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sábado, 14 de noviembre de 2015

Modorra

                        Inmanuel Kant fue virtualmente el primer filósofo que se preguntó, antes que otra cosa, por el propio acto de filosofar, por el propio acto de pensar y las contingencias que rodean nuestra relación con el conocimiento. Antes de Kant las cuestiones rara vez involucraban esta conciencia de segundo orden; se limitaban a dar por hecho que la mente es un reflejo directo de la naturaleza y que, por consiguiente, una mente ordenada podía llegar a capturar las verdades más profundas de la vida y del universo. Así, Decartes, aun promoviendo la separación entre objeto y sujeto -dando así lugar al dualismo mente/materia- nunca dudó de la naturaleza inefable de la razón. A partir del famoso giro copernicano de Kant (no son las cosas las que giran en torno nuestro sino que somos nosotros los que giramos en torno a las cosas) los conceptos de sujeto y objeto se reposicionan, ganando el primero un peso relativo que anteriormente no tenía. Cuando en nuestras ágoras más concurridas se hace referencia al dualismo objetividad frente a subjetividad casi invariablemente se está pensando en razón frente a emoción o “realidad dura” frente a “fantasmas de la mente”. Esto es una forma más de dualismo cartesiano; la que dio origen al romanticismo, al psicologismo o a otras corrientes anti-razón. El subjetivismo que introduce Kant nada tiene que ver con eso. Simplemente ofrece una nueva perspectiva en la que el observante se ve inmerso a sí mismo (o empieza, lentamente, a hacerlo). De alguna manera, Kant es el primer pensador de la post-modernidad. El telón de fondo de la Ilustración, por eso, previene de cualquier tipo de relativismo. A la filosofía occidental todavía le quedaba un buen trecho, desde el idealismo hasta el estructuralismo, pasando por la fenomenología, el existencialismo y la filosofía analítica hasta llegar a una situación en la que se hizo necesario definir los límites de su cometido. Tales límites han ido llegando desde puntos muy diversos. Desde Wittgenstein pero también desde Derrida; desde Rorty pero también desde Habermas. Y no solamente la filosofía ha tenido que definir sus límites; cualquier cuestión propia del alma humana lo ha tenido que hacer. Solamente atravesando esos límites la evolución podrá dar su siguiente paso significativo. Y esa evolución está sin duda ligada a la relación que tengamos con un concepto tan abstracto y complejo como el que denominamos realidad. La popular idea de que la realidad es dura, única, externa y directamente cognoscible, o sea, que nos viene dada, es, a día de hoy, insostenible. Y la filosofía es, precisamente, el instrumento de que disponemos para ahondar en el conocimiento de la realidad. La filosofía debe de cuestionarse a sí misma y sus fundamentos, pero no debe de ser nunca abandonada. Nuestra furiosa deconstrucción/totalitarismo rosa se propone ahora acabar en España con la enseñanza de la filosofía en la escuela secundaria. Con objeto de generar ciudadanos más ignorantes, manipulables y falsamente satisfechos (o sea, súbditos más que ciudadanos). Pongamos difícil tal iniciativa

4 comentarios:

Lluís P. dijo...

He firmado a favor de mantener la filosofía en la escuela secundaria.
Te agradezco que desde tu blog hagas extensiva esta iniciativa a tus lectores.
Saludos,

fp

carles p dijo...

Gracias fratello!

No sé si este tipo de iniciativas tiene algún efecto práctico pero al menos movemos un poco las conciencias

fp

Anónimo dijo...

Hola Carles,
ante la cantidad de conocimiento que muestras en este (y otros) post creo que lo que yo pueda decir es bastante insignificante, pero a pesar de eso me gustaría dar mi punto de vista.
Confirmo con la profesora de filosofía del Instituto donde trabajo el proyecto de ir eliminando su asignatura del curriculum de secundaria o de relegarla a materia optativa.
Seguramente la filosofía y la educación en general son ahora más importantes que nunca para formar personas adultas y ciudadanos con conciencia propia y un sentido ético de la realidad.
La ignorancia (como estamos viendo) sólo puede engendrar fanatismo, nihilismo o un hedonismo de corto alcance.
Los profesores podemos hacer algo (quiza poca cosa) y, en mi caso y a pesar de todo, intento no perder un cierto grado de idealismo ingenuo que aunque pueda resultar ridículo me evita caer en un escepticismo o cinismo que me deshumanizaría y me alejaría espiritualmente de mis alumnos.
Gracias por invitarnos a pensar
Filo

carles p dijo...

Hola Filo,

Ante todo te pido disculpas por lo tardío de mi comentario.
Ningún comentario es insignificante (y mucho menos los tuyos!!!)
Tienes montañas de razón en todas tus apreciaciones
Y sobre todo: no pierdas lo que tú llamas idealismo ingenuo y yo llamaría energía vital...

Gracias por seguir leyendo y comentando el blog
Carles