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jueves, 10 de marzo de 2011

Tonalidad

Creo que la gran lección que ha quedado una vez caído el velo del templo de la serialidad, cuando hasta los grandes gurús de la vanguardia musical en los años 50 relajaron sus miras a partir de mediados de los 70 ha sido el de transformar nuestra percepción de lo que significa en realidad el término tonalidad. La trinidad vienesa (o segunda escuela de Viena, como se etiqueta ahora) estuvo constituída por un visionario (al que, como Moisés, no le fue dado acceder de lleno a la Tierra Prometida, según intuía el propio Schönberg), un comunicador (Berg que, como Aaron, pese a su perfección poética se nutría de una componente básicamente regresiva) y un orfebre (que, cual maestro zen, supo llevar adelante, en silencio, la propuesta de sus compañeros, desprendiéndose significativamente de cualquier relación con el pasado). Precisamente este tercer miembro, Webern –el espíritu santo de la trinidad- fue el que infundió el soplo vivificador sobre las vanguardias de los 50, que se apresaron a desentrañar lo que tan hermético parecía veinte años atrás. Cuando la fiebre de Pentecostés hubo remitido aparecieron otras generaciones, como los minimalistas, los creadores de acciones musicales e incluso algunos componentes de la vanguardia que llegaron a absorber las nuevas ideas sobre la obra abierta –con todas sus variantes- desembocando en la desaparición del culto serialista (al que algunos llegaron a tildar de terrorismo musical). Fue entonces, a partir de los 70 y, especialmente, de los 80, en que la tonalidad y el serialismo dejaron de parecer términos antitéticos que expresaban los términos de un dualismo que abarcaba toda la realidad (musical) posible. Hasta entonces la crítica parecía dar la razón a los preceptores de Monsieur Jourdain cuando le aseguraban que todo lo que no es verso es prosa (“¡cuarenta años hablando en prosa, y yo sin saberlo!”). Porque tonalidad y a-tonalidad son términos que más que clasificar un espacio objetivo ideal, describen unas estructuras históricas de creación/recepción musical. La tonalidad en música se corresponde con la Ilustración y el culto a la racionalidad. Tras el paréntesis del XIX con su negación de la racionalidad llegó el XX con su propuestra de superación, de transracionalidad. Y así la a-tonalidad se transformó en serialismo, igual que la tonalidad se transformó en escritura libremente modal. Cuando modos y modas pasaron muchos creyeron ver en la caida del serialismo la restitución del antifuo orden tonal. Pero eso ya era historia. Los últimos períodos compositivos de Ligeti, Kagel ó Feldman ó la música de Murail, Harvey ó Sciarrino, por citar tan sólo unos pocos nombres, no es tonal ni atonal. Se debe de escuchar con oídos nuevos. El buen Monsieur Jourdain, como tantas otras cosas, no lo entendería.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Carlos
tu post ha sido muy educativo.Me he dado cuenta que mucha gente que decora su casa con pintura moderna,no aguantaría ni 5min
escuchando música atonal-dodecafónica.
Parece que la música nos acerca a unas fronteras mucho más inquietantes que otras manifestaciones artísticas,que hemos incorporado más rapidamente a nuestra cotidianidad.
He descubierto a Karajan dirigiendo a Schönberg ,lejos de su trayectoria más conservadora.Susana

carles p dijo...

Hola Susana,

La pintura "moderna" al uso en nuestros días no pasa en muchos casos de basurilla barata (fíjate en los cuadros que cuelgan en los hoteles) ó incluso cara (caca de luxe). Colgar esta pintura de la pared no compromete a nada. Contemplar un cuadro de Jackson Pollock durante 1 hora ya es un ejercicio que requiere algo de imaginación, como escuchar 5 minutos de música serial.

¿Qué pieza dirigía Karajan?¿Quizá Begleitmusik für eine Lichtspielszene?

Saludos

Anónimo dijo...

Para la armonía dimensional, la tonalidad posee una geometría de órbitas de notas y acordes satelitales como lo posee un sistema planetario.
Así como los planetas poseen sus características especiales dentro del sistema tal y como si ese sistema es tomado como un ser vital, cuyos órganos son los planetas (humano macrocósmico), asimismo la tonalidad posee un centro armónico que es el centro solar, del cual surge la identidad espiritual de esa estructura musical.
Ese centro solar, a su vez orbita (junto con todo su sistema) alrededor de otro sol mayor, sobre el cual orbitan otros sistemas solares. Así se estructura un meta-entorno armónico que, al entrecruzar sus sistemas solares en eventuales encuentros, puede intercambiar influencias de planetas de un sistema hacia otro logrando un cambio en la dirección del ejercicio de la gravitación local.

