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viernes, 3 de abril de 2015

Verano



                        Los calores estivales ya habían llegado. Y aunque Guillermo estuviera en su salsa, el resto de parroquianos de la plaza mayor se sentían agotados a causa de la falta de sueño, del ruido estival, de la machaconería con que los medios de comunicación explotaban el menor flujo de noticias de que disponían en la canícula, además de otros temas más profundos. Ernesto recordaba especialmente, en tal época del año, su infancia y, de forma sutil pero marcada, mezclaba trazos del pasado con ensoñaciones y sensaciones que en realidad nunca habían existido. Cualquiera de tales puntualizaciones comenzaba invariablemente con un “-antes,….”que ponía los pelos de punta a Pablo, quien usualmente siempre rebatía a su parroquiano sin grandes esfuerzos. José Antonio se encargaba de interpretar los pensamientos de Ernesto en clave analítica mientras que Guillermo creía que era difícil hacer comparaciones por cuanto el punto de vista personal evoluciona sin cesar. José Antonio no podía estar más de acuerdo con Guillermo en su apreciación pero también sugería la posibilidad de comparaciones no personales. “Observad, por ejemplo, las primeras páginas de los periódicos de los días 19/4/1955; 7/4/1971; 10/4/1973;  27/5/1976; 3/2/1976. Durante esos años, ciertamente, las personalidades que hicieron avanzar el pensamiento, las ciencias y las artes, tenían una consideración general. Si algún lector de tales periódicos no tenía ni idea de quién era tal personalidad, iba al diccionario a buscarlo, disimulando su desconocimiento. Ahora –y aquí doy algo de razón a Ernesto-, la situación ha cambiado enormemente. No existe un único paradigma al que se le busquen los agujeros como tan genialmente hicieron aquellos superdotados. Por otra parte la gran masa ha perdido el complejo de sentirse inculta. Es más, el mercantilismo salvaje ha logrado llegar a hacerla sentir orgullosa de ello. El culto al personaje notable se ha substituído por el culto mítico a la ‘celebridad efímera del freacky que twitea’. Hemos confundido la igualdad de votos –el valor supremo de la democracia- con la igualdad de opiniones, cosa que…”
-Pablo, que se había ido poniendo rojo mientras escuchaba el repetitivo discurso de José Antonio, no pudo permanecer callado más rato:
-“¡Siempre que sueltas tus tesis elitistas te olvidas de que la voz de la masa tiene un poder y que la gente puede hacer lo que le dé la gana, que ya son mayorcitos!”
-“Pues no parece que la gente sea tan mayorcita, siendo como es tan extremamente manipulable”
-“¡Pero es que todos estamos atados de pies y manos! ¡Dame la receta para dejar de ser manipulado!”
-“Haya paz”, sugirió Guillermo. “¿Es que sólo sabéis pelearos, vosotros tres? En la vida hay cosas por las que vale la pena seguir, ¿no?
-“Pablo”, siguió afectuosamente José Antonio, “tu has sido maestro durante la mayor parte de tu vida profesional. Creo que hace muchos, muchos años que averiguaste que formar a un menor no consiste en rellenar su mente con contenidos, como hacen con las ocas los productores de foie-gras”
-“Tienes razón” dijo Pablo.”Eso lo creen los burócratas tecnócratas parásitos que pueblan los despachos oficiales. Pero este error, basado en una reificación de un proceso y en la asunción de la lógica y la racionalidad como únicos y absolutos caminos, se esparce por el grueso de la sociedad como una mancha de aceite.”
-“Pues a eso voy”, siguió José Antonio. “Simplemente te quería dar a entender que el proceso de aprendizaje y de maduración no tiene por qué acabar en la edad adulta. Es un proceso que, si dejas que fluya, puede durar toda la vida. Y el aprendizaje del adulto tampoco tiene que ver únicamente con la adquisición de nuevos conocimientos sino especialmente con la aparición de nuevos puntos de vista. Un poco como el viaje que planteaba Guillermo”.
-“Mirad, es que yo, ¿sabéis? soy un poco incrédulo y desconfiado por naturaleza”. Ernesto no participaba hacía rato de la discusión. “Si alguna cosa no la entiendo no la asumo por defecto”.
-“Esa es la excelsa labor del maestro”, y diciendo estas palabras Pablo se llegó a emocionar rememorando la maravillosa profesión a la que había dedicado los esfuerzos de toda una vida. “Hacer que alguien con un nivel de comprensión determinado pueda asumir cosas de un nivel inmediatamente superior. Los burócratas parásitos creen a pies juntillas que toda la ciencia se puede deducir, que todos los secretos del lenguaje están contenidos en sus palabras y que los tests de inteligencia sirven para algo serio”.
“-La sociedad actual –prosiguió José Antonio- tiene una labor intelectual por hacer muy  importante. Esta labor debe ser capaz de armonizar técnica, ciencia, arte, pensamiento. Y esta labor es eminentemente compleja, es decir, orgánico-sistémica. Fijaros la falta de armonía de la humanidad para con su nicho ecológico. Por doquier aparecen y se multiplican todo tipo de alergias, intolerancias y cosas peores. Estoy convencido, Ernesto –añadió José Antonio antes de que su amigo volviera a la carga- de que el progreso tecnológico y la armonía con el mundo no son incompatibles. Ahora bien, el progreso tecnológico unido a la regresión de conciencia y al atontamiento ngeneralizado puede llegar a ser letal”.
Guillermo propuso a sus contertulianos ir hasta la calle de al lado a buscar unos helados cuando de repente…..

1 comentario:

Lluís P. dijo...

Fratello,
De las cuatro estaciones, verano ha sido la que más me ha gustado. El diálogo está perfectamente trenzado, y las opiniones expresadas por sus protagonistas son de una claridad meridiana. El toma y daca de pareceres te convence por el aplomo con el que hablan sus portavoces, un placer para el lector. Cuando acabas convencido con lo que dice uno, la refutación del otro te parece impecable, una gimnasia mental de lo más saludable. Felicidades por este relato, te ha salido redondo.
¿Sería mucho pedir, venerado Fratello, que desvelases el por qué de tantos finales en suspenso? ¿Nos vas a dejar “in albis” después de seguirte fielmente por las cuatro estaciones?
No me atrevo a aventurar qué vas a responder, sería un despropósito, o sea que me rindo doblemente: a tu talento y a tu intriga.
Gracias por despertar nuestro sentido crítico, tan vapuleado por los medios.
Un abrazo y feliz Pascua,

fp