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sábado, 9 de mayo de 2015

Telones de fondo

                     
        La post Modernidad, a la que tantos posts he dedicado de forma directa o indirecta establece, en su versión hard, que no hay verdades absolutas y que no existen hechos, sino interpretaciones (la versión soft establece que todo es relativo) y que cualquier producto de la historia se puede deconstruir en sus elementos, por lo que se deduce que cualquier producto futuro se puede construir a voluntad de cada cual y que todos tendrán su cuota de verdad relativa. Por productos de la historia se entiende cualquier tipo de producto: artístico, filosófico,  científico, cultural, natural, social. Se respira así un clima de “final de la historia” como final de la evolución. Existe una profunda contradicción dentro de todo este asunto. En ocasiones he visto referida esta contradicción en la forma de autoengaño: si no hay verdades absolutas, la postmodernidad, que no deja de ser una consideración, tampoco lo es. Así se puede llegar a la paradoja de la auto-contención (la hace poco citada paradoja del cretense). Existe otra manera de descubrir la falacia de la post-modernidad (en el fondo es la misma, pero ofrecida bajo otra perspectiva). Las supuestas verdades relativas que se pueden construir y deconstruir precisan para poderse efectuar esta operación de un fondo neutro. Este fondo neutro es una forma de verdad absoluta introducida como un poco disimulado troyano o macrodiablo de Maxwell. Alguna pared de fondo siempre ha existido, también con la Modernidad (Renacimiento-Ilustración). Con el final de la Modernidad y la subsiguiente caída de su propio telón de fondo la postmodernidad ha creído ver en el nuevo telón de fondo el verdadero punto final y  lo ha tomado así por una referencia absoluta e inamovible. Como concluyo siempre con este tema, el valor real de la postmodernidad informa sobre la decrepitud de la modernidad pero no constituye ningún estadio evolutivo. La Postmodernidad es el camino a través del cual se accede a la transmodernidad.

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