Luego hay elementos metaorbitales como cometas y otros asteroides, que son la melodías, las cuales definene sus trayectorias según la conjunción gravitacional de la armadura de los sistemas en el meta-entorno (armaduras de las claves inter modulaciones).

Así ese cometa describe trayectorias perfectamente descriptibles según la geometría de la armonía dimensional.

La música atonal acontece cuando los sistemas pierden sus centros gravitacionales solares (identidad espiritual) y ciertos planetas prominentes (órganos) toman predominancia ejerciendo "gravitacion oscura" en lugar de la "gravitación espiritual solar"
Así se arman sistemas "caóticos" momentáneos que sólo son transiciones a otro estado espiritual en gestación cuando otro sol ordene nuevamente los lineamientos de nuevas estructuras.
Y regresa el orden (si es que alguna vez se perdíó realmente).
Regresa la gravitación solar.
A este nuevo ordenamiento se le podría llamar trans-orbitalidad, trans-tonalidad o "Síntesis de un Meta-Entorno", en la que intervienen sistemas de varios soles por recombinación de antiguos sistemas desmembrados, reconstituídos en un sistema superior que "recuerda" los sistemas heredados pero posee hoy una Meta-Estructura que sólo se comprende si se tiene en cuenta la herencia de todos los centros gravitacionales solares ancestrales.

Este nuevo sistema trans-orbital o "síntesis de Meta-Entorno", cuando lo escuchamos, puede parecer extremadamente simple y sencillo a primera percepción, pero al intentar medirlo vemos que no cumple con las leyes directas de la tonalidad de intervalos de quintas. Sin embargo su equilibrio es sublime, y se debe a que las presencias y ausencias de los sistemas demembrados recombinados hacen una meta-estructura de extrema síntesis.
Esas son las obras más geniales.


Carolina-

carles p dijo...

Hola Carolina,

Después de leer atentamente (¡y varias veces!) tu interesantísimo comentario, puedo decirte que coincido contigo en lo esencial, aunque tú lo planteas como un macrosistema constante que se va descubriendo y yo lo plantearía como un sistema que se va desarrollando por evolución. Existe un resumen de tesis doctoral extremadamente interesante: http://www.martineauarts.com/evolution.html. El autor analiza la historia del despliegue armónico en relación con el ascenso a través de los progresivos armónicos naturales, desde la homofonía de la octava y las quintas del organum medieval hasta el cromatismo atonal. Te lo recomiendo efusivamente.

Saludos,
Carles

Anónimo dijo...

Gracias Carles!
Ahora seguiré tu link (y volveré para comentarlo)
Pero vuelvo a tu interesante punto de descubrir versus evolucionar.
Creo que es un punto muy trascendental lo que mencionas.
(y me gustaría saber si no me he ido por la tangente con esto)
Casi diríamos dos paradigmas acerca del cosmos, uno en el cual existe una Divinidad que se descubre a sí misma (pasando de la conciencia difusa a la autoconciencia a través del arquetipo humano o centro de tonalidad) y otro paradigma que podría sostener que el cosmos mismo evoluciona siguiendo patrones que no necesariamente enstán planeados de antemano.

El plan Divino versus la sorpresa de un caos que se ordena y evoluciona en formas insospechadas.

Acaso son en verdad antagónicos?
En el plano de la transracionalidad podrían ser dos caras de la misma conciencia del Ser.

Ahora seguiré tu link, quizás hable de otro tema, pero este pensamiento fue algo que me surgió de pronto y no quise dejar de postearlo, pues creo que el cosmos está construido a partir del sonido, La Palabra o Verbo Creador mencionados en todas las filosofías y religiones.

Cariños :)
Carolina

carles p dijo...

Hola Carolina,

La cuestión que planteas es, como dices tú, trascendental, e históricamente ha dividido la opinión de grandes pensadores. De un lado tenemos a Jean Gebser esbozando su bello modelo evolutivo y sosteniendo que la última fase está ya presente al principio ("The Ever-present Origin") y por otra al Espíritu-que-se-descubre-a-sí-mismo de Hegel. Como bien dices, creo también que en una fase transracional, ambos modelos coinciden. La evolución está relacionada con el tiempo, y si la fase final ó el Espíritu son atemporales, ambos modelos equivalen. Si hablamos de evolución biológica, ambos modelos se relacionarían con los factores que estiran desde adelante y los que empujan desde atrás. Es evidente que -hablando puramente desde el punto de vista más externo y material- ambos factores coexisten.
Habrás visto que mi link habla solamente de un aspecto de la historia de la música en Occidente.

Gracias por tus estimulantes comentarios!!

Carles