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viernes, 26 de julio de 2013

Operas VIII - Die Zauberflöte


                        Durante los últimos cien años, la sucesión de posibles interpretaciones sobre el significado de Die Zauberflöte ha sido constante. Desde las más simplistas, que consideran la obra poco más que un cuento infantil, hasta las que tienen en cuenta el elemento masónico presente en ella, pasando por las más fantasiosas que asignan los personajes a entes o entidades del mundo del arte, de la política o del poder religioso de la época. Es obvio que el elemento masónico forma parte importante del armazón de la obra. Pero tampoco hay que aislar este hecho de su contexto histórico. La Ilustración centroeuropea configuró la masonería local. Mozart fue masón como lo fue su padre Leopold, así como Haydn, como Goethe, José II de Austria ó Federico el Grande De Prusia. Lo realmente notable de esta ópera es que, manteniendo un hondo mensaje, ha sido y es tremendamente popular entre todo tipo de públicos, independientemente de su edad, educación y extracción cultural. Este hecho, que se halla solamente al alcance de unas pocas obras de arte a lo largo de la historia, es debido a toda una serie de razones, entre las que no cuenta poco la heterogeneidad de sus contenidos formales. La Flauta Mágica es una narración de las que podemos clasificar como “de pasaje”, igual que la Divina Comedia o la Odisea. Contienen una iniciación adquirida a través de una experiencia en el tiempo. Como en muchas obras de teatro clásico, la presencia de la doble pareja (seria/cómica ó sofisticada/sencilla) logra mayor identificación e integración por parte de audiencias de lo más variopinto. Die Zauberflöte –junto con el Requiem, el concierto para clarinete, el motete Ave Verum Corpus y algunas pequeñas piezas-  forma una parte muy significativa del núcleo de las últimas composiciones mozartianas. En casi todas ellas priva una drástica reducción de elementos que hacen que, a pesar hacer el conjunto más concentrado no por ello lo hace menos liviano. Se han reducido al máximo los elementos decorativos pero el núcleo preservado resulta igualmente o incluso mejor acabado. La combinación de obertura fugada, recitativos acompañados pre-wagnerianos, canciones populares vienesas, ariasvirtuosistas a la italiana, coral variado bachiano, hondo lirismo, música deniños, tristeza infinita, alegría radiante, hace que incluso Salieri (el archienemigo de Mozart, de acuerdo con la romántica leyenda, tal como lo recoge la saga Pushkin/Rimsky-Korsakov/Peter Schaffer/Milos Forman) clasificara la obra como “operone digno de ser ejecutado en las más solemnes festividades en presencia de los más grandes monarcas”.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Carles
en un libro que no me atrevo a recomendar (por anacrónico y pedante) me encuentro con estas hermosas palabras sobre la música de Mozart:
"La música de Mozart es la de la vida tal como es ella en su dualidad (...) no hay en ella ni vulgaridad ni abismo, no se deja arrastrar, no se permite ningún exceso, por eso es bella, hacedora del bien, emocionante (...) es universal, nos asombramos al comprobar todo lo que expresa: el cielo y la tierra, la naturaleza y el hombre, lo cómico y lo trágico, la pasión y la paz interior, la sabiduría y la ignorancia, la cobardía y el coraje, los fieles y los infieles, Papageno y Sarastro (...) no impone nada al auditor, no le empuja a ninguna toma de posición, sólo lo libera (...) no nos hace ver su téctina sino, como jugando, sólo su esplendor" etc.
Estos bellos pensamientos no son de un músico profesional sino de un "simple aficionado": Karl Barth (teólogo,suizo,luterano)
Quizás són demasiado idealistas pero me parece que expresan muy bien el "milagro" de la música de Mozart y nos ayudan a entender porquè nos gusta tanto y nos hace tanto bien volver una y otra vez a escuchar esta música.
Salutacions
Filo

carles p dijo...

Hola Filo,

Muchas gracias por la cita, que comparto absolutamente. No son frases de un idealismo descarnado sino que expresan la completitud de la música mozartiana, desde los terrenales allegros hasta los celestiales finales, pasando también por los infiernos, si conviene.

Moltes gràcies per seguir llegint el blog!

Carles

rosa dijo...

Hola Carles:
Hay una cosa en Mozart, me atrevería a decir,y estando absolutamente de acuerdo con lo que decís, que es ese humor benévolo (que también encontramos en Schubert) sobre todo lo humano y sus ridículas pretensiones.Ambos músicos parecen llorar con la alegría y reírse con la tragedia; van hasta el fondo de esos sentimientos, hasta trascenderlos con su visión supremamente espiritual, que ya sitúan en otro plano, que ..."no es d' eixe mòn"
Hasta pronto. Rosa

carles p dijo...

Hola Rosa,

La comparación entre Schubert y Mozart es, desde este punto de vista, justísima. Y lo de que ambos lloran con la alegría y se ríen de la tragedia lo encuentro tan acertado que te lo pienso pedir prestado algún día...ambos compositores -en eso también coinciden- murieron en sus treinta y pocos años.

¡Muchas gracias por vuestros sabios comentarios!

carles

Anónimo dijo...

Hola Carles:
La frase es toda tuya si la quieres...y no es preciso que cites la fuente! ¿Cuántos genios han muerto a esa edad? Y lo más sorprendente, con toda la obra redonda, completa, sin que sobre o falte nada.Como si la curva vital se hubiera dibujado de un solo trazo....
Saludos. Rosa.