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viernes, 1 de octubre de 2010

Impromptu en la bemol

-Lo que te iba diciendo; en este lugar lo mejor es pasar desapercibido. Si, por la razón que fuere, sea ésta tanto buena como mala, se fijan excesivamente en ti, entonces estás perdido ya que al cabo de un cierto tiempo serás indefectiblemente puesto en duda y acabarán prescindiendo de tu persona.
-O sea, que lo que prevalece aquí es una especie de militarismo de baja grey…
-Poco más ó menos: todo lo que es visible acaba cansando a los que detentan el poder, que lo eliminan del sistema como pura acción de huída hacia delante, ya que intuyen muy equivocadamente que lo desconocido por venir siempre es mejor que lo conocido interno.
-Pero, ¿alguna vez eso será cierto, no?
-Alguna vez, obviamente, sí, pero no siempre.
-¿Y solo por esa razón?
-Bueno, y también porque creen que eres como un limón que, una vez exprimido, has agotado tus posibilidades.
-O sea que aquí seguramente todo el mundo debe de intentar pasar desapercibido, cosa harto difícil ya que si todos están agazapados cuesta mucho encontrar un parapeto tras el que esconderse.
-¡No lo creas! Siempre existe un grupo relativamente numeroso que, bien sea por pura y desmesurada ambición ó simplemente por pura e ingenua inexperiencia, cae en la trampa e inicia la ascensión hasta la boca del volcán.
-Y creen que a ellos no les pasará nada…
-Exactamente.
-Pero siempre puede ser que a alguno no le pase nada…
-Evidentemente, aunque la experiencia acumulada hace más bien difícil esta posibilidad.
-Pero si en la sociedad todo el mundo actuara así, ¡estaríamos en el mismo sitio desde hace miles de años!
-Es que estamos en el mismo sitio…
-¿Pero tú eres incapaz de ver la evolución?
-La evolución se despliega por rachas: en determinadas épocas avanza a pasos agigantados, mientras que en otras se estanca y parece no existir.
-Fíjate en el protagonista de Turandot: sabe que decenas de pretendientes han sido decapitados con anterioridad y, con todo, inicia el proceso: Fortuna audaces iuvat!
-Sí, pero la princesa Turandot, pese a todo, debía ser más blanda, en el fondo, que el Gran Hermano.
-Pero ¡si el Gran Hermano no existe!
-Te equivocas: sí que existe, aunque básicamente en nuestra imaginación. Y de ahí su omnipresencia y ubicuidad: lo tenemos tan asumido que cuesta quitárnoslo de encima.
-O sea, que en el fondo, es una proyección…
-En donde depositamos todos los miedos y tensiones que hemos eliminado de nuestra conciencia…
-Entonces, ¿qué me aconsejas?
-Depende de lo que quieras alcanzar. Si lo que quieres es una notoriedad efímera o muy efímera que solamente satisfaga tu ego durante un breve lapso de tiempo, no pases desapercibido. Si lo que quieres es paz y tranquilidad, agazápate.
-Pero si me agazapo e ignoro el problema ¡no podré tener nunca paz y tranquilidad!
-En ese caso, búscate otro lugar más evolucionado y adecuadamente estructurado para trabajar… ¡si es que existe!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fratello,

¡cuánta razón tienes! A pesar de tu preferencia a pertenecer al grupo de los "agazapados", hay un pequeño detalle que te expulsa del mismo: tu producción intelectual (al blog me remito, querido erudito), tu proyección en el grupo como científico experto (un reconocimiento unánime, libre de lisonjas baratas) o tus tablas al piano acompañando sopranos (capacidad polifacética que provoca una sana envidia). Por lo tanto, los de notoriedad efímera se caracterizan por mover la cola sin dar un palo al agua, mientras que los que, como tú, prefieren trabajar desde la retaguardia, pasando de relacionarse con los vacuos parlanchines que han decidido subir la ladera del volcán para procurar avanzar con el esfuerzo, son para mí los verdaderos gigantes del entorno que tan bien retratas. ¿No hay cierta paradoja en ésto?

fp

carles p dijo...

Fratellino,

Me haces sonrojar con tus halagos, que naturalmente, agradezco, pero creo desmesurados. Muchas veces me pregunto lo que hay de infantil ó inmaduro en la complacencia ante tales hechos por parte de tales personajillos. Y siempre llego a la conclusión de que si la madurez supone llegar a su nivel, me quedo así de inmaduro. Si la madurez supone cantarles la caña...entonces, tu sitio, definitivamente, es la cabaña del ermitaño (con una perpetua beca Erasmus).

fp