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viernes, 3 de septiembre de 2010

País

En España existe desde tiempo inmemorial un deporte al que todos nos abonamos con suma facilidad: la crítica más ó menos superficial y destructiva de los más variados elementos que configuran el estado. No solamente eso; también es muy corriente hablar con desprecio de ese deporte (mientras se sigue practicando, claro está). Yo me confieso practicante de ambas modalidades (la segunda de ellas, la más perversa, es la que estoy desarrollando en estos momentos). Existe un momento preferido para la práctica de tales menesteres: a la vuelta de un viaje de trabajo ó de vacaciones por lugares más civilizados. Es entonces cuando, teniendo frescos los elementos de comparación, nos lanzamos con más fervor a la actividad de marras. Aunque por un lado se admiran las tierras con más organización por otro se tiende a despreciar a sus habitantes. X es un país muy bonito, el problema es que está lleno de (naturales de X). Esta frase la hemos oído todos. El problema del que la pronuncia es que no se da cuenta de que X y (naturales de X) forman un todo indisoluble. X es así porque sus habitantes la hacen así y la han hecho así durante siglos. En España todos nos quejamos de que el espacio público (físico y no-físico) no acaba de funcionar, pero por otro lado establecemos una fuerte barrera entre lo nuestro y lo compartido, que no consideramos nuestro. Esta falta de conciencia comunitaria se une a las ansias de no dar ni golpe que hace que, en el fondo, los pelotazos y sus autores sean inconscientemente admirados. Cierto primitivismo en las costumbres y un gusto desmesurado por el lujo y la apariencia hacen el resto.

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