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viernes, 29 de noviembre de 2013

Instante



                     Nos podemos preguntar sobre el por qué de nuestro interés en observar fotografías de gente (de famosos, de nuestros parientes, amigos y compañeros, de nuestros antepasados, de personajes históricos), especialmente cuando tenemos al original delante nuestro. Pareciera que deberíamos tener una imagen más completa al observar a la persona al natural que en una fotografía. Dado que nuestra persona al natural es un proceso (un proceso físico-químico-biológico-noético) que se desarrolla en el tiempo (parece que nuestra percepción temporal está ligada a nuestra percepción de la evolución de los procesos) la fotografía constituiría una muestra congelada de un instante del proceso. Una muestra, claro está, de lo que se puede percibir a través de nuestra mirada. Quizás así podemos aislar una perspectiva, podemos aplicar un bisturí a la compleja personalidad de nuestro analizado y deshilachar una hebra que forme parte de tal complejo entramado. Quizás podamos descubrir en la fotografía una mirada, una expresión profunda que se nos escapa en el natural, confundida dentro de la complejidad. Quizás los instantes expresivos están diluidos en un continuo menos diferenciado que nos enmaraña la visión diferencial. Un experimento ilustrativo de este fenómeno se puede llevar a cabo fácilmente “congelando” las imágenes de los personajes de un film. Nuestras “muestras” pueden resultar expresivas, indiferentes o incluso ridículas (con la posible excepción de Shirley McLaine en The Apartment; congeles donde congeles encuentras imágenes de una expresividad escalofriante). El interés que describía al principio quizás también se base en el deseo de prolongar indefinidamente la aprehensión de la perspectiva recién diseccionada. Esto sucede a veces en un proceso muy temporal y difícil de “congelar” como en la interpretación musical. Basta que un intérprete musical mediocre quiera prolongar un momento particularmente bello (en lo que respecta a timbre, armonía o expresividad) para que lo haga insoportable. En una lejana ocasión ya traté el tema de la fotografía en blanco y negro, en donde los rostros se nos aparecen infinitamente más expresivos que en la fotografía en color, hecho que atribuía al mayor abaissement du niveau de conscience que permitía a su vez una mayor participación transmental en la aprehensión. Lo verdaderamente importante e integrador es que, una vez diseccionada y observada la perspectiva congelada, podamos volver a restituir este aspecto en el todo complejo que es la persona que tenemos al lado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...


Hola Carles:
Planteas varias cosas en esta interesante entrada. POr una parte, el tema de la "congelación" de la imagen; por otra, el blanco y negro. Sobre el blanco y negro, podríamos añadir que (en una fotografía, una película, un dibujo)la eliminación del color equivale a un nivel de abstracción muy alto, situando la figuración en una categoría casi, o del todo, mítica. Alguna vez hemos hablado sobre esto, si no recuerdo mal.Las películas en blanco y negro confieren al tema más banal una prestancia de carga simbólica; una pared en un suburbio se convierte en "la pared" de todos los suburbios, ya que no hay detalles que la hagan verdaderamente reconocible.
Lo que comentas del instante congelado es lo que queda muy manifiesto en la fotografía artística, en la que por muy trabajado y preparado que esté el sujeto o tema, por muy estudiado y manipulado el resultado, siempre nos ofrecerá lo mismo: el instante.Ya es algo muy valioso; pero, sin embargo, como tú
observas, tal vez necesitamos muchos de esos instantes para obtener la complejidad del personaje.En un retrato de Goya,(por no movernos de la figuración , aunque podríamos hablar también de Vermeer, Hals o Rembrant) se nos da una visión elaborada a partir de muchas observaciones, en la que la mano del artista traza, modifica, apunta, apoya, buscando todos los matices de una realidad que nunca es la misma; con eso lo que nos ofrece es complejidad, y aunque la pintura queda fija y silenciosa, ese latido que el pintor ha puesto, tanto con la mirada como con el gesto,es lo que le confiere esa calidad viviente.
En fin, podríamos seguir, pero, como decía Leonardo, "la sopa se enfría".
Un saludo. Rosa.

carles p dijo...

Gracias Rosa, por tus sabias reflexiones sobre color, complejidad y "sopas"

Abrazos
Carles