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lunes, 15 de noviembre de 2010

Intimidad

La gente que se puede calificar de introvertida –no tanto en el sentido popular del término sino más bien en el sentido junguiano, es decir, aquellos que realizan sus hallazgos y encuentran sus energías en su interior, en contraste con los extrovertidos, que realizan lo propio con lo exterior- tiende, en diversas estapas de su vida, a construir un espacio propio de la intimidad. Bien sea un paraje natural poco frecuentado y que se percibe como propio ó un paraje urbano que, aunque frecuentado, se reviste de una significación especial, este espacio de la intimidad es, en ocasiones, desplazado por un espacio no físico, un espacio imaginario. Este espacio imaginario –siempre íntimo y significativo- puede estar situado dentro de un poema, una composición musical, una novela -también en una teoría científica, un fragmento de un filme ó una coreografía- y se percibe, en un proceso claramente identificativo, como algo muy propio. Esta cercanía acentúa también la percepción de origen, y, por tanto, de fuente de la que extraer energía psíquica. Hoy en día que tanto se repite la frase de los atomistas griegos “somos aquello que comemos” no se presta, sin embargo, la importancia debida a los espacios de la intimidad: “Somos aquello que tan celosamente cultivamos”. No como paliativo, como receta fácil para la felicidad de manual de autoayuda. Más bien como motor y a la vez combustible de nuestras acciones.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

fratello,

coincido plenamente con la frase "no se presta [...] la importancia debida a los espacios de la intimidad". Las redes sociales (facebook, twitter, etc.) empiezan a darse cuenta de que no se debe colgar todo lo que nos plazca, que es necesario preservar según que declaraciones y/o imágenes so pena de tener que cargar de por vida con un sambenito por un calentón cibernético. Es paradójico que sea la misma internet, ejemplo de apertura global, la que se vea forzada a recordar, ante la avalancha de casos de uso inadecuado de la información colgada, que hay espacios íntimos que hay que cuidarlos como tal. Este ejercicio es más que recomendable en esta era de la comunicación fácil, ultra rápida e irreflexiva, y no deja de ser una constatación evidente de que, en el caso de intercambio de información, muy probablemente nos hallamos en un extremo del péndulo.
Saludos,

fp

carles p dijo...

Gracias por tu comentario, fp.
El crecimiento tecnológico debe ir aparejado con otros tipos de crecimiento; do otro modo se llega a situaciones de profundo desequilibrio. El cuidado de la intimidad viene a ser el primer paso para el autocultivo.
Saludos