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martes, 29 de mayo de 2007

(Falta de) Evolución


En los últimos tiempos ha aumentado en mi ciudad el número de personas que, mostrando una inquietante falta de intuición por lo que a las leyes físicas más inmediatas se refiere, se lanzan a la calzada mientras un vehículo está a punto de cruzarla. Quizás en el futuro este ejemplo será mostrado como una versión más de evolución darvinista. En este caso no sobrevive el más fuerte sino –como lo prescribe el modelo original- el más adaptado. En estos últimos tiempos, también, se está produciendo un fenómeno relacionado con este tema: el modelo darvinista ha sido colocado en el punto de mira de los famosos grupos neocon americanos y se utiliza como “testigo revelador”. Dígame cuál es su posición al respecto y le diré a qué grupo pertenece: o bien pertenece al grupo de los que creen que responde a la verdad ó bien pertenece al grupo de los que creen que responde a la mentira. El primer grupo da muestras de situarse en un mundo de hace doscientos años; el segundo va diez veces más atrás. El dualismo verdad/mentira es una versión más de la dificultad de la mente para evolucionar más allá de ciertos límites. La teoría y modelo darvinianos representan un modo de pensar propio de su época, como también refleja –y configura- su época la teoría y modelo newtonianos. En una época en que la filosofía postempiricista considera que los problemas epistemológicos no se deben ya resolver, sino disolver (remarcando con ello claramente el carácter limitado de la propia disquisición filosófica), la dicotomía Darwin sí/Darwin no se me presenta como algo muy cándido, muy naïf. Y a la vez, también, muy peligroso. Porque la única salida que tiene es la del ascenso dialéctico. El resto no es nada más que confrontación estéril.

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