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sábado, 27 de noviembre de 2010

Clichés


Denunciar los clichés no constituye per se un acto mayormente contestatario ni de apología de la violencia, ni cosas por el estilo. Más bien es un acto que puede contribuir a un cambio de perspectiva, a sacarnos de nuestra adormecida existencia cotidiana, basada en un sutil (o más bien, insidioso) entramado de conceptos cerrados unidos solamente por relaciones causales simples. Tal cambio de perspectiva puede ser el comienzo de un proceso de ampliación de conciencia. El aumento de conciencia de los individuos está ligado al de la sociedad, y ahí empieza el hecho contestatario y desestabilizador. Y no nos engañemos; los clichés son utilizados en su favor no solamente por la ortodoxia social sino también por las supuestas vías alternativas. El origen del cliché cabría situarlo en el contexto de una forma de pensar grandemente enraizada en la mentalidad de Occidente, uno de cuyos jalones viene marcado por la filosofía de Parménides, según la cual el cambio es imposible y la realidad última es atemporal. La antítesis a esta filosofía viene constituída por el pensamiento de Heráclito, para el que todo el universo es cambio y los opuestos, de alguna manera, estan inextricablemente unidos. Durante siglos en Occidente la filosofía de Heráclito (“el obscuro”) se interpretó en términos materialistas, sin entender que obedecía a los esquemas mentales típicos de Oriente. Así, los cielos occidentales eran parmenideanos mientras que los nirvanas orientales eran la superación del heraclídeo samsara. La polaridad descrita se puede sintetizar y superar, en un deseable avance evolutivo. Pero, aunque en Occidente estemos ya incorporando el pensamiento de Heráclito y en Oriente el de Parménides (con lo que Occidente y Oriente se acercan hasta que se lleguen a confundir y el producto resultante pueda superar dicha polaridad y evolucionar a partir de ella), las raíces de Parménides todavía siguen presentes en gran parte de los campos del pensamiento. El mundo de la ciencia, que muchos actualmente suponen tan ajeno a todas estas disquisiciones, sigue exhibiendo mayormente sus preferencias hacia un mundo ideal, platónico, del cual el mundo físico real no es más que un pálido reflejo. Y tal mundo ideal es, desde Descartes, externo a nuestro pensamiento e independiente de él.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Carles:
Això que plantejes remet a una conversa molt apassionada que varem tenir amb alguns amics del "mètier". Alguns veien la Bellesa com perpetua,tan inamovible com immòbil; d'altres la pensem fluent,de manera més oriental, no perfectible, però si com un "perpetuum movile". Hi ha molt a pensar...
Una abraçada. Rosa.

carles p dijo...

Hola Rosa,

Com he escrit sovint, crec que al nostre entorn hem de desenvolupar la procesualitat front a la encara excessiva idea objectual. En realitat jo les veig com a idees mutuament anidades, evaporant així qualsevol indici de dualitat o polaritat. Els dualismes mai es poden ressoldre; nomès es poden superar per "dissolució".

Gràcies un cop més i fins aviat; una abraçada

Anónimo dijo...

Hola Carles:
Segurament tens raó;el més difícil es potser,entendre la dualitat com la forma permanent de fecunditat. Occident la pensa "separada" per l' excesiu afany de racionalitat, però si la veiem com un tot (d' infinites facetes)la cosmogonia s' ens fa, al mateix temps que més misteriosa, més viva i propera.Chi lo sa...Una abraçada. Rosa.