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miércoles, 6 de julio de 2011

Rarezas

           
Cuando, en un contexto convencional, hablamos de alguien ó algo raro, inmediatamente nos hacemos con una imagen mental claramente negativa, asociada con comportamientos a-sociales, hechos inverosímiles ó extravagancias varias. Y raro simplemente denota poco abundante, que se sale de lo común sin llegar tampoco a ser excepcional. Si es en lo común en donde desplegamos nuestro campamento base, entonces todo lo que se salga de esta zona confortable despertará en nosotros emociones negativas. Si por lo común entendemos la mediocridad diaria –por dorada que sea- entonces lo raro puede verse como una escapatoria a la estupidez cotidiana. Cuando leyendo un libro de ideas encuentras una con la que resuenas especialmente tienes la sensación de haber encontrado un diamante ó una pepita de oro. Cuando en la misma situación encuentras la idea con la que resuenas especialmente cada dos páginas (existen autores muy interesantes, pero sumamente repetitivos), a cada nueva repetición la sensación de que el diamante pueda ser en realidad un trozo de vidrio va constantemente en aumento. En las ciencias de la naturaleza, la utilización histórica del epíteto raro conlleva un significado similar. Una atmósfera rarificada es aquella en la que existe poca cantidad de gas y, por consiguiente, poca presión. El grupo de elementos químicos lantánidos se había llamado antiguamente el de los elementos de tierras raras. Los lantánidos están diseminados por toda la superficie terrestre, pero en concentraciones más bajas que otros elementos químicos. Parece como si cada vez más lo bajo, lo feo y lo sucio fueran lo habitual y lo elevado, lo hermoso y lo limpio, lo raro (y que conste que este no es un discurso de internado de señoritas de otra época). No estoy hablando precisamente de una mera traslación hacia nuevos ejemplos que amplíen los citados conceptos. Estoy hablando, más bien, de nuestra complacencia en las regresiones. ¿Cualidades raras hoy en día? La elegancia, la discreción, la modestia, el saber-hacer y la autoestima. Amén.

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