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viernes, 3 de agosto de 2007

...uno de mis temas recurrentes favoritos...


En numerosas ocasiones en las que se pretende acotar la consideración de la racionalidad más absoluta en cuanto a visión de la realidad, el hecho es percibido desde los rincones más convencionales del sistema –es decir, por un buen 85 % de él-, como una concesión al sentimentalismo, a un cierto retorno a la naturaleza, o, simplemente, a la irracionalidad. Es decir, un poco como un retorno al romanticismo, al mito del buen salvaje ó a las bacanales romanas. Entonces, de manera casi automática, surgen las consiguientes dualidades: sentimiento/razón, naturaleza/cultura, ó bien apolíneo/dionisiaco….En el fondo, lo único que se hace es identificar la racionalidad con la totalidad de la realidad, ó como la única manera posible de percibirla. Entonces ó bien te hallas dentro ó bien te hallas fuera de esa estructura única. Todo se simplifica cuando se deja de considerar la racionalidad como la forma verdadera de percibir el mundo. Pero no porque otras formas alternativas también puedan ser verdaderas –la visión post-moderna- sino porque todas esas formas siguen una cadena que resulta de la evolución de nuestras percepciones/constructos y la racionalidad resulta ser únicamente un paso más de la cadena, y no el nec plus ultra en cuanto a estructura de conocimiento. Es el viejo tema de la transparencia en la percepción. Cuando la estructura racional, ya en su fase puramente defectiva, está más que agotada y no se hace otra cosa que dar vueltas entorno a ella lo que hay que hacer es abrirse al siguiente eslabón de la cadena y no aferrarse al eslabón agotado.

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