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miércoles, 28 de octubre de 2026

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    Desde principios de 2026 han proliferado en progresión geométrica los canales de YouTube generados con este nuestro inefable totem al que llamamos IA. Al principio -y me estoy refiriendo a canales con contenido crítico centrado alrededor de sistemas de pensamiento de figuras ilustres (del campo de las ciencias naturales o la filosofía, pongamos por caso), se podía detectar la intervención de la IA a través de algunas referencias que chirriaban (en el caso de que conocieras mínimamente al autor sobre el que versaban). Actualmente se dan canales de este tipo cuyos contenidos no chirrían (el único indicio de IA lo muestra el frenético ritmo de aparición de nuevos videos). Hoy, sin embargo, no voy a hablar de la IA. En uno de estos canales he sido expuesto recientemente a un video sobre la Relatividad Restringida que me parece digno de mención. Lo digo porque, en la mayoría de los casos, cuando se divulga sobre este tema, se acaba hablando de paradojas que resultan, lógicamente, de contrastar nuestra percepción convencional (Clásica) con las consecuencias del modelo relativista. Estas explicaciones, lejos de dar un aroma del paradigma que pretenden ilustrar, más bien refuerzan nuestro paradigma clásico añadiendo un condimento que, según a menudo explican, sólo tiene relevancia cuando consideramos grandes distancias y velocidades enormes. De esta manera no se produce el cambio de mentalidad y el oyente se queda atascado en su posición antigua. Como cuando se discute largamente sobre el Big Bang y después alguien pregunta sobre qué había cinco minutos antes. Una vez más: la evolución del pensamiento -del conocimiento, de la conciencia- no puede darse por la mera inclusión de nuevos contenidos, sino por la verdadera modificación de nuestra manera de pensar. Y esto aplica también, sin duda, a nuestra vida más prosaica.