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jueves, 11 de agosto de 2011

Moldes


                        Quizás porque pertrenezco a una generación que tenía en sus años de juventud una visión muy diferente a la actual que me sorprende un hecho que constato cada vez que asisto ó veo un acto académico de graduación. En mi época juvenil ni se planteaba  la celebración de tal espectáculo, que se asociaba –¡el cine!- a determinada coordenada ético-estética (¡yankeelandia!). Analizada así, la cosa no tiene mayores consecuencias: las modas cambian (o, cada vez más, simplemente van y vienen) y cada generación va coloreada con sus circunstancias históricas, que siempre se van modificando (algunas veces también van y vienen). Pero la cosa no queda ahí. El fenómeno que describo, a través del cual se han implementado recientemente tradiciones muertas que ya no significan otra cosa más allá de los aspectos más externos, forma parte de un gran grupo de objetos y etiquetas fijados a los que queremos acceder para alcanzar lo que hemos creído fijar como status. El hábito no hace al monje; simplemente lo denota superficialmente. En vez de querer hacer cosas invirtiendo un esfuerzo y logrando unos resultados, lo que más apetecemos es acceder a títulos y esquemas que creemos fijados. A los trepadores incompetentes, clase hoy en día bastante abundante, poco les importa superar su incompetencia; lo único que les interesa es alcanzar un puesto (puesto que, una vez acceden ellos, queda automáticamente desacralizado; puro papel mojado). La aristocracia tenía en otras épocas muy presente un motto procedente de épocas medievales: noblesse oblige, todo un principio básico de una sociedad meritocrática. Hoy hemos vaciado de contenido títulos, jerarquías, ceremonias, para acto seguido adorar su cadáver. El hecho me recuerda también las ferias en las cuales se exhiben oficios ya perdidos, algunos de los cuales han contribuído a hacerlos desaparecer los mismos siniestros personajes que ahora nos invitan a contemplarlos con nostalgia.

4 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,

resalto la frase "En vez de querer hacer cosas invirtiendo un esfuerzo y logrando unos resultados, lo que más apetecemos es acceder a títulos y esquemas que creemos fijados." por dos motivos. El primero, porque tienes razón en señalar esta ambición superficial como un fenómeno bastante extendido en nuestros días, aparentar cada día más para trabajar cada vez menos. El segundo, porque siempre hay que dejar un rayo de esperanza a los que, con su esfuerzo anónimo diario, nos muestran el verdadero camino hacia un progreso que redunda en el bien de todos. Si bien la balanza parece bastante inclinada hacia el colectivo de los trepadores de escalas profesionales, el tiempo pone a todos en su lugar y no dudo que muy pronto veremos una inclinación del fiel hacia el lado de los comprometidos con el esfuerzo útil (otra cosa es que el parto sea doloroso, crucemos los dedos...).
Gracias por amenizar el verano con tus siempre frescas reflexiones,

fp

Anónimo dijo...

Hola Carlos
este fenómeno que describes (como siempre tán acertadamente) sobrepasa lo anecdótico.
Cada vez más,el Mundo parece un Gran Parque Temático;una simple caricatura de las estructuras clásicas, que también describes.
saludos Susana

carles p dijo...

Fratello,

Yo tampoco dudo sobre el proceso evolutivo. Sobre lo que sí dudo más es el tiempo necesario para conseguir cada paso.

Gracias por seguir leyendo TM en verano

fp

carles p dijo...

Hola Susana,

El parque temático que tan acertadamente citas se llama postmodernidad. Lo bueno de ella es que nos muestra una buena perspectiva del pasado, que deconstruye. Lo malo de ella es que niega toda posibilidad de evolución ulterior.

Gracias por tus siempre acertados comentarios.

Un saludo

carles