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domingo, 8 de abril de 2012

Catarsis


Al llegar finalmente a la ya añorada superficie terrestre agradecí una fresca brisa soplando sobre mi cara. La luz de principios de abril parecía hacer resplandecer las temblorosas hojas que los árboles recién estrenaban. Una mezcla de olores ajazminados estimulaba el más primitivo de los sentidos, el olfato. Si la vista genera en nosotros el sentido del espacio y el oído hace lo propio con el tiempo, el olfato nos secuestra fuera de espacio y tiempo; de hecho nos transporta con suma rapidez del infierno al paraíso. Por un momento me sentí desorientado; incluso me parecía estar vagando sin nigún destino concreto. Se me había parado el reloj y ya no sabía qué hora era, pero tampoco me importaba demasiado. Tuve una sensación parecida a la que se experimenta cuando se viaja en avión y, perdiendo los referentes, crees no estar en ningún lugar concreto ni en ningún momento concreto. Quizás mis referentes se hallaban un tanto borrosos. Quizás el Tao no fuera otra cosa que eso, que por indefinible sólo se puede sugerir toscamente con términos supuestamente antagónicos, como el todo y la nada. Tuve entonces la extraña sensación de que alguien me acompañaba. Era una presencia interior que, sin embargo, tenía la fuerza de una convicción. Recorri varias calles en esa especie de estado de trance que, gran paradoja, más que alejarme de la realidad, me acercaba a ella. Cuando llegué a la parada del tranvía observé a una anciana del este europeo que dirigió hacia mí su mirada. A pesar de las profundas arrugas que cruzaban su rostro, la mirada procedente de sus ojos de color claro desprendía una jovialidad que invitaba a la sonrisa. Un grupo de monitores jóvenes se preparaba para llevar a un grupo de niños a unos campamentos de fin de semana. Parecían estar pasándoselo incluso mejor que los pequeños. Cuando llegó el tranvía subí a bordo de forma un tanto automática, y me encontré de nuevo entre lectores de gruesos tomos, oyentes de música digitalizada y  conversadores de telefonía móvil. Pero ahora no me parecieron primitivos, agresivos ni vulgares. Me sentía bien y tenía la sensación de que mi yo no se limitaba a mi persona sino que podía abarcar y abrazar una amplitud mucho mayor de conciencia. Cuando descendí del tranvía me acarició el rostro un rayo de sol que me dejó deslumbrado por un buen rato tras estimular mi retina su penetrante luz.

9 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,

Catarsis, según wikipedia, es el medio por el que puede evitarse caer en la hubris. En tu última parte, entiendo que es la luz la que asume este papel. La luz que te purifica espiritualmente y que te hace ver el mundo que te rodea de una manera más amable, lejos de las malas vibraciones subterráneas, reconciliándote con el entorno y sus personajes al sumergirte en un Tao indefinible.
Independientemente de si mi interpretación coincide mucho o poco con lo que querías transmitir, creo que es importante que un relato no te deje indiferente, que te transmita algo nuevo, que te guste, vaya. Y a mí me ha gustado: por la intriga, que te arrastra por un hilo conductor que no sabes adónde te llevará; por la parte descriptiva, que identificas a la primera porque es muy fiel a la realidad; y por su desenlace, que tiene la extraña virtud de convencerte a pesar de lo etéreo de la conclusión (la luz, buen exponente de lo intangible). No sé si llegas a identificar a la persona que tienes la sensación que te acompaña en esta última parte, pero podría ser cualquiera de los lectores pendientes del relato y que seguro que se sumarán a los de tu blog en tu recién estrenada faceta narrativa.

Un abrazo,
fp

carles p dijo...

Fratello lletraferit,

La única pretensión de mi relato (¡y menuda pretensión!) es la de ser como una divina comedia de bolsillo. Publiqué la primera parte el pasado viernes santo (Dante bajó a los infiernos, -"nel mezzo del cammin di nostra vita"- el viernes santo de 1300). Cada parte del relato acaba con la misma palabra, que tú identificaste en seguida, como el Dante ("stelle"). He ilustrado cada parte con uno de los dibujos de G.Doré para la Divina Comedia. Además, si te fijas, en cada parte está citado el título de Dante (Inferno, Purgatorio, Paradiso). Te puedo asegurar que todo lo que describo (menos el mono de telefonía móbil) lo he visto en los transportes públicos. Aunque no lo parezca, también te puedo confesar que he escrito todo el relato de forma automática, intentando retocar después lo menos posbile, igual que algún otro relato que había escrito hace bastante (http://tcmetacorner.blogspot.com.es/2007/05/cuento.html#links).
Otro abrazo y gracias por tu asiduidad!

