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domingo, 1 de junio de 2008

Integración de dualidades - 4



Algunas dualidades han ido adoptando diversas caras a lo largo de la historia. Así, el problema que en la Grecia clásica era conocido como el de la calidad/cantidad en nuestros días se presenta en la forma analógico/digital. Esta dualidad en realidad esconde una pregunta de fondo: ¿Es la calidad reducible a la cantidad? Damos por supuesto que las propiedades de los elementos químicos dependen del número atómico correspondiente y que las propiedades biológicas dependen de la combinación química de una serie muy limitada de aminoácidos ó bases nitrogenadas que dan lugar a las proteínas y los ácidos nucleicos respectivamente. Todo esto no son más que holones dentro de holones. Asimismo percibimos los diferentes colores dependiendo de la longitud de onda que incida en nuestra retina. Aquí deberíamos reflexionar sobre el significado de un color; si la cualidad de “azulidad” tiene en realidad entidad propia ó es simplemente otra forma de definir nuestra percepción de la luz de cierta longitud de onda (independiente del carácter simbólico ó las asociaciones conscientes que otorguemos a los colores). Ahora bien, si nos preguntamos: ¿es el paso de homínido a hombre el resultado único y exclusivo de alcanzar un cierto número de conexiones neuronales? entonces sí que llegamos a la pregunta clave enunciada anteriormente. Esta cuestión sería un caso concreto de otra más general: ¿puede resultar un estadio de despliegue evolutivo de la pura combinación de estadios menos evolucionados? De la misma manera nos podemos preguntar: podemos reducir las percepciones captadas por seres evolucionados –la humanidad- como la emoción, la alegría, la tristeza, a unidades digitales que luego se puedan combinar a voluntad? No hay que olvidar que por el momento nuestras reproducciones digitales, tanto visuales como acústicas, proceden de una conversión previa analógico-digital. Y aquí está la clave: el cambio de escala que supone la consideración de la parte y del todo. Se está estudiando, en diversos campos, y con muy diverso éxito, la descomposición de movimientos y de sonidos con objeto de poder “sintetizar” después artificialmente cualquier secuencia expresiva, como actores virtuales ó músicas diversas. ¿Cabe preguntarse de nuevo por la posible procedencia de rasgos evolucionados a partir de otros más indiferenciados? Todo se basa en la imprecisión de escala. Cuando ésta se reduce por debajo de nuestras capacidades de percepción admite sin dificultad un contorno “borroso”.

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