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sábado, 2 de septiembre de 2023

Post-realismos

 


                      Cuando dentro de las eventuales tendencias filosóficas entre los antiguos griegos fueron apareciendo una parte de los fundamentos, dicen, del pensamiento occidental, se efectuó un claro sesgo hacia el realismo, pero que tuvo lugar a partir del idealismo. Me explico. Platón y sus seguidores estaban convencidos por un lado de que el mundo no es directamente cognoscible, sino que solo podemos hacernos una idea desfigurada de él (idealismo; mito de la caverna) mientras que por otro lado el idealismo atribuía propiedades metafísicas a las “esencias” de las cosas. Y estas “esencias” en el fondo venían dadas por nuestra captación sensorial y posterior racionalización de lo aprehendido. Las rosas tienen un olor agradable que nos remite a su “esencia” (los actuales perfumistas siguen hablando de ‘esencias’ en el simple sentido odorífero del término); es decir, se concibe su olor agradable como parte ontológica de su existencia. Sin embargo, hoy entendemos que el olor que los humanos percibimos en las rosas viene dado por un impulso nervioso mediado por unos receptores que son activados por determinados compuestos químicos. O sea, que el olor no está en la “esencia” de la rosa sino en la interacción de determinados componentes de la rosa con nuestra fisiología. Quizá otros animales no encuentran agradable el olor de las rosas o incluso no perciben ningún olor en ellas. A través de una percepción/racionalización apoyada en el realismo se construye una metafísica del idealismo. Y es que desde nuestra posición histórica los idealismos, realismos, anti-realismos y otros -ismos del pasado ya no pueden tener demasiada cabida.

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