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jueves, 7 de mayo de 2009

Gafas


Hoy contemplo en el metro la enorme variedad de gafas graduadas que exhiben diversos personajes. Pero la gran mayoría de tales utensilios tienen una significativa componente común: se trata de modelos que había sido diseñados en otras épocas, desde los años cuarenta hasta los setenta. Veo las típicas monturas redondeadas de pasta incolora que lucían Copland ó Stravinsky en la posguerra mundial, así como la versión más rectangular y bicolor que hizo furor en la primera mitad de los sesenta (recuerdo así al secretario de la ONU U Thant). Veo monturas con patillas exageradamente anchas. Muchas de las desinhibidas personas que las lucen ignoran que este modelo era casi una seña de identidad de Onassis hace cuarenta años. También abunda el modelo de pasta rectangular extremadamente alargado, última moda de 1963, tal como aparece retratado en Otto e mezzo. Veo también algunas gafas de pasta negra parecidas a las usadas por la joven generación americana de finales de los cincuenta. Aquellas monturas que exhibían Morton Feldman y Bill Evans y que Woody Allen volvería a popularizar quince años después. También observo alguna persona de edad que sigue luciendo las monturas metálicas que uniformizaron la moda en los setentas. La postmodernidad tiene mucho que ver con este panorama. Aparentemente ya no existen nuevos diseños de gafas y mezclamos estilos históricos con afán de ahistoricidad. ¿Cuál es la salida de este callejón? La salida no son las gafas, sino las lentes de contacto y las soluciones quirúrugicas. No el cambio de estilo sino el cambio de mentalidad.

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