Lluís P. dijo...

Fratello,

Quizás debería sentirme un poco avergonzado por no haber caído en la analogía de tus tres relatos y la magna obra de Dante, más que nada por la de pistas que das (los grabados que acompañan los textos son la más clara). Claro que pretender pasar de los cien cantos originales a tus tres cortas narraciones, pues digo yo que algo se te debe quedar en el tintero. Sin embargo, me vale tu pretensión, por original y porque siempre viene bien de repasar a los clásicos.

Hasta tu próximo acertijo,
fp

Juan Francisco Caturla Javaloyes. dijo...

Hola Carles,

yo, como el “fratibus perversis” de Lluís, también abundo en celebrar tu incorporación al mundo de la narrativa a pesar de que nos dejas un poco decepcionados al decirnos que sólo ha sido un juego de palabras, el reflejo de “La divina comedia” en tu espejo interior.
Sin embargo, tu escrito transmite un carácter hermético importante, como si cada una de las palabras utilizadas formaran parte de un código secreto. El relato parece estar lleno de claves.
Identifico el Metro con los infiernos y veo como elevas tu nivel de consciencia hacía estadios más clarividentes, con más luz. Por supuesto, estos estados más elevados subsumen a los anteriores y absorben, cada vez, una parte más importante del entorno.
A pesar de entender el significado general del relato, me han quedado muchas lagunas (acertijos) por resolver, como ese extraño acompañante o el papel que juega tu antiguo compañero de instituto. Quizá debería leer La Divina Comedia para entenderlo todo.
Decirte que me encanta cuando interpretas la realidad creando y por eso te exhorto a que continúes por esta vía. Es curioso que yo también usé el Metro como substrato para explicar un viaje interior aunque me quedé en el peldaño emocional: http://plazadelhumilladero.blogspot.com.es/2010/10/emociones-underground-viaje-emocional.html

Un abrazo,
Joan

carles p dijo...

Joan,

Nada más lejos de mi intención que querer decir que se trata de un juego de palabras!! El hecho de intentar hacer escritura automática hace más probable la presencia de hermetismos (aunque pocos de ellos son plenamente conscientes). Mi acompañante en las dos primeras partes es el sosias de Virgilio, compañero de viaje de Dante: te recomiendo la lectura de La Divina Comedia.
Gracias por tus ánimos!!
Ah!, y es fratRibus perversis (en dativo). El término viene de uno de los más famosos fragmentos del Carmina Burana (http://tylatin.org/extras/cb14.html)
Otro abrazo,
Carles

Anónimo dijo...

Hola Carlos
yo tampoco había pensado en Dante.Pero estaba claro que este trayecto en metro tenía mucho de camino iniciático.Si sólo podemos elegir entre avanzar o retroceder, el viaje esta asegurado para poder llegar a un final circular ,en este caso tan satisfactorio para el protagonista.
"...tenía la sensación de que mi yo no se limitaba a mi persona sino ..." ,es cierto no podemos mirar nuestro interior despreciando lo que ocurre en el exterior.
Lástima que lo del mono no fuera cierto,resultaba muy gracioso.Y lo del enterrador y su hija,si es verdad ? saludos
Susana

Anónimo dijo...

Hola Carles!
Queda muy claro que es un texto automático... me encanta porque a menudo, como sabes, es mi manera de pintar.Es una manera muy productiva, aunque se trata de asir y dejar, asir y dejar...
Te invito a visitar mi nuevo blog, Alicia en Brobdignac,que acabo de abrir en la imposibilidad de seguir con el anterior. ¡Cosas de la tecnología!
Rosa.

carles p dijo...

Hola Susana,

Lo del mono me lo inventé, pero lo del enterrador y su hija lo presencié hace poco en un trayecto de autobús!
Gracias por tusa comentarios,

Carles

carles p dijo...

Hola Rosa,

Como todo equilibrio, la escritura automática consiste en dejar fluir con permeabilidad.
Lo mejor para tu nuevo blog!

Carles