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viernes, 12 de mayo de 2023

Parodias

 


  La parodia es un género que, en manos de un creador fino, puede actuar eficazmente como revulsivo personal o social. Mientras que en el sarcasmo la componente de amargura suele prevalecer sobre la humorística, en la ironía el humor puede atravesar, a lomos de la elegancia, las más procelosas aguas sin ensuciarse tan siquiera. A medio camino entre la ironía y el sarcasmo tenemos el doble significado, la caricatura, el burlesco y la sátira. Mientras que la literatura abunda en recursos capaces de cincelar con suma precisión el alcance de la sátira pudiendo acercarse con tranquilidad a la zona colindante con el mal gusto, pero sin caer en él, en el campo musical la parodia forma parte del recurso humorístico, que en este caso suele ir dirigido hacia un colega a quien se quiere caricaturizar. Esta caricatura, sin embargo, puede en muchas ocasiones considerarse más un homenaje que una crítica. En algún caso en que la parodia se hace gigante su alcance crítico se afila, como sucedió con la famosa The Beggar’sOpera (1728) de Gay y Pepusch -burla evidente del modelo italianizante de ópera haendeliana cuya moda empezaba ya entonces a declinar- y cuya fama enlazó doscientos años después   con su secuela Die Dreigroschen Oper (1928) de Brecht y Weill. En ocasiones la parodia se vuelve multi-telescópica como en “A la manière de Chabrier”, donde Ravel nos presenta una versión de un fragmento del Faust de Gounod como si la hubiera escrito el propio Chabrier. La parodia también puede volverse clownesca como sucede en diversas obras de Satie (Tirolienne Turque con sus alusiones a Mozart, Sonatine bureaucratique con sus alusiones a Czerny) o en la última sección de la stravinskyana Circus Polka con su bufona recreación de la célebre MarchaMilitar de Schubert. El sarcasmo aparece en el penúltimo movimiento -intermezzo interrotto- del Concerto for Orchestra de Bartók, donde una versión estúpidamente festiva del tema de la “invasión” de la 7ª Sinfonía de Shostakovich (que a su vez parece parodiar un conocido fragmento de La Viuda Alegre) irrumpe en plena efusión lírica, lo que provoca unas sonoras carcajadas en forma de trino y otras impúdicas pedorretas en forma de glissando por parte de un sector de la orquesta (por cierto, aun hoy en día los eruditos no se han puesto de acuerdo sobre si el objeto de la parodia es Shostakovich, Léhar o ambos). En nuestra postmodernidad musical la parodia parece haberse esfumado. Cuando John Adams cita en Harmonielehre cierto pasaje del Amour des trois Oranges lo hace de forma encubierta, como es el caso de Philip Glass cuando cita un pasaje del stravinskiano Orpheus en su ópera The white raven. Ni como homenaje ni tan siquiera como cita. Quizás se trate de citas inconscientes. O quizás se trate de robos. Probablemente se trate de robos furtivos, aunque luego se muestre la mercancía robada al adormecido público durante cientos de compases. Ahora que la inteligencia artificial se encargará de componer música la parodia no solo desaparecerá, sino que no dejará rastro alguno. ¡Menuda pérdida!



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