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martes, 20 de enero de 2009

Revelaciones


Cuando un suceso –más frecuentemente negativo que positivo de entrada- cambia de golpe el rumbo de nuestra vida en muchas ocasiones lo percibimos como algo que teníamos delante nuestro pero que no acertábamos a vislumbrar; como si su acaecimiento nos revelara o hiciera conscientes de algo que siempre había estado ahí. El cúmulo de tales percepciones puede hacer de una vida todo un proceso de toma de conciencia que, de forma consecuente, configurará en nosotros un universo orgánico de experiencias. Además, dicho entramado no nos permitirá la marcha atrás: cuando Orfeo es conducido a los infiernos para recuperar a Eurídice, debe de recolocar sobre sus ojos la misma venda que tenía antes de su desaparición. Pero la vuelta atrás parece vana: la venda no puede ocultar ya nada después de haber caído una vez. En algunos casos incluso podemos llegar a percibir cierto sabor conocido, como si, tras los decorados espacio-temporales y socio-culturales que nos arropan, intuyéramos algo a nivel más fundamental. No voy ha hacer ninguna cábala sobre el origen ó significado de tales percepciones que como tales nos informan “como si”. Allá cada cual con sus referentes conscientes ó inconscientes. Otra cuestión mucho más profunda es la posibilidad de la existencia de percepción/experiencia a-referencial.

2 comentarios:

Agustín S.A. dijo...

Carles, aunq no te escribo desde hace mucho, te sigo con fervor.No se lo digas al autor del blog, para que no se lo crea, pero para mí es lo más interesante q he encontrado en el mundo blogger. Pasa el tiempo y los artículos se fortalecen. Un abrazo sincero.

Agustín

carles p dijo...

Muchas gracias, Agustín, por tu amabilísimo comentario. La verdad es que últimamente me he notado un poco falto de inspiración (y los posts salen un poco más negativos de lo que me gustaría). El hecho de recibir feed-back -y no digamos si es tan halagüeño como éste- proporciona la inyección de moral necesaria para seguir escribiendo.
Yo también sigo tus avances y progresos.
Y tranquilo, que le diré nada al autor...

Un fuerte abrazo

Carles