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martes, 26 de agosto de 2014

Encuadre


             Nuestros utensilios básicos de navegación por los aspectos cognitivos de la vida son las percepciones y los referentes. A su vez, ambos están condicionados por una genética, son modulados por una historia personal, y llegan a constituir paradigmas o macroencuadres. Su funcionamiento interno se basa en la racionalidad, pero también, de forma más o menos incosciente, en el mito y la magia. Cuanto más amplios, numerosos y variopintos sean los referentes que alberguemos, tanto más lo serán nuestros horizontes. Esta muelle sociedad que parece atrapada por un bucle de recursión positiva hacia el colapso se deja controlar fácilmente por aquellos que sacan partido de la limitación de referentes. Nuestros referentes mayoritarios están constituídos por cuatro elementos que iluminan pobremente nuestros chatos horizontes; a saber: 1/las consignas publicitarias, 2/las consignas propagandísticas, 3/el cine, la música y la literatura de consumo y 4/las asociaciones de términos automáticas. Los guias de new york muestran tal restaurante donde se filmó determinada escena de un film popular o cual rincón de la ciudad en donde tuvo lugar una persecución en otro film. Eisenhower, durante su presidencia, dijo en una ocasión que "el jazz es nuestro mejor embajador". Sin duda se refería a los años veinte y treinta. Cuando pronunció la frase el cine había ocupado tal lugar. Es evidente q cuando viajamos intentamos casar nuestra percepción con nuestros referentes. Los referentes de la cultura popular, por extendidos y autoreplicantes, tienen una fuerza inusitada. Pero el hecho de reducir la percepción de una metrópolis a un puñado de anécdotas es una reducción, a mi entender, excesiva...

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