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viernes, 10 de mayo de 2019
Aniversario
Siempre he sido una persona rara. De niño no me gustaban los pasteles; prefería los bocadillos. Tampoco me gustaban las películas del Oeste ni las de espías; prefería las cómicas. De adolescente no me gustaba jugar a fútbol; prefería jugar a los exploradores. No me gustaba la Coca-Cola; prefería la cerveza (¡no me he emborrachado en la vida!). De joven no me gustaban las motos; prefería el piano. Tampoco me gustaba la música pop; prefería a Stravinsky. De adulto no me gusta mandar; prefiero desobedecer.
sábado, 5 de febrero de 2011
Medallas
Una clara consecuencia del aumento del narcisismo y del ego-que-no-fluye es la creciente utilización –a todas luces, con éxito- de la condecoración como forma de retribución. Sea en forma de medalla (sin fondos asociados, al estilo militar), sea en forma de premio ó simplemente en forma de exposición pública, la condecoración es capaz de comprar almas, hacer callar bocas y serenar los ánimos hasta nuevo aviso. Dice Raimon en una de sus pocas canciones irónicas que hay gente que ha resistido la tortura pero no la adulación. Los recién condecorados de hoy en día no aguantarían la tortura a la que alude la canción, pero para ellos la baja exposición pública ó la falta de reconocimiento ya es una forma de tortura. Son los mediocres antiprofesionales que genera hoy día el sistema de retribución por objetivos, perversión favorita de un sistema que hace aguas por todos los costados.
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