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sábado, 5 de abril de 2008

Fluir escurridizo


El concepto bachelardiano de tiempo discontinuo como suma de instantes por oposición al bergsoniano tiempo continuo como duración pura (ó espacialización del tiempo) se ilustra muy claramente en el caso de la música. Existen determinadas músicas – o, mejor, determinados pasajes en concreto- en que el tiempo parece detenerse. Son los puntos culminantes expresivos en medio de una frase musical en que se aplican procedimientos interpretativos más ó menos indicados por el compositor que tienden a la suspensión momentánea del flujo temporal. Ritardandos, calderones, cambios de pulsación cumplen este cometido en el ámbito de la música tonal ó paratonal. Pero en ocasiones el intérprete poco maduro siente deseos de “instalarse” en un punto de la frase musical en que ésta no permite hacerlo. Automáticamente la frase se rompe y la música pierde absolutamente su interés. Pienso, por ejemplo, en Puccini. Este autor emplea frases expresivas dentro de las cuales en repetidas ocasiones es posible –e incluso casi es obligada- la suspensión del fluir musical. Pero estos puntos de detención del fluir se tienen que ver compensados por el resto de la frase, que debe de avanzar sin descanso. Lo mismo sucede, por ejemplo, con la música de Mompou ó la de Schumann. En cuanto nos quedamos prendados del encanto de un determinado pasaje y pretendemos alargar ese momento de felicidad, éste se escapa irremisible y escurridizamente de nuestras manos. Aun en el caso de músicas estáticas y circulares como las de Mompou ó Messiaen. Creo que los ejemplos más cercanos a lo que podría considerarse como música más allá del tiempo están en gran parte asociados a algunas tradiciones religiosas, como los mantras (y las músicas occidentales influenciadas por ellos, como el minimalismo). Incluso el órgano de iglesia occidental tiene algo de todo esto: es un instrumento de viento –que es capaz de generar sonidos de longitud a nuestra voluntad- pero que no respira. La respiración parece unida a un concepto más temporal. Porque quizás en Occidente todavía estemos lejanamente influenciados por Parménides.

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