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viernes, 28 de octubre de 2011

Referentes

                        Observo con cierta molestia (por no decir repelús) la creciente vulgaridad que ofrecen los aspectos gráficos de campañas públicas, ofertas culturales e incluso publicidad privada que aparecen por doquier. Demuestran la creciente pobreza no de ideas sino de referentes que poseen los que las fabrican. Por mucho que estemos sumergidos en un gran cambio cultural-paradigmático cualquier tipo de comunicación sigue enmarcada en unas estructuras (que, debido a tales cambios, son crecientemente menos compartidas). Y estas estructuras se manifiestan, en el caso particular de cada individuo, en unos referentes que están relacionados, entre otros puntos, con su cultura general, su experiencia, su sentido estético, su inteligencia y su grado de conciencia. Hace bastantes años leí una entrevista con un pseudoartista sobrevalorado que debía dirigir la parte escénica de unas funciones del Retablo de Maese Pedro de Falla y no escondía el hecho de que no hubiera leído jamás el Quijote. Incluso argüía que tal hecho le concedía ciertos privilegios a la hora de huir de traducciones tradicionales. Evidentemente, este pequeño arribista pensaba que su genialidad era tal que cuanto más inmaculada, mejor. Es evidente que las grandes revoluciones se hacen desde dentro y no desde fuera. El que halla nuevos caminos debe de estar empapado de los viejos. Cuando algo se marchita y da paso a otra cosa, hasta que unos cuantos verdaderos genios no la ponen en marcha, lo único que rodea al cadáver son buitres. Anuncio en el metro sobre la nueva estación de Santa Rosa: una mujer vista desde atrás con una coronita kitsch dirigiéndose a la nueva estación. Programa de la nueva temporada de la orquesta de la ciudad: fotografías de partituras volando sobre fondos urbanos. Clichés vulgares, infantiles y antiestéticos.

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