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lunes, 26 de octubre de 2015

Inorganicidad


                  De acuerdo con la inestabilidad de nuestras coordenadas socio-ético-culturales ahora se tiende a reprimir muy poco a los menores, que en pocas generaciones se han convertido en los mayores déspotas de nuestra sociedad. Uno de los motivos esgrimidos es que, digamos nosotros lo que les digamos, ellos seguirán haciendo la suya. Y el problema mayor es esta especie de racionalización limitante que llevamos siempre encima como un pesado e invisible fardo. Es necesario que reprendamos a los menores cuando hagan algo que va en contra de nuestros principios –bien, mejor diría cuando sospechamos que hacen algo así, porque dada la citada inestabilidad cada vez sabemos menos de principios-. Y es igual de necesario que los menores hagan la suya, que no nos hagan caso, que protesten o que vayan a la chita callando. Una cosa nunca niega la otra. Ambas acciones, aunque nos parezcan antagónicas, se hallan en la esencia que sustenta la comunicación transgeneracional. Es a base de suprimir este tipo de supuestos antagonismos y de aplicar la reducción a “lo bueno” y “ lo malo” que caemos dentro un un paisaje tan limitado y tan falto de perspectiva que acaba ahogándonos.

2 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,
Cuando se reprende a un menor, se le están marcando unos límites que actúan de referencia para éste. En estos casos, el menor debe obedecer, so pena de seguir en la ignorancia de hasta dónde puede llegar su libre albedrío. Los menores harán la suya excepto cuando se les marca la línea roja que no debieron cruzar. Si no les hace ver que su comportamiento no ha sido el adecuado y que deben atenerse a las consecuencias, la vida ya se encargará de que aprendan de sus errores, aunque se llevarán un correctivo más doloroso.
He conocido predecesores míos que sufrieron una adolescencia en internados religiosos. Allí, las líneas de comportamiento no estaban marcadas con yeso, eran verdaderos muros de espinas infranqueables, una auténtica atmosfera asfixiante. Sin embargo, paradójicamente, la gran mayoría de los que pasaron por estos centros han desarrollado una vida familiar y profesional de lo más normal y satisfactoria. ¿Se puede decir lo mismo del colectivo ni-ni (ni estudian, ni trabajan), en claro aumento entre los adolescentes? Como indica el sentido común, en el equilibrio está la respuesta. Por cierto, un equilibrio tan fácil de indicar como difícil de llevar a la práctica.

fp

carles p dijo...

Fratello,

Totalmente de acuerdo. Por desgracia la dinámica de sistemas no responde fácilmente a acciones aisladas que buscan un rápido desarrollo causal. Y el equilibrio siempre se desplaza de forma más o menos sinuosa.

Totus tuus

fp