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jueves, 6 de mayo de 2010

Deseos

Oigo de refilón un comentario de algún ciudadano anónimo proveniente de algún aparato de televisión con aquella frase tan tópica: “…para mi, la felicidad sería que me tocara la lotería…”, y cada vez estoy más convencido de que el que suelta esta frase no sabe a ciencia cierta a qué se está refiriendo. Lo que le provoca a este señor una sensación placentera que se podría llamar felicidad no es otra cosa que la fantasía que propone. En esta fantasía se ve a sí mismo levantándose tarde, libre de incompetentes jefes y haciendo lo que le apetezca en cada momento, ajeno a las preocupaciones por el sustento material diario. Lo que no ve son las nuevas preocupaciones que le surgirían: ansias de hacer crecer su pequeña fortuna, recelos hacia la cuadrilla de chupópteros que se formaría a su alrededor, pérdida de amistades, posibles problemas de relaciones con familiares…La felicidad consta de pequeñas cosas y una parte importante de ellas está formada por nuestros deseos, proyectos e incluso fantasías. Este sería un tipo de felicidad elemental. Para un científico, un artista ó un intelectual la felicidad puede estar ligada a un descubrimiento, una creación ó una nueva cosmovisión, y representa una subida de tono vital y biorritmos. A un nivel superior la felicidad puede llegar a establecerse en una situación menos pasajera y más constitutiva, y derivar simplemente de la conexión con lo que es y la desconexión con los deseos. Es significativo que para el individuo en un nivel inferior de desarrollo de conciencia la carencia de deseos sea contemplada como algo patológico (y, según por quien, como peligrosamente contagioso). Sucede lo mismo cuando adviertes a un niño que cuando sea adulto ya no le gustarán (tanto) los cartoons. Desde la perspectiva adulta el hecho parece normal y hasta positivo, pero desde la perspectiva del niño, constituye casi una maldición gitana.

4 comentarios:

fratribusperversis dijo...

Fratello,

comparto plenamente tu visión de la felicidad, aquélla que "consta de pequeñas cosas". Sólo quería completar tu acertada opinión con un aspecto que he echado de menos: la felicidad de uno supeditada a la de los demás, es decir, que si mi entorno de relación personal no es feliz, difícilmente voy a serlo yo. Se trata de aquellas personas que se sienten plenamente realizadas como tales ayudando a los demás, proporcionándoles lo que les falta sin esperar nada a cambio, incluyendo todo tipo de asistencia (desde la intelectual hasta la asistencia física más primaria). Dicen que el que más dá es el más recibe, y doy fe de ello. Este darse a los demás, según como se mire, no deja de ser también una forma de felicidad egoista, pero estoy convencido que es la que más contribuye al desarrollo integral de la persona. Lástima que, como todas las cosas buenas, sea de las más escasas. Y hablando de dar y de la felicidad, gracias por regalarnos estas dosis tu sabiduría, verdadero osasis de paz y reflexión.
Un abrazo,

fp

carles p dijo...

Gracias, fratellino, por tus inmerecidos elogios y, sobre todo, por introducir una de las formas más desarrolladas de la felicidad. Evidentemente, tienes toda la razón. Cuanto más das más fluye todo, también la felicidad. Lo peor que tienen la sequedad y el egoísmo (una verdadera infección en la actualidad) es que impiden el flujo natural de las cosas (del Tao, dirían algunos maestros orientales), no haciendo otra cosa que aumentar aún más la tensión (estoy preparando un post al respecto).

Gracias de nuevo por tus sugerencias; un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Hola, amics:
Molt d' acord amb tots dos...Només volia fer un comentari sobre un aspecte del desig, i es que per moltes persones aquesta natural pèrdua d' alguns desitgos propis de la joventut es percep com una desgràcia; i el fet de voler alimentar- los forçadament genera una situació d' infeliç incomoditat.
L' adult enyora tant els cartoons com la il·lusió que li feien, i gasta molta energia intentant tornar a sentir- se igual que abans. El que no comprén es que així està perdent el seu present i una nova manera d' apreciar els cartoons!
Una abraçada. Rosa.

carles p dijo...

Hola Rosa,

Aquesta alimentació forçada dels desitjos de joventut quan ja no toca forma part dels mites tragicòmics universals, des de Falstaff fins a les històries verídiques del Viagra (aquest nom sona a obra de teatre!).

Totalment d'acord quan parles del present i la nova manera d'apreciar allò que aparentment "ja no toca".

Una abraçada,

Carles