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martes, 12 de febrero de 2013

Hipertiempo


                   No hace falta aportar demasiadas pruebas para reconocer la enfermedad que la sociedad mundial padece. La crisis económica es una de las manifestaciones externas más patentes, pero detrás de ella anidan todas las demás crisis, cada una en su nivel de interioridad. Y lo peor que se puede hacer para poder superar una crisis es negarla y buscar culpables compulsivamente. Cuando un sistema está enfermo, lo están sus partes, y viceversa. Lo primero para poder avanzar consiste en el conocimiento preciso de los males que nos aquejan, y no tan solo su naturaleza sino también su cartografía (que incluye niveles, evolución, temporalidad y redefinición de los espacios y conceptos). Es inútil ver una crisis como una interrupción temporal previa a una vuelta a la misma situación. Cuando un organismo en evolución atraviesa una crisis de crecimiento ésta se acaba resolviendo al alcanzar el organismo un nuevo estadio (o con su desaparición). Y en medio de nuestra crisis económico-social-moral-cognitivo-anímico-espiritual hay un elemento clave a considerar: el tiempo. He hablado en numerosas ocasiones de tal término, constructo apasionante en la historia de la humanidad. Nuestra enfermedad es la enfermedad del tiempo, la crisis de crecimiento que lleva del tiempo lineal al circular. Todavía no llegamos a captar enteramente el ethos de nuestra siguiente fase evolutiva, pero ya hemos dejado de entender el de la anterior. Y lo más problemático es que no podremos siquiera empezar a captarla si abandonamos la anterior sin haberla asimilado enteramente. ¿Cómo se asimila el tiempo lineal hasta llegar a transparentarlo, hasta la desaparición de toda fractura que impida su natural inclusión en nuestras estructuras de conciencia? Existen muchos modos, pero uno de ellos es especialmente poderoso, y ha sido usado con fines terapéuticos desde la Antigüedad. La música posee el increíble don de poder codificar en un soporte físico –las ondas sonoras- la propia matriz de la relación entre la conciencia y el tiempo. Y la evolución de los estilos musicales ha ido pareja a la evolución de esta relación. Difícilmente se podrá “captar” la atemporalidad presente en la música de Morton Feldman si antes no se ha “captado” la leve temporalidad de la música de Messiaen que a su vez no se puede captar si antes no se han “captado” los diversos grados de temporalidad de músicas anteriores (independientemente de nuestros gustos musicales o nuestra apetencia por estos autores). El llamado “efecto Mozart” engloba toda una serie de elementos –algunos bastante dudosos e incluso sospechosos de ser objeto de fraude comercial- pero el estudio original que dio lugar a esta denominación relaciona un mayor rendimiento en el razonamiento espacio-temporal tras la escucha regular de música de este compositor. Precisamente los compositores de la época clásica vienesa (el excelso trío Haydn/Mozart/Beethoven), la más excelsa representación musical de la Ilustración, representan el gran punto de equilibrio en la relación tiempo-conciencia. Este equilibrio se halla situado a medio camino entre la temporalidad “mecánica” de la música barroca, símil musical de la mecánica newtoniana, y la temporalidad “psicológica”, símil musical de la termodinámica clásica. Para ser buen paciente de musicoterapia no hay que amar necesariamente la música, pero este hecho facilita su acción reparadora (aunque los que aman la música y lo saben ya se preocupan de mantener sus dosis habituales de musicoterapia). El efecto de la música sobre el entendimiento e incluso sobre las inclinaciones morales era de sobras conocido en la antigua Grecia, y el concepto sobrevivió precisamente hasta la Ilustración (es de sobras conocida la importancia que daba Beethoven al valor moral de la música). Cuando estas convicciones se empiezan a desdibujar poco después y se borran definitivamente en nuestra coetánea postmodernidad es necesario que las hayamos asimilado enteramente y miremos con atención lo que viene a continuación. No para negar lo anterior, sino para ir más allá.

4 comentarios:

rosa dijo...

Hola Carlos: Tus comentarios sobre el tiempo han coincidido con mi relectura de un libro de Nabokov (Habla, memoria)en una de cuyas páginas encuentro una hermosa reflexión sobre esa relación entre la conciencia y el tiempo.Se refiere a la espiral, ese circulo "devanado", que ha sido liberado dejando de ser vicioso. Nabokov dice, en resumen, que todas las cosas tienen una espiralidad esencial en relación al tiempo, pudiendo llamarse "tesis" al pequeño arco que en la espiral más sencilla, inicia la circunvalación al centro, "antítesis" al que se encara al primero en el proceso de continuarlo, y "síntesis" al arco aún mayor que continúa al segundo, siguiendo al primero por el exterior. Y así sucesivamente. Tengo otro curioso libro llamado "Geometría de la música", donde se hace hincapie en esta idea de un desarrollo en espiral. Y otro del cineasta Tarkowsky que se llama " Esculpir en el tiempo", que te recomiendo; aunque su idea de que el cine sea la manera perfecta de plasmar, expresar o recuperar el tiempo caiga, me parece, en la trampa de pensar que eso pueda consistir en el hecho de que queda "almacenado" en un soporte revisable.
No hay más remedio que trabajar en el tiempo...incluso el arte que parece más estático, la Pintura,lo exhibe y lo utiliza, mostrando su rastro con mayor o menor intensidad.Me parece un tema de lo más apasionante....
Rosa.

carles p dijo...

Hola Rosa,

La imagen de la espiral resultado de visualizar el proceso dialéctico "en tres dimensiones" siempre me ha atraído mucho. El libro de geometría de la música ¿es el de D.Tymoczko? Dicen que es bastante árido...El libro de Tarkovsky me lo apunto, a pesar de la trampa en la que cae.

¡Gracias!
Carles

rosa dijo...

Hola Carlos:
El libro de la geometria no es de ese personaje, sino de un ingeniero compañero de mi padre que supongo lo auto editó en 1944. Se llama Adrian Margarit; te lo puedo prestar. El de Tarkowsky lo encontrarás en la Filmoteca; la objeción que le puse queda luego compensada por las reflexiones sutilísimas que va haciendo, y que no son sólo válidas para el cine sino para todo el arte en general.
POr cierto, la espiral aún habla más del tiempo si no la visualizamos plana.
Buon divertimento!
Rosa.

Anónimo dijo...

Hola Carles,
estos días cercanos a Sant Jordi curioseando por las libreias vi un libro que te puede intersar ya que reflexiona sobre el tiempo y la música:
Jeanne Hersch. Tiempo y música
(Ed. Acantilado)
gracias de nuevo por tu blog
Filo