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lunes, 25 de julio de 2016

Cultura de masas


                                  Inspecciono el programa de la orquesta local para la temporada que viene y una vez más me lamento. Además de las dosis habituales de sinfonías de Shostakovich (gustan al gran público pero, sobre todo, no pagan derechos de autor) observo una cuota creciente de música de películas tipo Star Wars. Si las sinfonías de Shostakovich son música de segunda o tercera prensada en este tipo de composición el número de prensadas se hace ya incontable. A la música de películas le pasa lo mismo que a la ópera: funciona en su medio original pero pierde su sentido fuera de él. Se ha escrito muy buena música para películas pero no tiene nada que ver con lo que el gran público entiende por dicho término. La música para películas clásicas hollywoodienses bebe de una pléyade de exiliados centro-europeos que huían del nazismo pero también de la música moderna que, dicho sea de paso, en su país de origen estaba prohibida. Estos compositores crearon en verdad todo un género, pero se trataba de un género basado en un tipo de música periclitado de las salas de concierto o de los teatros de ópera. Cuando escribían –y de vez en cuando lo hacían- conciertos para violín el resultado servía para poco más que dar un vehículo de lucimiento a algún solista. El mérito de Miklos Rozsa, Max Steiner, Franz Waxman, Erich Korngold y sus colegas, repito, consistió en la creación de un género de forma artesana. Experimentaron con las imágenes, aunque normalmente emplearon el material que Strauss,  Scriabin o Reger manejaban 50 años atrás. Y este modelo, actualizado, continúa siendo el regularmente utilizado en las grandes producciones hollywoodienses. ¿Por qué el público no muestra mayor interés en las obras originales en que se basan estas músicas funcionales? Ayer mismo leía en un comentario a la interpretación de la IX sinfonía beethoveniana en los Proms de 2012 que en el minuto tal la música parecía la de Lord of the Rings….¿¡¿sería al revés, no?!? No puedo por menos que pensar en el rigor con se programaban los conciertos clasicos durante mi adolescencia, cosa que hacía el rito de la música aun más sagrado. Hoy en día lo sagrado no existe simplemente por definición. Sólo existe la mercancía, la cultura de masas. El filósofo y (pobre) teórico musical Th. Adorno unía su herencia centro-europea y su filiación neomarxista de la Escuela de Frankfurt para despreciar fuertemente lo que él mismo bautizó como Kulturindustrie o cultura de masas, producto del tardo-capitalismo que habría servido para impedir que el proletariado llegara a subvertir el orden establecido. Aplicando tales conceptos en un orden más amplio, me atrevería a decir que esta industria ha logrado llevar los referentes de las masas hasta su mínima y máximamente estéril expresión. No nos engañemos: los referentes forman el entramado consciente que constituye nuestros paradigmas. Vemos el mundo a través de ellos (además de los símbolos inconscientes, tan o más importantes que ellos). Algunos referentes son transmitidos con la educación en épocas tempranas de la vida y otros son incorporados a lo largo de ella, en un proceso continuo de aprendizaje. Si los referentes que incorporamos a lo largo de la vida son clichés formularios, pobres y estériles seremos fácilmente manipulables, por intransigentes que nos mostremos. Pero no hace falta ir tan lejos. Hoy en día nos dejamos manipular ¡mediante un juego infantil de realidad virtual!

4 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,
Si reproduces la banda sonora de “La Guerra de la Galaxias”, por poner un ejemplo, ¿cuántos la reconocerán? Apuesto a que muy pocos. Una imagen vale más que mil palabras… y que un sinfín de acordes. Sinceramente, los consumidores de filmografía de autor se jactan a menudo de sus conocimientos profundos sobre el tema, pero generalmente son unos ignorantes en el aspecto musical del tema. Por lo tanto, pretender que beban de las fuentes que señalas en tu escrito es pedir peras al olmo. Sin embargo, dejarlos en evidencia mediante una entrevista que intente conocer mejor su “sabiduría” cinematográfica introduciendo preguntas sobre bandas sonoras, se me acude como la mejor vacuna para rebajarles los humos y, a su vez, advertir al populacho que sus ídolos en crítica peliculera también tienen lagunas. Quizás entonces se dará cuenta la plebe que no es oro todo lo que reluce y se esforzará un poco en cultivarse.
Nihil obstat,
fp

Anónimo dijo...

Hola Carles,
una vez más tus comentarios nos ponen los pies en el suelo y nos obligan a mirar de frente la pobreza y la banalidad cultural que nos rodea. Centrándome en mi experiencia he de reconocer que los profesores (muy a nuestro pesar!!) contribuimos a esta situación ya que demasiado a menudo presentamos a los alumnos el temario bien seleccionado, simplificado y "masticado". Como dice una colega, profesora de Historia, a los alumnos les damos una "papilla". De esta manera la mayoria de ellos nunca llegaran a ser adultos con curiosidad y criterio para un consumo cultural ni siquiera de nivel medio. Seguiran viviendo en una cómoda y "feliz" ignorancia.
Todo esto creo que tiene que ver con las limitaciones de algunas programaciones musicales que quizá sólo intentan complacer a una parte del público que asiste a los conciertos y a la ópera para un entretenimiento más o menos elegante y no como a un acto de civilización, de amor y respeto hacia la Música. Asistir a un buen concierto puede llegar a ser un acontecimiento personal que además del placer estético nos invita a la reflexión y al conocimiento o incluso nos puede transformar.
Admito que todo esto suena demasiado idealista y solemne pero yo lo pienso así.
Gracias por seguir inspirándonos.
Salutacions
Filo

carles p dijo...

Fratello,

Muchos de los autores de crítica cinematográfica de este país en los últimos 50 años -no todos eh?- no entendían de música pero tampoco de cine, a juzgar por los libros que dejaron escritos....
La cuestión es que los conciertos con música a la que me refiero en el post siguen llenando, como los que presentan música con solistas circenses....malament anem!

fp

carles p dijo...

Filo,

Muchas gracias por volver a sacralizar la música con tus sabias y sentidas palabras!
Me apunto lo de la papilla. Una designación muy explicativa!

Una abraçada
carles