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viernes, 19 de enero de 2018

Persexides, o De Stultitia Mundi


-¿Por qué crees tú, Persexides, que los humanos se sienten tan atraídos por todo aquello que, por otra parte, consideran más bien poco ejemplar, por no decir francamente pernicioso?
 -Buena pregunta, ¡oh sagaz Taquifilaxo! Para establecer una respuesta satisfactoria que se adecue honorablemente a tus inquietudes debemos, empero, establecer unos marcos previos que delimiten nuestras perspectivas.
 -Dices bien, Persexides amado.
-Debemos, en primer lugar y con urgencia, definir los términos 'poco ejemplar' y 'pernicioso'. Podemos convenir, por simplificar, que representan cualidades ambas que nos aparecen como negativas. ¿Por qué nos aparecen así? Diría que reflejan en nuestra alma aquello que se opone a la cualidad natural de Bueno, como un orangután refleja lo que se opone a la cualidad de Bello o las palabras de algunas mujeres se oponen a lo que entendemos por Verdadero. ¿No es así, o buen Taquifilaxo, como el alma refleja de manera clara la naturaleza de las cosas?
-No podrías hablar mejor y más claro, gentil Persexides. Prosigue ya sin dilaciones con tu acertada disquisición.
-Si el reflejo en el alma de aquello que nos parece poco ejemplar o francamente pernicioso se opone a lo Bueno y a pesar de ello nos seguimos sintiendo atraídos hacia ello, se deduce que nuestra atracción ya no sigue el reflejo de lo Bueno sino que viene mediada por una falta de conciencia que es como una niebla que provoca una desorientación en nuestro entendimiento.
-¿Y cual sería entonces, ponderado Persexides, el origen de tal niebla?
-La niebla nos recuerda, amigo Taquifilaxo, que nuestra naturaleza es francamente terrenal y que debemos recorrer un largo y en ocasiones penoso camino de purificación hasta lograr la plena conciencia de nuestros errores y limitaciones. Hubo una época en que los dioses poblaban algunas zonas de la Tierra y por aquel entonces todo estaba claro y no había lugar para dudas. Hoy en día los dioses se han retirado a sus aposentos del Olimpo y su influencia sobre los humanos se lleva a cabo de modo caprichoso y aleatorio, ya que siguen conservando su dignidad y potestad.
-Pero tal dignidad caprichosa ya no se correspondería con su naturaleza divina ¿no es así sagaz Persexides?
-En efecto, recto Taquifilaxo. Antes de que los humanos hayan podido siquiera acercarse a su necesaria purificación, los dioses del Olimpo se han humanizado.
-¿Estamos, pues, del todo desamparados de los recursos de la divinidad, consejero Persexides?
-Así es, buen amigo Taquifilaxo. Estos pobres dioses nuestros del Olimpo han perecido ya en nuestra conciencia, y hasta que una nueva época, un nuevo paradigma y unas nuevas creencias no conciban unas nuevas deidades no podremos afirmar con conocimiento de causa que las cosas vuelvan a estar claras en nuestra conciencia.
-¿Afirmas con eso, singular Persexides, que nuestra conciencia depende de nuestros dioses?
-Más bien que nuestros dioses dependen de nuestra conciencia, Taquifilaxo amado. Cuando nuestra conciencia recupere su límpido rostro capaz de reflejar de nuevo la naturaleza verdadera de las cosas seremos capaces de volver a establecer un marco que ordene y oriente adecuadamente nuestras perspectivas.
-¿Seremos capaces entonces de responder a mi pregunta original?
-A pesar de que nuestra conciencia renovada será entonces capaz de detectar más finamente las máculas en el reflejo de lo Bueno me temo que la pregunta seguirá activa y abierta. Debo reconocer, Taquifilaxo, que este vino que tan dedicadamente producen tus viñas no hace más que mejorar, si cabe aun, cada año que pasa…
-Bebamos, pues, ¡oh Persexides! a la salud de los humanos y sus locuras

-Bebamos, pues.

2 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,
Cuando dices “Cuando nuestra conciencia recupere su límpido rostro capaz de reflejar de nuevo la naturaleza verdadera de las cosas seremos capaces de volver a establecer un marco que ordene y oriente adecuadamente nuestras perspectivas.”, ¿apuntas cómo se recupera nuestra conciencia? ¿No se trata del elemental “ensayo y error” aplicado a lo largo de los siglos? Es decir, vamos a la guerra para ganarla/perderla y aprendemos algo que las generaciones siguientes olvidarán y volverán a entrar en guerra (donde digo guerra, poned lo que os plazca). Lo bueno y lo malo forma parte de nuestra condición humana y sólo somos capaces de modularlo en períodos de tiempo más o menos breves. Lo de “el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra” es bastante viejo, por algo será...
fp
PD: dos apuntes. El primero, que el orangután es muchísimo más bello que el más leve de los comportamientos execrables, además de no tener ninguna culpa de ello (lo que no aplica a los acosadores sexuales que tanto se están descubriendo estos días, ésos sí que son feos); el segundo, que cuando dices “las palabras de algunas mujeres se oponen a lo que entendemos por Verdadero.”, quizás el género opuesto al nuestro podría pillar un cabreo por comentario sexista. Aunque, que quede claro, me ha dolido más lo del orangután vilipendiado.
PD2: si no he entendido nada de los que pretendes decir, ruego me lo indiques de nuevo, por favor. Sólo se aprende de los errores, me temo.

carles p dijo...

Fratello,

Este post, como algún otro que he escrito, no obedece a una tesis o un planteamiento vital sino que se acerca más a la parodia (con permiso de Platón). Lo de las mujeres, los orangutanes, la naturaleza como reflejo del alma, lo Bueno,...es cosa de los antiguos griegos ¡a mi que me registren!
fp