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lunes, 3 de enero de 2011

Códigos


La interpretación musical, como toda ejecución de un art chronique, está sujeta a toda una serie de determinantes que la pueden configurar. En primer lugar tenemos la abstracción objetivada que utiliza ciertos códigos semánticos para ser codificada y descodificada, a la que en este caso llamamos partitura. Pero como sucede con cualquier código semiótico el mensaje abstracto, además de contener una información inherente explícita, lleva asociado todo un sistema de pensamiento que es el que precisamente permite su deconvolución de forma relativamente sencilla. El pensamiento musical de Occidente ideó alrededor del año 1000 un procedimiento de notación que se fue perfeccionando progresivamente y que permaneció como sistema único en tal cultura hasta mitades del S XX. Eso no quiere decir que antes no hubieran existido otros sistemas de notación ó que otras culturas no hayan utilizado otros sistemas muy diferentes. Pero tales culturas llevaban asociados unos sistemas de pensamiento musical muy diferentes, desde la propia estructura de los sonidos emitidos -el modo de afinación- hasta la forma de percibir tales sonidos -el sentido de la armonía, el ritmo y la temporalidad-, por lo que sus sistemas de notación eran en cada caso los más convenientes para tales sistemas de pensamiento. Hasta hace no demasiado tiempo el etnocentrismo, poniendo una venda en los ojos de los integrantes de una cultura –me refiero a la Occidental-, podía crear la ilusión de que la música de otras culturas se podía “reducir” a la de Occidente y ser fijada objetivamente con su “científico, racional y avanzado” sistema de notación. Justamente cuando este prejuicio ya no se puede sostener por más tiempo hacen su aparición las notaciones alternativas dentro de la música más avanzada en occidente (de hecho, hace poco asistí en el metro a una escena en que una señora “encopetada” increpaba a un violinista europeo del este diciéndole que “desafinaba” cuando el músico solicitaba la voluntad de los oyentes tras tocar el violín como solamente algunos gitanos saben hacer). ¿Qué otro determinante tiene la interpretación musical, además de partitura y código? Pues el de la tradición, y con ello me refiero tanto al aprendizaje como a las escuelas interpretativas. Aunque la presencia de la omniscente partitura con su inherente código y la individualidad de los compositores de Occidente han minimizado la importancia de la transmisión oral con respecto a otras culturas musicales, dicha transmisión desempeña sin duda un importante rol dentro de los estudios de la técnica instrumental e interpretación musical de la música culta occidental. La música, aun en Occidente, continúa aprendiéndose en buena parte por imitación a la vez que experimentación, procedimiento que va educando progresivamente la apreciación de la propia ejecución. También forma parte de la tradición la historia de las interpretaciones previas, que tiene también un peso específico importante, tanto como la posible hermenéutica musical. Es por eso que alguien como Daniel Barenboim dice que tiene “menos problemas filosóficos con alguien que interpreta a Bach haciéndolo sonar como Boulez que con alguien que intenta imitar el sonido original de la época de Bach”. Pero esto forma parte ya de otra discusión.

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