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miércoles, 10 de diciembre de 2014

D+1


                   Es evidente que cada uno contempla la vida desde un marco de referencia que contiene todos sus datos de itinerancia. Desde unos modos concretos, que conllevan unas perspectivas innatas privilegiadas (percepciones físicas, mentales) pasando por una historia concreta de hábitos y adquisiciones hasta un momento concreto de la evolución y edad de cada uno. El hallazgo más deseado por parte de filósofos, científicos y artistas es el de la ética, la certeza y la belleza objetivas. Y esto, dicho en pocas palabras, no existe. Lo cual está muy lejos de afirmar que la ética, la certeza y la belleza no existan e incluso tienen un valor trascendente, más allá de nuestras puras percepciones.

viernes, 14 de noviembre de 2014

D


                       Esta es la entrada del blog que hace la número quinientos. Es por ello que me permito hoy hacer alguna reflexión en torno a él, concretamente el por qué de su título. La Postmodernidad, importante etapa crítica para con la Modernidad pero incapaz, por otra parte, de autoreconocerse como una parte integrante de ella y más concretamente de su decrepitud, establece la no existencia de metaespacios que puedan hacer de puente interparadigmático. Además, la postmodernidad (y he ahí su trazo característicamente narcisista) reconoce los diferentes paradigmas como intercambiables a capricho personal. De esta manera se habría llegado a un punto de aprehensión prístina de cualquier realidad, que se manejaría a placer personal de cada uno, ya que cualquier visión es perfectamente posible y autocreada. La postmodernidad, por tanto, quiere representarse a sí misma como el final de la historia, el desvelamiento del último telón de fondo que ya no puede caer puesto que hemos llegado a la (inexistente) pared posterior del escenario. Y esta pared nos dice que no pueden haber verdades absolutas, que todo es relativo. La visión evolucionista añade que aunque no haya verdades absolutas, existe un grado de holoarquía y de relatividad entre las verdades relativas. Y el juego de la caída de los telones de fondo puede aún continuar (derribando la pared posterior del escenario, que nos revelará a su vez otra pared más profunda). Lo de metacorner expresa esta voluntad de relativismo holoárquico. Por mucho que no puedan existir narrativas comunes entre las diferentes visiones, sí que pueden existir narraciones-puente entre algunas de ellas que se hallen en determinada configuración relativa holoárquica. Lo de transcliché es más evidente. Para navegar entre los metaespacios se hace del todo necesario el proveerse –o más bien, desproveerse, en este caso-, de cierto equipaje. Nuestro entorno diario nos ofrece una dualidad que a veces se hace absolutamente insoportable. Por un lado nos regala cada vez más posibilidades de abstracción, de comunicación, de información, de alcance, mientras que por otro nos reduce cada vez más a visiones superficiales, alienantes, cosificadoras y manipulativas. Necesitamos percatarnos de esta tendencia automultiplicativa hacia el cliché y abandonar sus caminos trillados. Transcliché Metacorner, por tanto, parte de una decidida voluntad de desafiar la visión habitual de las cosas, visión que tanto se replica en los medios y por otro lado quiere, de alguna manera, alinearse con lo que podríamos llamar las estructuras de la Trans-Modernidad. Ahí es nada!...

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Acumulaciones


            Hace cuarenta años, cuando el debate epistemológico entre la Modernidad y la Postmodernidad estaba en su cénit, la pregunta clave en el marco del conocimiento científico era –como se suele plantear en Occidente- de tipo dual: “-¿es o no es acumulativo el conocimiento científico?”. Nuestra posición más avanzada en la actualidad disuelve el dualismo. El conocimiento científico ni es acumulativo ni deja de serlo. Es más bien evolutivo. El conocimiento científico no es una masa sólida que se deglute como podían suponer los modernistas ni un objeto creado a voluntad como podían suponer los post-modernistas. Entre otras cosas porque la mente no es una boca que deglute un alimento externo al organismo ni la realidad es moldeable a capricho. El problema del debate Popper-Kuhn radicó en que ni los popperistas entendieron a Popper ni los kuhnianos entendieron a Kuhn (aparte del hecho de que gran parte de los científicos oyeron hablar de Popper –y lo malentendieron- pero no de Kuhn, al que básicamente malentendieron gente de Humanidades).

viernes, 7 de noviembre de 2014

Metabolismos



                        Cualquier manifestación colectiva denota un trazo cultural, desde la gastronomía al arte, desde las fiestas populares a la poesía, desde la actitud frente a la colectividad hasta la actitud frente a las desgracias. Y la actitud frente a las heces no escapa a este esquema. Las heces son parte del subproducto que un organismo animal genera a partir de su metabolismo y forma parte de un sistema mayor que incluye los procesos físico-químicos que la vida genera y mantiene, y que a su vez, mantienen la vida. Parece evidente que tales desechos no sean útiles a la misma especie animal que los genera, aunque puedan serlo para otras. En el caso humano (como sucede sin duda para otros animales) las heces pueden ir acompañadas de patógenos y, de forma natural, contienen elementos que las hacen desagradables a la especie que las genera (aunque, como ya he indicado en una ocasión, el elemento odorífero puede, en otras ocasiones, resultar atractivo bajo otro punto de vista). Este aspecto es cultivado desde la infancia, generando en el niño un disgusto hacia los excrementos que cumple una función protectora pero a la vez los equipara con lo indeseable, lo que nunca debe de estar alrededor de uno….sin recordar que somos nosotros los que generamos tal producto. Históricamente los occidentales se han sorprendido por los usos evacuatorios de otras culturas, como la árabe o las orientales, que hacen uso del agua para la limpieza post-evacuación, tildándolos incluso de primitivos o bárbaros. Es aparentemente mucho más bárbaro aplastar los excrementos contra el ano con un trozo de papel que después se frota contra la misma zona. El tema también se suele situar en la zona del sarcasmo y la parodia, como en la tradicional figura del pessebre o belén catalán, la del caganer. I és que en això d’evacuar lluita de classesno n’hi ha!!

