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viernes, 14 de julio de 2006

Infantilización


Uno de los mecanismos más sutiles por los que el poder es capaz de perpetuarse es el de la infantilización preventiva. Las dictaduras basan en una buena medida su existencia en las consignas que lanzan a las masas con objeto de concienciarlas (¿?) respecto a los bienes públicos. Un dictador nunca ensalzará la concienciación y asunción de responsabilidades individuales. Este juego podría volverse muy peligroso para su pervivencia como tal. Surgirían entonces discrepancias de opinión que no podrían tener cabida en el paraíso sintético a tal efecto construido. Una masa bien adiestrada no necesita de demasiadas fuerzas represoras, porque cada elemento se convierte así en un potencial represor. Esta temible constelación psicológica no sólo es utilizada por las dictaduras políticas (y los dictadorzuelos con ropas de demócratas que intentan por todos los medios polarizar a la opinión pública, cosa harto fácil en según qué climas culturales). También es ejercida por estamentos religiosos (el resultado es todavía más temible, porque apela a estratos más profundos de la psique, y en cierta medida más inconscientes). No sólo estoy hablando de los casos extremos de kamikazes. En Occidente creyentes y no creyentes comparten demasiado a menudo una desmesurada inmadurez respecto a los temas religiosos. En gran medida convenientemente cultivada por la Iglesia como grupo de poder, cuando todavía lo era (este poder ha descendido pero la inmadurez no se ha erradicado). En estructuras de menor tamaño, como el mundo de la empresa, quizá sea más difícil mantener este grado de infantilización (el famoso paternalismo se ve hoy como algo muy demodée). Entonces se recurre al efecto contrario: la inflación del ego. La diferencia es que este tratamiento se efectúa de forma individualizada. El resultado -la hubris, compensación psicológica que en primera e infantil instancia puede interpretarse también como castigo- también es individualizado. Pero este juego diferente merece reflexiones diferentes.

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