virtud de los acontecimientos. En este blog rara vez he expuesto temas abiertamente políticos. Quizá porque me ha interesado más el trasfondo psicológico, sociológico o ético de tales cuestiones o simplemente porque he pretendido atacar cuestiones más puramente relacionadas con la propia naturaleza humana. Aunque reconozco mi gusto por los escritos concentrados, breves, que intentan despertar zonas de pensamiento que el lector suele ignorar cotidianamente, también confieso mi disgusto hacia las frases simples, descontextualizadas y triperas que algunas redes sociales -todos saben de qué hablo- exhiben impúdicamente como estandarte de gente con poca imaginación y un muy limitado conocimiento de la complejidad del mundo -políticos incluídos-. Estas frases se corresponderían con los animales de tiro de que hablaba anteriormente que súbitamente se acabaran de liberar del cochero. Los acontecimientos actuales en Catalunya hacen que deba dedicar una entrada a un tema político. Advierto de entrada que no voy a tomar partido por ninguna de las opciones que aparentemente se nos presentan como únicas y antagónicas. Voto en blanco porque no me identifico plenamente con ninguna de ellas. Después de todo, identificarse más con una de ellas es una opción personal que en gran parte tampoco elegimos. Por mucho que ambas partes contendientes adornen con muchos argumentos racionales su postura hay una parte primordial de creencia -palabra hoy en dia desacreditada pero muy útil en psicología- que exige respeto por parte de la facción contraria. Ambas posturas se han autoentronizado como la opción única posible y se han dedicado a demonizar a su rival utilizando muchos argumentos que en realidad ocultan aquella estructura cognitiva -creencia- que todos tratan de ignorar. A partir de aquí, y mediante el uso más perverso del tertio excluso aristotélico (“si no estás conmigo estás contra mi”;”la acción vil que descalifica a una de las partes legitimiza a la otra parte”) se ha llegado a un callejón sin salida en que la gente madura se debe de sentar a pactar. Pactar para ceder, naturalmente. Si no es así malament anem.