miércoles, 29 de octubre de 2014

Efímero



          Dentro de una sociedad que se quiere permanente, o como mínimo, con unas estructuras establemente consolidadas, lo efímero constituye en sí toda una categoría poética. En una sociedad en pleno cambio, con unas estructuras debilitadas e inestables, lo efímero forma parte de la cotidianeidad y no parece presentarse como una anomalía o una paradoja. Lo efímero, como tantos otros términos –y especialmente aquellos que, como él, tienen una etiología basada en la temporalidad- es algo relativo. Cuando hablamos de relativos, de comparaciones, solemos antropomorfizar y el término que utilizamos de comparador suele ser la escala –en este caso, de tiempos- humana. Lo efímero, visto así, se nos aparece como lo instantáneo, lo visto y no visto. Pero lo efímero también puede representar, a la manera bachelardiana, lo atemporal, lo que se nos aparece durante un pequeño lapso de tiempo pero representa y consteliza a su alrededor lo que está fuera de él. El circo (no la versión decadente y pueblerina que recordamos de nuestra niñez), los happenings, algunos momentos muy concretos en el mundo del deporte, en el mundo de la danza; todos contienen altas dosis de poesía efímera. Con el nombre vulgar de efímeras se conoce un género de insectos cuya vida adulta puede durar, en algunos casos, menos de un día; el tiempo justo para aparearse antes de morir. Es otro delicado ejemplo de agridulce poesía ecológica.

viernes, 3 de octubre de 2014

Revisiones



                              A lo largo de la historia los filósofos –desde los antiguos griegos hasta finales del S XVIII- han pensado y nunca se han planteado nada sobre la acción de pensar. Han considerado que los productos de su pensamiento vienen dados o son un reflejo fiel de la naturaleza. Kant fue el primer filósofo de la conciencia de segundo orden: el primero que piensa sobre el pensar. Y, evidentemente, pone el propio acto de pensar patas arriba. En los campos de la ciencia el equivalente a las críticas kantianas ha tenido lugar siglo y medio más tarde en el campo de la física (Bohr y Heisenberg fueron, de hecho, filósofos colaterales) y, en el caso de algunas ciencias como la química y la biología, mucho más tarde. Incluso se puede decir que amplios sectores de la “ciencia oficial” todavía no han percibido este profundo cambio y siguen aferrándose a un realismo ingenuo insostenible. Después de Kant los filósofos no tan sólo han mantenido la conciencia filosófica de segundo orden sino que han puesto límites a la acción de pensar, han descubierto las limitaciones de la racionalidad. Estos límites pueden llevar a la desesperación nihilista (Nietzsche), a la definición lógica de la frontera (Wittgenstein), a la cartografía de la incompletitud humana (Heidegger), al representacionalismo (Rorty) o a la autocomplacencia del prestidigitador enseñando sus trucos al público (Derrida). El hecho de que muchos de los grandes científicos de nuestro tiempo no hayan llegado todavía a esta crítica muestra la terrible fisura que padece nuestro momento histórico. El propio Stephen Hawking, prototipo del científico genial de nuestros días (con ribetes míticos asomando por todos lados) declaraba hace unos pocos años que “la filosofía está muerta; no ha sabido mantenerse al lado de los modernos desarrollos científicos; los científicos se han convertido en los modernos portadores de la antorcha del saber en nuestra búsqueda del conocimiento; los problemas filosóficos pueden ser respondidos por la ciencia, particularmente por nuevas teorías científicas que nos aporten visiones alternativas del universo y nuestro lugar en él”. Con todos los respetos, Hawking es un gran científico, pero no tiene nada de sabio. La crítica y autorevisión de la Modernidad, de la tridimensionalidad, de la Racionalidad, debe de alcanzar tanto al mundo de la filosofía como al del Arte (en ambos casos lo ha hecho sobradamente) pero igualmente al de la Ciencia. Si no es así, la ciencia se colocará en el mismo lugar que la Iglesia en el S XVI y comenzará a pontificar excatedra como hace cada vez con más afán Mr Hawking y otros cardenales  de nuestro tiempo como Richard Dawkins, quien todavía discute el modelo lovelockiano del sistema Gaia con miope acaloramiento (básicamente porque lo percibe, bajo la mentalidad de otra época, teleológicamente). La época de las dicotomías entre determinismo e indeterminismo, azar y necesidad, después de Progogine, Lorentz, Mandelbrot, Varela, Lovelock y unos cuantos científicos más ya han pasado a la historia.