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lunes, 3 de julio de 2006

Deconstrucciones


Cada vez tengo más la sensación de que la postmodernidad no es mucho más que una reacción que posee cierto carácter de rabieta infantil. Las consignas de la postmodernidad nos aleccionan sobre el carácter relativo de cualquier aserción, haga ésta referencia a temas científicos, artísticos ó morales. La postmodernidad –cuyo primer atisbo filosófico podría remontarse nada menos que hasta Kant- ha constatado que la razón humana se apoya en paradigmas y que éstos no poseen ningún tipo de categorización posible. El reconocimiento de que la razón –y por ende, el conocimiento de un supuesto “mundo objetivo”- no constituye un absoluto, deja una ventana abierta –que la ortodoxia científica actual todavía cierra sistemáticamente- a la evolución por ampliación de conciencia. Esa es precisamente la parte positiva de la postmodernidad; la apertura de ventanas a nuevas posibilidades y la denuncia de la hubris que subsume el cadáver de la modernidad. La parte negativa es la de la rabieta en que resulta la constatación anterior: ya que todo conocimiento se apoya en paradigmas, no existe ninguno de ellos que sea privilegiado respecto a los otros. Es como la rabieta que puede experimentar un niño al constatar los primeros dolores de crecimiento. Ya que un mundo de seguridad se me derrumba, no quiero instalarme en ninguna otra seguridad; la seguridad no existe. Dicho en frase postmoderna, la única verdad absoluta es que todo es relativo. Dejando aparte la consecuente y conocida incoherencia lógico-formal resultante de esta aseveración, creo que existe otra verdad absoluta, la que hace referencia al grado de relatividad. Una propuesta ó aserción que incluya y a la vez amplíe a otra posee un grado de relatividad menor que ésta. Esta aseveración parece incluir una teleología ó punto final hacia el cual confluyen los paradigmas por consiguiente ampliación de campo visual, cosa que aterra por igual a los “ortodoxos” anclados en los residuos de modernidad como a los “heterodoxos” que enarbolan la bandera pura de la postmodernidad. No creo que sea necesario incluir tal punto en nuestra discusión. El paso de la gravitación newtoniana a la einsteniana ha sido explicado de diversas maneras. Una primera explicación considera que una cosmología es equivalente a la otra en el caso concreto de magnitudes de masa, espacio y tiempo relativamente pequeños. Una segunda explicación nos advierte que ambas cosmologías corresponden a cosmovisiones irreducibles; los paradigmas de que dependen nunca podrán ser comparados porque son radicalmente diferentes. Una tercera explicación podría ser que el paradigma einsteniano es totalmente diferente del newtoniano, pero no se trata de una visión alternativa sino que supone una ampliación de conciencia respecto de él. Son los propios conceptos de masa, espacio y tiempo los que han resultado modificados o, mejor dicho, ampliados.
Una vez hayamos deconstruído todos nuestros constructos culturales, científicos y morales tendremos que volver a construir algo para evitar el colapso global. La postmodernidad habrá servido para derrumbar, pero difícilmente podrá construir algo detrás.

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