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domingo, 8 de julio de 2012

Contornos

    
    Los contornos de una obra de arte, pertenezca al género que pertenezca, son una parte importantísima de la forma de dicha obra. Y la forma, no nos engañemos, constituye el verdadero “fondo” de una obra artística. El “mensaje” de una obra semántica no se halla en la historia que se cuenta, sino en la forma de contarla. Una misma historia puede ser filmada por un director mediocre y adoptar una forma absolutamente trillada, propia del cine para ser visionado y olvidado, o puede ser filmada por alguien que tenga algo nuevo que decir y lo exprese así en la forma. El contorno, además de configurar la forma, hace de frontera entre el espacio propio de la obra y su entorno. Es la membrana a través de la cual la obra establece comunicación con el público. Los contornos pueden ser nítidos, difuminados, abruptos, suaves, aparentes, ocultos, concentrados y diluídos. En el dibujo, así como en la escultura, el contorno puede llegar a constituir el total de la forma. En las artes chroniques el contorno es más un trasunto temporal que espacial, y por ello hay dos puntos que aparecen privilegiados en cuanto a su carácter de contorno: el principio y el final. El principio y el final de una composición musical, un film, una obra de teatro, un happening ó una obra danzada representan los límites temporales entre los cuales la obra –o sea, la forma- se manifiesta. Entre esos límites temporales la obra viaja con nosotros, y nosotros –nuestra experiencia- evolucionamos con ella en el tiempo. Pero no solo eso, sino que el propio transcurrir del tiempo es configurado por la obra, al igual que las obras plásticas configuran el espacio que ocupan. En el período del clasicismo vienés era costumbre que las obras musicales acabaran –independientemente de su longitud ó carácter- en la misma tonalidad en la que comenzaban. De esta manera se lograba una unidad en el tiempo que también era norma en el teatro de la época. Esta idea de retorno al inicio después de un periplo, de una experiencia, se hace especialmente visible en el caso de la forma de la variación musical. Durante el XIX el arte parece ir más por el camino del retorno a la experiencia prístina, la vuelta al origen, que en el campo literario se traduce en términos de “redención por el amor” o “extinción por el amor” (el Liebestod wagneriano parece así estar cerca de la termodinámica de Clausius y su segundo principio). Por ello, las fronteras temporales en la música del XIX marcan una dirección que hace que los principios sean muy diferentes de los finales. El final es el destino, la consumación o el caminio irreversible que procede del inicio. En la primera mitad del XX, que recupera elementos del XVIII, se da una conjunción de ambos tipos de contornos, suavizándose la flecha del destino y acercándose más al estatismo clasicizante del ser inmutable. La segunda mitad del XX supone la superación de tal dicotomía: tanto el principio como el final pueden no ser contornos cerrados, separando la obra de lo que no es obra. Cuando los principios y finales se hacen abiertos la obra no comienza y acaba propiamente; simplemente se nos manifiesta en un lapso determinado de tiempo.

2 comentarios:

Lluís P. dijo...

Fratello,

Tu texto me ha evocado un dibujo en tinta china en el cual el artista oriental, con mano maestra, esboza unos caballos al galope con cuatro trazos geniales. Los contornos me sugieren una palabra fascinante: insinuación, dar a entender algo sin más que indicarlo ligeramente, verdadero motor de la imaginación, que enciende el cerebro en una búsqueda frenética hacia la comprensión de lo que los límites del contorno nos quieren transmitir. A diferencia de tu entrada anterior en el blog, estos contornos no actúan como fronteras infranqueables si no que están ahí precisamente para saltarlos de manera compulsiva con un único objetivo: entender qué nos está indicando el dibujo, la escultura, la pieza musical, etc… que contemplamos. Como el prestidigitador que repite su truco una y otra vez sin que seamos capaces de desvelarlo, el contorno nos esconde muchas veces su contenido y se erige en enigma a descifrar, con la misma fuerza atractiva que la que nos guía a observar con lupa cómo demonios ha sido capaz el mago de sacarse el conejo de la chistera.
Me paso a tu siguiente aportación al metacorner, que intuyo un hilo conductor entre fronteras, contornos y membranas con mensaje cifrado includo.

fp

carles p dijo...

Fratello,

El contorno es parte importante de la estructura, que constituye a su vez el verdadero contenido de la obra.
Has deducido perfectamente el carácter del triplete de posts.
Petons,

fp