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miércoles, 29 de junio de 2011

Indignados


   A lo largo de la historia, la decadencia de determinada civilización que había agotado su ciclo se solapaba con la pujanza de una nueva civilización alternativa, que a la postre la sucedía. Hoy en día, cuando el mapa de las civilizaciones independientes se ha agotado y todos los habitantes del globo terráqueo formamos parte de una misma comunidad (con determinadas variantes dependiendo de la carga histórica de los diferentes pasados particulares), la única salida no abrupta a la crisis debe de proceder del interior de la propia sociedad. Y debe de proceder por integración de las diferentes variantes de que hablaba anteriormente. Y para poder cambiar, lo primero es reconocer que algo no funciona, pero no por su supuesta esencia ó ideología particular, sino por su agotamiento histórico. Ya sé que una buena parte de los componentes de los grupos de indignados que agitan ahora mismo varias ciudades mediterráneas pertenecen a la generación de los consentidos y que su gesto puede encuadrarse dentro de la estrategia de la rabieta que han practicado desde pequeños con sus padres. Su presencia se me aparece, sin embargo, como una toma de conciencia, como una bocanada de aire fresco, como han dicho algunas personalidades. Parte del stablishment actual, que en su día se identificó con el Mayo del 68, se ha olvidado ya de que entonces, como ahora, los jóvenes tomaban conciencia y, de alguna manera, denunciaban el final de una situación sin salida aparente. Para tales miembros del stablishment hay una gran diferencia entre entonces y ahora. Sí que la hay: que ahora ellos forman parte del grupo que entonces combatían. Ya lo dijo Picasso: las revoluciones nacen de pie y mueren sentadas.

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