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viernes, 19 de enero de 2007

Títulos

Es sobremanera común, en el mundo de la empresa –y también en otros-, en estos agitados días que nos toca vivir, encontrarnos con gran diseminación de títulos, reales ó ficticios, otorgados ó inventados, casi siempre rimbombantes y, por supuesto, en idioma inglés. Tienen la misión poco clara de actuar como bálsamo contra los ataques dirigidos, ya sea consciente ó inconscientemente, desde adentro ó desde el exterior, contra el ego, ese animalillo que tan fácilmente nubla nuestra conciencia. La misión es poco clara porque en vez de sanar al ego, lo que hacen es aliviar momentáneamente sus dolores. No lo transforman sucesivamente en amor propio y después en autoestima. Muy al contrario, al anestesiar al animalillo, éste se desarrolla con mayor libertad porque no hinca sus garras en la conciencia. Cuando el efecto de la anestesia se evapora –lo cual sucede progresivamente con más facilidad-, el dolor es mayor porque la distancia entre la conciencia y el inconsciente se ha agrandado. Si cultivamos directamente la autoestima, lo cual no es tarea fácil porque el esfuerzo precisa de una madurez que a primera vista resulta menos atractiva, tenemos al ego controlado no con anestésicos sino por transformación, por suplantación, como la rana que se transforma en príncipe. Basta un beso de amor.

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